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La palangana mojigata y la trucha que perdió su bicicleta es su segunda novela
Pepe Ribault, el absurdo como herramienta de resistencia

sábado 12 de octubre de 2024
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Pepe Ribault
Pepe Ribault: “Amasar disparates siempre ha sido mi especialidad”.

La segunda novela del escritor español Pepe Ribault, La palangana mojigata y la trucha que perdió su bicicleta, desafía los límites de la lógica y el sentido común en el escenario vertiginoso de Tontington, una ciudad tan desquiciada como fascinante, donde los miedos colectivos y la manipulación del poder se despliegan en formas grotescas y desbordantes, en una forma de crítica mordaz que convierte este libro, pleno de situaciones disparatadas, en espejo de nuestras propias contradicciones.

A lo largo de su carrera, Ribault ha explorado el humor desde múltiples frentes: como escritor, dibujante, músico y bloguero. Su obra, siempre cargada de ironía y provocación, busca no sólo entretener sino también cuestionar los discursos oficiales y las normas sociales establecidas. En esta conversación, reflexiona sobre el papel del humor absurdo en su literatura, su conexión (o desconexión) con grandes referentes literarios y los desafíos de construir un universo que, pese a su apariencia de desvarío, no deja de resonar con las ansiedades del mundo contemporáneo.

Autor también de la novela El Orinal de las Tinieblas y la madre que parió al alcalde, publicada en primera edición en 2013 y que él considera aun más absurda que la que nos ocupa, su blog Milongas ofrece una muestra del tenor de su trabajo: un humor que no se basa sólo en situaciones, sino en el manejo inteligente de un lenguaje que se rinde dócilmente a sus pies. De cómo ha evolucionado su escritura desde esa primera novela, y de su concepción del humor como una herramienta de resistencia, nos habla en esta entrevista.

 

La palangana mojigata... y la ventaja de los universos ficticios

—En primer lugar tengo que decir que La palangana mojigata y la trucha que perdió su bicicleta es una obra delirante. Una sátira plena de humor absurdo y ambientada en un mundo que parece construido a partir de los excesos y las ironías de la vida cotidiana. ¿Cómo surgió la idea inicial para la trama? ¿Fue una imagen, un personaje, o una situación específica lo que desencadenó el desarrollo de la historia?

—El embrión fue una imagen que conservo desde la infancia, y un sueño. La imagen pertenece a una serie británica que vi de pequeño llamada Dentro del laberinto. Se me quedó grabada una secuencia en la que un grupo de jóvenes se encontraba internándose en un laberinto subterráneo. En cuanto al sueño, contribuyó a perfeccionar algunos aspectos del escenario. En lo que se refiere a la historia en sí, lo que más me ha inspirado (y me sigue inspirando constantemente) ha sido algo que me encuentro a cada paso, y que se llama “estupidez humana”. Es una fuente inagotable de ideas.

—Tontington, con su particular ciclo de estaciones y sus habitantes atrapados por un miedo irracional, es un escenario muy peculiar que refleja tanto lo absurdo como lo reconocible. ¿Qué fue lo que más te atrajo al crear este universo? ¿Cómo defines la relación entre lo absurdo y lo real en la construcción del mundo de la novela?

—Los universos ficticios tienen la ventaja de estar dentro del escritor. En mi caso, me es más fácil actuar como demiurgo que documentarme acerca de los hechos que narran los libros de historia, que por otro lado tratan también sobre un mundo fantástico, aunque estén basados en hechos reales. En cuanto a la relación de lo absurdo con lo real, más bien lo enunciaría como “la relación entre lo absurdo de la novela y lo absurdo de la realidad”. Sólo hay que ver las noticias de la actualidad para ver la absurdez de las acciones humanas. Y cómo no, también es posible ver la acción demiúrgica en la narrativa del periodismo actual, acción que también he querido plasmar en los medios de comunicación que aparecen en la novela.

“La palangana mojigata y la trucha que perdió su bicicleta”, de Pepe Ribault
La palangana mojigata y la trucha que perdió su bicicleta, de Pepe Ribault (2024). Disponible en Amazon

—Los personajes de tu novela, como Jiro Andalong o el alcalde Gartunkel, no sólo habitan un mundo absurdo, sino que parecen ser reflejos exagerados de actitudes humanas muy reales. ¿Cómo abordas la creación de tus personajes? ¿Qué elementos buscas resaltar a través de ellos y qué papel juega el humor en su caracterización?

