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Espejo de monos alumbrados, mito y delirio para describir al ser humano
José Siles resiste con su poesía sin renunciar al hedonismo

viernes 11 de julio de 2025
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José Siles
José Siles: “La narratividad en Espejo de monos alumbrados permite conectar lo íntimo con lo colectivo y amplía el alcance del poema para que sea, a la vez, testimonio, memoria y acto de insumisión frente a las ideas establecidas”.

Con una obra que transita con soltura entre la narrativa, el ensayo académico y la poesía, José Siles presenta ahora Espejo de monos alumbrados, un poemario ambicioso, lúdico y profundamente filosófico, que retoma el pulso existencialista de sus libros anteriores para llevarlo a un plano simbólico y corrosivo. En sus páginas, el autor construye una metáfora total de la condición humana contemporánea —el “mono alumbrado”—, figura tragicómica que encarna tanto la lucidez como el desvarío de una especie atrapada entre la tecnología, el pensamiento posmoderno y la ilusión de trascendencia.

Desde su posición como catedrático universitario, pero también como antiguo enfermero, narrador y lector omnívoro, Siles lleva la poesía por caminos inusuales: fusiona la erudición con el humor, el lirismo con la sátira, la cultura clásica con los fantasmas del presente. En este nuevo libro, dividido en cinco partes que dialogan entre sí como movimientos de una sinfonía, el autor renueva su interés por temas como la muerte, el tiempo, la verdad y el poder, sin renunciar a un lenguaje cargado de imágenes, referencias y giros irónicos que lo hacen inconfundible.

En esta conversación, nuestro autor nos cuenta no sólo del proceso de escritura de Espejo de monos alumbrados, sino también de las motivaciones personales que lo sostienen, de la arquitectura interna del libro y de su modo particular de concebir la poesía: como un acto de resistencia, de conocimiento y de redención.

 

Espejo de monos alumbrados, rebeldía estética e intelectual

En el núcleo de este nuevo poemario se aprecia una sensación de urgencia reflexiva, como si la escritura respondiera a una necesidad de poner en palabras un malestar existencial. ¿Puedes hablarnos de cómo nació Espejo de monos alumbrados?

En este sentido, el poemario nace de la búsqueda de respuestas ante la desolación contemporánea, la tecnología y la deshumanización, reflejando una lucha interna por encontrar sentido en medio del caos y la disidencia. El “mono alumbrado” en su periplo desde el estado salvaje o natural a lo que denominamos civilización tiene que afrontar un dilema: elegir entre la libertad sin controles de la vida espoleada por el imperio del deseo y mantenerse fiel a su naturaleza original y salvaje, o, por el contrario, evolucionar hasta transformarse en un ser civilizado cuyas necesidades y deseos están limitados por creencias, normas, tabúes que acaban “puliendo” su naturaleza para ajustarla a una realidad cultural donde prima la convivencia y cierto grado de refinamiento respecto a su origen puramente animal (este tema ya lo he tratado en otros poemarios, como El desamparo del tabú en flor). A pesar de la tecnología, las redes sociales, las ideologías, las religiones y la globalización, estoy de acuerdo con Freud en lo que manifiesta en El malestar de la cultura: el mono civilizado sufre de un antagonismo fundamental entre las pulsiones humanas —especialmente la pulsión sexual (Eros) y la pulsión de muerte (Thanatos)— y las restricciones que la cultura impone para garantizar la armonía social. Partiendo de este peaje que hay que pagar por ser “civilizados”, el mono se convierte en una metáfora central: un ser que, iluminado por sustancias alucinógenas y por la imaginación, intenta infructuosamente encontrar armonía y significado en un mundo que lo supera. La escritura surge, por tanto, como un acto de resistencia y exploración, donde cada poema abre una puerta a la introspección y a la reflexión sobre la condición humana, la soledad y la búsqueda de la verdad en un contexto donde la necesidad de adaptación cultural y social impone un precio a la naturaleza original del ser humano (mono alumbrado).

En esta dinámica evolutiva, el poemario presenta al primate como un ser “bípedo e iluminado por hongos alucinógenos” cuya conciencia alterada le permite erigirse en “rey de la tierra” y autoetiquetarse como “racional” con pretensiones de pensador griego. Esta imagen —contaminada ya de narcisismo— satiriza la arrogancia humana (la hybris, presente en todas las tragedias griegas) como causa de todos los desastres sufridos por la humanidad, cuestionando el progreso civilizatorio y la supuesta racionalidad de la especie, que coexiste con un sustrato de caos primigenio. Los monos alumbrados (parafraseando a Raúl Zurita y cambiando el término raza por el de especie) constituyen una especie de asesinos condenada a construir el paraíso; es decir, por un lado, se arroga (con una soberbia superlativa) la capacidad de fabricar un edén paradisiaco, ideal, y, por otro, demuestra de lo que es realmente capaz en el transcurso de dicho proceso: cometer cualquier atrocidad, crimen, crueldad, porque el fin —el edén— justifica los medios empleados para alcanzarlo. En nombre de esta dialéctica: fines-medios, se han cometido los mayores crímenes de la humanidad.

El tono reflexivo surge al contrastar la grandilocuencia cultural con la fragilidad de una existencia aún ligada a impulsos irracionales que demuestran la impotencia del mono alumbrado para superar esa dicotomía entre el imperio del deseo atávico y su tradicional aspiración a vivir civilizadamente. La teoría del “mono dopado” (o “alumbrado”) que Terence McKenna desarrolla en su obra La comida de los dioses, funciona como eje estructural y simbólico en Espejo de monos alumbrados, articulando tanto la génesis del poemario como su tono reflexivo, donde el “mono alumbrado”, al mirarse en el espejo (dispositivo que refleja tanto sus miserias como sus virtudes), debería ser capaz de concienciarse de su auténtica realidad... una realidad limitada por su naturaleza.

Creo, en definitiva, que la principal característica de este poemario radica en mostrar la poesía como un espejo, espacio reflectante donde coexisten la lucidez y el desvarío, la rebeldía y la impotencia, configurando un tono que oscila entre la sátira corrosiva y la meditación sobre los límites del sentido.

 

“Espejo de monos alumbrados”, de José Siles
Espejo de monos alumbrados, de José Siles (Vitruvio, 2025). Disponible en la web de Librería General

Aunque en tus obras anteriores ya habías explorado algunos de estos temas, aquí hay una presencia más marcada de lo simbólico, del mito, del delirio incluso. ¿Qué quiere decirle José Siles al lector en este libro?

Espejo de monos alumbrados tal vez se justifique por la necesidad de transmitir al lector una visión profundamente crítica y reflexiva sobre la condición humana contemporánea utilizando lo simbólico, el mito y el delirio como herramientas con las cuales explorar los límites de la existencia para, desde esa atalaya, reinterpretar el significado de la vida. A diferencia de otros poemarios anteriores, en Espejo de monos alumbrados la presencia de criaturas míticas, escenarios legendarios y símbolos delirantes no constituye exclusivamente un recurso estético, sino el núcleo desde el que se articula una reflexión sobre el desasosiego, la soledad y la búsqueda incesante de respuestas en un mundo marcado por la desolación y la tecnología, donde se propone al lector un viaje a través de universos imaginarios donde los “monos alumbrados” representan la evolución y la decadencia del ser humano, atrapado entre la lucidez y el delirio, la aspiración al cumplimiento de deseos atávicos y la impotencia. Utilizo, pues, el mito y la fábula para desnudar la realidad y mostrar el vacío existencial, la deshumanización y el desencanto que caracterizan el naciente posmodernismo donde tanto la experiencia como la identidad son devorados por la relatividad.