—Los personajes nacen por la necesidad de expresar una idea concreta. Sirven a mis fines, trabajan para mí. Lo cierto es que no tengo mucha piedad con ellos, pues les hago hacer y decir las mayores estupideces, pero este humor es una necesidad: no concibo un mundo que, además de ser absolutamente absurdo, carezca de comicidad y humor. Para escribir acerca de un mundo así, lo mejor es hacerse periodista o historiador. Mis personajes deben reflejar aspectos reconocibles en nuestra propia naturaleza. Aspectos no siempre agradables de ver, sobre todo dentro de nosotros mismos. El humor sirve, entre otras cosas, para paliar esta incomodidad.

—Las moscas elefante, con su letal y grotesca influencia sobre Tontington, son una clara alegoría del miedo inducido y la manipulación del poder. ¿Cómo surgió este concepto? ¿Qué buscabas reflejar o criticar a través de esta metáfora y cómo crees que contribuye a la atmósfera general de la novela?

—Es un hecho más que comprobado que una población es más dócil cuando gran parte de la misma es víctima del miedo. El “pan y circo” es un buen recurso para gobernar, pero el miedo es mucho más poderoso. Es fácil verlo en las noticias actuales: ¿cuántas de ellas nos hablan de amenazas inminentes? Innumerables. Eso mismo representan las moscas elefante. En ese sentido, incluso el protagonista siente ese miedo. Hasta que la evidencia de la falsedad no es total, sus dudas están presentes, a pesar de sus sospechas. En ese sentido, me gustaría que el lector sintiera esa misma preocupación y se preguntara: “¿Y si al final es verdad lo que dice el periódico?”. En cuanto a las moscas en sí, quise crear un elemento lo más ridículo posible para poner de manifiesto la magnitud de la credulidad de los tontingtonienses.

 

La lista negra de autores de Pepe Ribault

—Tu estilo narrativo, que incluye un uso frecuente del sarcasmo, juegos de palabras y un narrador que se burla de sí mismo y de sus personajes, desafía las convenciones literarias tradicionales. Leyendo textos tuyos disponibles, por ejemplo, en tu blog, uno se da cuenta de que se trata de una actitud creativa que en ti es constante. Ahora bien, no es lo mismo escribir un post para tu blog que una novela con estas características. ¿Hubo algún reto particular al mantener la coherencia narrativa dentro de un estilo tan libre y experimental?

—Puede parecer complejo mantener la coherencia cuando el texto está saturado de “travesuras idiomáticas” y disparidades de todo tipo. En mi caso, es importante no dejarse llevar por estos elementos “subversivos” y no perder el hilo argumental. Cuando los hitos están convenientemente trazados de antemano, sólo es cuestión de unir los puntos, aunque no sea mediante líneas rectas.

—Aunque la novela se desarrolla en un mundo ficticio, hay un trasfondo cultural y social que resulta familiar y crítico. ¿Cuáles son las influencias culturales, literarias o personales que más impactaron en la creación de este contexto? ¿Hay referencias intencionadas a situaciones contemporáneas?

—Al margen de lo dicho sobre el comportamiento humano, puedo decir con orgullo (y arrogancia si hace falta) que ninguna lectura ha influido en el estilo absurdo de mis escritos. En todo caso, algún artículo de periódico (de cualquier tendencia, todas cojean del mismo pie). Por otro lado, algunas veces se compara mi forma de escribir con otros autores que ni siquiera he leído, y que en ese momento pasan a mi lista negra de futuras lecturas, no vaya a ser que deba dejar de jactarme, cual pavo real, de ser poco influenciable. En cuanto a referencias a situaciones actuales, sí las hay de forma genérica, pero ninguna específica.

—Hueris Andalong tiene una presencia constante a través de su legado y el mensaje oculto en su poema, que se convierte en el motor de la búsqueda de Jiro. Podemos decir que representa una figura de resistencia y cuestionamiento frente a las normas establecidas en Tontington. ¿Qué simboliza para ti este personaje? ¿Hay algo de Hueris que refleja tus propias experiencias o visiones sobre la necesidad de cuestionar lo establecido?