Creo que el mito no es sólo un ornamento literario, sino una herramienta para abrir puertas a la reflexión sobre la vida, la muerte y el destino. Las criaturas míticas —lo vemos en la literatura clásica, especialmente en las tragedias griegas— han sufrido el engreimiento (hybris) y el narcisismo que han orientando sus deseos más allá de sus posibilidades y transgrediendo los límites de su naturaleza cayendo en conductas delirantes (comportamientos espoleados por una convicción absolutamente ilógica mediante la que el mono alumbrado aspira a algo imposible, irreal e incompatible con la racionalidad), aspirando, por ejemplo, a la inmortalidad, la eterna juventud o a cualquier potestad divina totalmente fuera de su alcance: Agamenón, Prometeo, Sísifo, Aquiles, Ícaro, etc. Este fenómeno revela la persistencia de la profunda impotencia que sigue anidando en la mentalidad de los seres humanos... y no deja de ser algo trágico, ridículo y, a su vez, cómico: ¿acaso no resulta hilarante que pretendan salvar al planeta quienes no tienen capacidad para redimirse a sí mismos ni para evitar la autoaniquilación?

El mito, en definitiva, facilita, en un viaje a las raíces más profundas donde se arraigó la humanidad, trascender la realidad inmediata y explorar territorios de la imaginación donde se confrontan la esperanza y el desencanto, la búsqueda de armonía y la aceptación de la impotencia. En definitiva, Espejo de monos alumbrados es una invitación al lector para que se reconozca en ese espejo de criaturas delirantes y símbolos inquietantes, y que, a través de la reflexión poética, se atreva a confrontar sus propias dudas, miedos y anhelos. El poemario es una invitación a la introspección y a la insumisión, a mirar más allá de las apariencias y a explorar, desde la imaginación y el delirio, los territorios desconocidos del alma y del tiempo.

 

En una conversación previa nos comentaste que para escribir este poemario te enfocaste en la necesidad de rebelarte contra una realidad que percibes como domesticadora y regida por “ideas de cartón piedra”. ¿Hasta qué punto Espejo de monos alumbrados puede leerse como una forma de resistencia poética?

La poesía como recurso para redimirse o resistir la presión (cultural, política, estética o económica) ha sido empleada por innumerables autores: Ana Blandiana, Mario Benedetti, Miguel Hernández, Juan Gelman, André Cruchaga, Paul Éluard, Louis Aragon, etc. Todos ellos, y muchos otros, reflejan una realidad incontestable: la poesía ha sido y es una poderosa forma de resistencia frente a la opresión, la injusticia y el olvido. Pero hay muchas formas de resistencia y, tal vez, la resistencia que adopto en Espejo de monos alumbrados tiene más que ver con la obra de José María Álvarez, quien concibe la poesía como un acto de resistencia radical frente al mundo contemporáneo, entendido como caótico, mediocre y dominado por el conformismo y la degradación de los valores culturales. Álvarez, a través de su obra refractaria al fanatismo y las modas, ejerce una resistencia transversal: estética y ética, transformadora y civilizadora sin renunciar al hedonismo.

Creo que el mero hecho de reflexionar sobre la realidad sin un andamiaje ortopédico y soltando el lastre del dogmatismo cultural e ideológico, constituye una acción transformadora y vital que, pulverizando la pasividad o la autocomplacencia, te ofrece la posibilidad (sólo es una posibilidad, no una panacea) de salirte de una vida sumida en el mecanicismo, donde todo es pura rutina y hasta el movimiento más insignificante obedece a una tendencia ideológica, estética o social marcada por las redes sociales o los medios, donde no tienen lugar cuestiones existenciales como la aspiración a la libertad, la verdad, la belleza y la individualidad.

En este sentido, el poemario, según Francisco Javier Díez de Revenga (con el que coincido plenamente), se construye como un todo de reflexión irredenta, donde la insumisión domina sobre lo establecido y los poemas conforman versos insurrectos que buscan revolucionar ideas y provocar rebeliones. A través de símbolos, criaturas míticas y escenarios de leyenda, en Espejo de monos alumbrados se observa un constante desafío a los límites de una existencia cohibida por el desasosiego, la deshumanización y la tecnología. La poesía, pues, funciona como herramienta para denunciar la superficialidad, las falacias y los engaños de la sociedad contemporánea. El libro no sólo explora el caos y la soledad, sino que también combate la resignación y la pasividad, invitando al lector a cuestionar las estructuras impuestas y a buscar autenticidades en medio de la opacidad crepuscular y el desencanto.

Asimismo, el poemario es un acto de rebeldía estética e intelectual: cada poema abre una puerta de reflexión y busca soluciones interiores frente a la realidad impuesta, mostrando que la poesía puede ser un espacio de libertad, insumisión y búsqueda de sentido en tiempos baldíos. El poemario se construye como un “todo de reflexión irredenta”, en el que cada poema abre una puerta a la introspección y a la crítica de una realidad marcada por la desolación, denunciando, a través de sus versos y de figuras como los “monos alumbrados”, la pérdida de autenticidad y la alienación del ser humano moderno, y mostrando la incapacidad de preservar la dignidad y encontrar significado en un mundo regido por falacias, engaños y una historia plagada de violencia y penumbra.

 

José Siles, tras el sentido de la existencia

El libro está dividido en cinco secciones que funcionan casi como movimientos de una sinfonía. ¿Fue concebido desde el principio como un libro estructurado en partes, o esa arquitectura se impuso después, al organizar los textos?

En el prólogo, Francisco Javier Díez de Revenga subraya cómo la multiplicidad de universos, criaturas míticas y símbolos se integra en una arquitectura poética que permite la exploración de la vida, la muerte y el destino, pero deja entrever que esta cohesión pudo haberse consolidado en el proceso de organización y selección de los textos, más que como un plan previo y cerrado. Así, la arquitectura en partes puede haber surgido como una necesidad de dar unidad y ritmo al conjunto, permitiendo que cada sección funcione como un movimiento dentro de la sinfonía poética, en diálogo y contraste con las demás. Las cinco secciones que integran el poemario son “Espejo de monos alumbrados”, “Manadero de místicos mántricos”, “Griegos, sí aún tenéis memoria de lo que fuisteis: ¡saltad!”, “Sinfonía de hachas y hogueras: versos de alumbrados ajusticiados” y “Tomando ron bajo las estrellas en la popa del Líricus”.

Estoy totalmente de acuerdo con el prologuista cuando sostiene que el diseño de Espejo de monos alumbrados sugiere una estructura armónica y orgánica, pero no tuve la certidumbre ni la intencionalidad de su vertebración en cinco capítulos desde el principio. Tal vez la diversidad estilística, junto con la diversidad temática, me indujeran a ir conformando los diferentes apartados en bloques temáticos y estéticos emparentados por niveles de homogeneidad (sobre todo temática). En definitiva, la unidad y la organización del poemario se fueron consolidando a medida que los poemas y los temas se agrupaban en torno a grandes movimientos internos y universos simbólicos, lo que apunta a que la estructura en cinco secciones surgió y se perfeccionó durante la organización y selección final de los textos, más que como un esquema rígido concebido desde el principio.

Sí destacaría que la diversidad estilística y temática de los poemas, unidos con ánimo de “cohesión total”, confieren al poemario un “todo de reflexión irredenta”, donde cada poema, con diferentes claves, abre una puerta a la introspección, el autoconocimiento y la búsqueda de sentido.

 

El poema largo sobre Hannah Arendt y Heidegger, o los que recrean la ejecución de personajes históricos, tienen un tono narrativo muy marcado. ¿Qué papel juega la narratividad en tu concepción de lo poético?

Desde mi punto de vista, la narratividad en Espejo de monos alumbrados cumple un papel fundamental en la concepción de lo poético, especialmente en poemas largos como el dedicado a Hannah Arendt y Heidegger, o aquellos que recrean ejecuciones de personajes históricos. El prólogo del libro subraya la presencia de un diálogo inagotable con figuras históricas, literarias y filosóficas, y que la historia y sus personajes —la “negra historia de una Europa mártir”, la guerra, la muerte— comparecen en el poemario para alimentar la reflexión y la crítica. Esta dimensión narrativa permite que la poesía trascienda la mera expresión lírica y se convierta en un espacio para reconstruir, reinterpretar y cuestionar episodios históricos y existenciales. La narratividad dota a los poemas de una estructura que facilita el desarrollo de escenas, personajes y conflictos, abriendo puertas a la meditación y a la denuncia. Así, en Espejo de monos alumbrados no sólo se busca la belleza formal o puramente estética, sino que utiliza el relato y la evocación de acontecimientos históricos para explorar el sentido de la vida, la identidad y el destino humano.