—Hueris representa para mí el inconformismo con los relatos oficiales del “establecimiento”, tanto en su forma de actuar como en el trato que recibe por parte del sistema corrupto que la rodea. He querido verter en ella, no ya vivencias o convicciones personales, pues soy de los que procuran “no meterse en política”, sino el símbolo de una pequeña parte de la sociedad que decide manifestarse en contra de lo que la mayoría acepta como válido o políticamente correcto. Sirve así como necesaria destinataria de las iras y los golpes de las autoridades, así como de las enfurecidas turbas conformistas.

—Yo veo en La palangana mojigata y la trucha que perdió su bicicleta ecos de Lewis Carroll con su lógica ilógica, Franz Kafka con su opresiva burocracia y sus sistemas incomprensibles, Miguel de Cervantes con su uso del humor y la parodia para cuestionar la realidad, y Boris Vian con sus relatos desenfrenados y cargados de sátira. Pero ese soy yo. Me gustaría, en cambio, que tú me dijeras qué influencias han moldeado tu escritura.

—Bueno, ya tengo más autores para mi lista negra. Aunque es tarde en algunos casos, porque Alicia, la cucaracha y el ingenioso hidalgo ya están en mi arsenal. Sin embargo, puedo decir que ninguna de estas obras, al menos de forma consciente, me ha influenciado a la hora de escribir (aunque las haya disfrutado). Creo que si buscamos influencias en mi estilo, quizá habría que mirar fuera de la literatura. En el tono humorístico y absurdo, probablemente me haya influido más un diálogo en una película de los hermanos Marx o un artículo en un periódico que unas aventuras en el País de las Maravillas. En cuanto a mi narrativa, probablemente esté más influenciada por Coppola o Kurosawa que por Dickens o Dumas.

 

“Hoy día todo el mundo se siente ofendido por algo”

—Tienes una novela anterior, El Orinal de las Tinieblas y la madre que parió al alcalde, que fiel a tu estilo calificas como un “amasijo de disparates”. ¿Cómo ha sido tu evolución como escritor desde tu primera novela hasta esta? ¿Qué aprendiste de la recepción de tu primer libro que aplicaste en la creación del segundo?

—Amasar disparates siempre ha sido mi especialidad. La motivación para escribir El Orinal de las Tinieblas fue la necesidad de expresar por escrito algo que a mi modo de ver (y gracias a Dios) no estaba todavía expresado sobre papel. El resultado fue la obra más absurda que pude llegar a concebir (quizá un poco más ya habría sido delito). En este caso concreto no pensé en el lector en ningún momento, lo cual es bueno por un lado, pero por otro lado es todavía mejor. El resultado fue una novela ilegible para una mayoría de personas, pero extremadamente divertida para una minoría con un sentido del humor lo suficientemente disparatado. Para La palangana mojigata decidí cambiar ese enfoque y pensar un poco más en el lector medio. La obligatoria tarea de escribir el “orinal” ya estaba cumplida, con lo que ya era libre para dedicarme a escribir algo más benévolo. ¿O podría decir “algo más comercial”? Quizá sí. Pero sin abandonar en ningún momento la esencia que me impulsa a aporrear el teclado: el humor absurdo llevado a su máxima expresión. Simplemente levanté un poco el pie del acelerador y di mucha más importancia a la trama y al mensaje. Aun así, creo que una mente abierta y un gran sentido del humor siguen siendo requisitos indispensables para acometer la lectura de La palangana mojigata.

—En una comunicación previa nos comentaste que desde muy pequeño has sentido una inclinación hacia el humor, algo que ha marcado tanto tu carrera profesional como tu vida personal. ¿Qué significa para ti el humor como herramienta creativa? ¿Crees que hay límites en su uso, especialmente cuando se trata de temas más sensibles o complejos?