En Espejo de monos alumbrados, la presencia de poemas de tono narrativo —como los dedicados a figuras históricas o a episodios de la memoria colectiva— responde a la necesidad de abrir la poesía a la historia, a los mitos y a la experiencia humana en toda su complejidad. La narratividad dota al poema de una estructura que facilita el desarrollo de escenas, personajes y conflictos, lo que amplía el horizonte evocador y permite conectar lo íntimo con lo colectivo. Así, lo poético no se limita a la introspección, sino que se convierte en un vehículo para explorar, mediante eventos históricos, la identidad y el destino, a través de relatos que dialogan con el pasado y la historia, y que denuncian la violencia, la alienación y las ideas vacías que han domesticado la realidad provocando auténticas calamidades.

Por ejemplo, la narratividad en el poema “Oda al dasein pasional” es un homenaje a la intensidad del ser humano, a la búsqueda de sentido y a la capacidad de amar incluso en medio de la contradicción y el dolor. Hanna Arendt y Martin Heidegger encarnan, en su relación, la tensión entre la pasión y la razón, entre el deseo y la imposibilidad, entre la vida y la filosofía. El dasein pasional podría entenderse como la existencia vivida con plenitud y deseo, abierta a la experiencia del otro y a la búsqueda de sentido, incluso en medio del dolor y la imposibilidad. En el poema, se retrata el amor entre Heidegger y Arendt como un encuentro de almas sedientas de trascendencia, un amor “mágico y tabú” que sobrevive a pesar de las diferencias y los contextos históricos adversos (el antisemitismo de Heidegger, la identidad judía de Arendt, el ascenso del nazismo).

En suma, la narratividad en la poesía de Espejo de monos alumbrados constituye una herramienta de resistencia y reflexión: permite conectar lo íntimo con lo colectivo, lo simbólico con lo concreto, y amplía el alcance del poema para que sea, a la vez, testimonio, memoria y acto de insumisión frente a las ideas establecidas.

 

Desde lo formal, se aprecia una variedad de registros muy notable: versos largos, humorísticas letanías, momentos líricos e íntimos. ¿Qué criterios rigen tu decisión sobre el tono y el ritmo de cada poema? ¿Hay alguna búsqueda deliberada de desestructurar las formas tradicionales?

La variedad formal de Espejo de monos alumbrados —versos largos, letanías humorísticas, momentos líricos e íntimos— responde, más que a una planificación sistemática y deliberada de innovación, a una necesidad de trascender los límites que aprisionan la libertad expresiva recurriendo de forma tan natural como el respirar a la insumisión frente a las formas tradicionales. Ya en el prólogo, Díez de Revenga sostiene que se construye el poemario como un “todo de reflexión irredenta”, donde la insumisión domina sobre lo establecido y los poemas conforman “versos insurrectos” que buscan revolucionar ideas y provocar rebeliones.

El tono y el ritmo de cada poema se determinan por lo que demanda su propia naturaleza; es decir, por la intensidad de la reflexión, el universo simbólico que se explora y la necesidad de encontrar la forma más adecuada para expresar el desasosiego, la ironía o la introspección que atraviesan el texto. La elección formal, pues, se adapta al contenido: los versos largos permiten desarrollar ideas complejas y universos imaginativos de forma más narrativa, mientras que las letanías humorísticas o los pasajes líricos responden a momentos de mayor ligereza, ironía o intimidad que requieren niveles mayores de desparpajo o espontaneidad.