—Uno de los problemas de la sociedad actual es la falta de sentido del humor. Hoy día todo el mundo se siente ofendido por algo. Y cualquier cosa, por inocente y genérica que sea, encontrará un resorte que activará un fuerte sentimiento de agravio en alguna que otra persona. Creo que el humor está muy relegado, no sólo en la literatura, sino en casi todos los ámbitos de la vida. El solo hecho de usar el humor es visto incluso como una falta de respeto en muchos contextos. Discrepo completamente de esta visión. No hay situación donde no se pueda (y deba) usar cierta dosis de humor. El problema es que nos sentimos tan importantes, tan imprescindibles, tan responsables, tan relevantes, tan dignos e influyentes, que debemos tomarnos las cosas con la más seria de las seriedades. Sin darnos cuenta de que esa actitud precisa es ya extremadamente cómica. Sólo hay que ver a los políticos y dirigentes de todo el mundo: utilizan, desde las alturas, grandes palabras y cuidadas expresiones para decir las estupideces más inverosímiles que la mente humana es capaz de imaginar. La realidad es que no hay nada que haga el ser humano que tenga la más mínima importancia, o la más mínima relevancia fuera de nuestra especie. No hay obra alguna que tenga trascendencia alguna más allá de la pequeña mota de polvo espacial que habitamos. ¿Qué pasaría si el ser humano desapareciera por completo junto con todas sus obras mañana a las tres menos cuarto de la tarde? Absolutamente nada. El universo no implosionaría, ninguna galaxia se inmutaría lo más mínimo, ningún planeta se volvería cuadrado, ningún ser vivo entraría en depresión y la Tierra seguiría con su órbita como si nada. El problema es que nuestro punto de vista también es extremadamente diminuto. Somos pequeñas bacterias con caras muy serias que nos emocionamos al ver lo que hacemos y lo que hacen otras bacterias con caras muy serias. En cuanto al alcance del humor, creo que cada humorista debería ser honesto y establecer sus propios límites, teniendo siempre en cuenta la máxima que dice que las palabras expresadas deben ser siempre mejores que el silencio. El humor debe usarse para construir algo positivo, y por qué no, para destruir algo negativo. Pero lo positivo o negativo, el bien y el mal, son conceptos subjetivos. Siempre podemos echar mano del sentido común y la honestidad, aunque estos recursos siguen siendo subjetivos. También hay que tener en cuenta que las palabras son sólo palabras, los chistes son sólo chistes. Al final, sentirse ofendido por palabras o chistes es siempre elección del lector (u oyente), no del humorista.

—Además de escritor, has sido funcionario, blogger y creador en otros ámbitos como la música y el dibujo. ¿Cómo influyen estas experiencias en tu trabajo literario? ¿Crees que tu vida profesional como funcionario ha aportado una perspectiva particular a tus relatos?

—La escritura es el ámbito que me proporciona una mejor forma de expresión, pues me otorga grandes poderes creativos. Todas mis creaciones artísticas en las distintas disciplinas beben de la misma fuente en cuanto al humor, sin que interfieran entre ellas. Algún día la ciencia estudiará mi cerebro para ver de qué tipo de neuroalmorrana salen todas estas cosas que escribo. A su vez, es probablemente ser funcionario lo que nutre y ensancha dicho apéndice cerebral misterioso, sobre todo por el aburrimiento asociado a mi actividad profesional.

—En tu biografía, mencionas que escribiste porque sentías que el mundo necesitaba una dosis de absurdo. ¿Cómo ves tu lugar dentro del panorama literario actual? ¿Qué te gustaría explorar en futuros proyectos y qué papel crees que el humor jugará en ellos?

—No tengo muy claro que forme parte del panorama literario actual, sinceramente. Soy un señor que escribe cosas de risa, poco más. Quizá debería escribir novelas de vampiros enamorados de una elfa de los bosques, pero entonces me subiría el colesterol (el malo). En cuanto a futuros trabajos, tengo en mente un proyecto bastante ambicioso. La escritura de mis dos primeras novelas me ha aportado la experiencia y la seguridad suficientes como para encarar esta nueva empresa. Será una historia muy grande que probablemente no podrá contarse en un solo libro. Deberé echar mano de una saga, cuya extensión no puedo precisar ahora mismo. Si consigo plasmar todo lo que se está agolpando en mi cabeza, crearé algo grande, no sólo en extensión. Porque, huelga decirlo, mi cabeza es algo grande, no sólo en extensión. Por supuesto, el humor absurdo seguirá siendo central (no podría ser de otra manera), ya que no me siento especialmente motivado a escribir textos “serios”. No me apetece nada salir de mi zona de confort, que es una zona muy absurda, pero muy confortable.

Jorge Gómez Jiménez

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