Más que una voluntad clara de desestructurar las formas tradicionales, el poema se construye partiendo de la necesidad de abrirse a estructuras diversas que permitan mayor libertad y autenticidad en la expresión. Esta desestructuración no implica caos, sino una cohesión interna que surge de la multiplicidad de estilos y voces, integrando lo mítico, lo narrativo y lo simbólico en un entramado poético propio. En definitiva, la variedad formal y la flexibilidad en el tono y el ritmo, más que surgir de una estrategia consciente de resistencia poética, que busca desafiar las convenciones y explorar nuevas posibilidades expresivas para abordar la complejidad del mundo y la condición humana, responden a una simbiosis entre la necesidad de liberación que exige la purga de dogmas y ortopedias estéticas, por un lado, y a una febril intuición creativa, por otro.

La elección entre un tono humorístico o lírico para cada poema depende, ante todo, de la naturaleza del tema tratado y de la emoción o reflexión que se quiere provocar en el lector. En Espejo de monos alumbrados, se aprecia una notable variedad de registros formales y tonales, y el prólogo destaca que cada poema “abre una puerta de reflexión sobre una incidencia que es vida y progreso de soledad, de introspección, que busca en la palabra soluciones adecuadas y propicias para mostrar intensidades personales que han de forjar como conjunto un determinado poema”.

Los criterios para decidir el tono del poema oscilan entre la adecuación al contenido; por ejemplo, si el poema explora el absurdo, la crítica social o la ironía de la existencia, el tono humorístico puede ser más efectivo para subvertir lo establecido y provocar una reacción crítica en el lector ante un panorama caricaturesco. Los poemas sobre los “monos alumbrados y su búsqueda de sentido” utilizan el humor y la sátira para desenmascarar la deshumanización y el vacío contemporáneo. Si el objetivo es ahondar en la introspección, la soledad o el desasosiego, el tono lírico e íntimo permite transmitir con mayor autenticidad la vulnerabilidad y la búsqueda existencial del sujeto poético propiciando la profundidad emocional. En definitiva, la elección del tono no es arbitraria, sino que responde a una búsqueda deliberada de la forma más honesta y eficaz de expresar la experiencia o la idea central de cada texto.

 

“Es necesario profundizar en el fenómeno humano”

Todo libro de poesía es, de alguna manera, un viaje interior que hace el poeta. ¿Escribir estos poemas te ayudó a observarte con mayor claridad?

Voy a intentar responder a esta cuestión con una frase de Virginia Wolf: “No hay necesidad de apresurarse. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo”. Esta afirmación, que parece una perogrullada por su aparente sencillez, representa una paradoja inquietante para el ser humano: su desinterés por el autoconocimiento que se manifiesta en el escaso o nulo tiempo-esfuerzo que empleamos a lo largo de nuestra vida, sumidos en tareas mecánicas y rutinas absorbentes, yendo de un lado para otro como pollo sin cabeza (tal como hacía Chaplin en su mítico film Tiempos modernos). La ausencia de autoconocimiento, por otro lado, tiene enormes repercusiones de tipo práctico en la vida: a la hora de tomar decisiones sobre el rumbo que vamos a tomar, elegir un camino determinado a nivel afectivo, educativo, profesional, etcétera. Lo que quiero decir es que los elementos más motivadores, los sentimientos y emociones, permanecen ocultos en algún rincón oscuro y recóndito fuera del alcance de nuestra conciencia, y todo esto nos predispone a una vida marcada por la alienación.

De forma que sí, el espejo funciona como herramienta de autoconocimiento que refleja nuestra identidad de forma positiva o negativa (según tengamos desarrollado el músculo autocrítico). El uso del término “espejo” como metáfora de autoconciencia y perfección fue muy influyente y se convirtió en un modelo literario conocido como speculum, ampliamente utilizado en la Edad Media como herramienta de autoconocimiento y para transmitir enseñanzas espirituales y morales. El título del poemario, precisamente, tiene sus raíces en la obra de Margarita Porete, una beguina francesa de la segunda mitad del siglo XIII que fue quemada en la hoguera (condenada por el inquisidor general de Francia en tiempos de Felipe el Hermoso) precisamente por escribir Espejo de almas simples, obra mística fundamental del siglo XIII, donde el espejo es sinónimo de fuente de conocimiento. El concepto de “espejo” en la literatura suele simbolizar la búsqueda y el cuestionamiento de la identidad, el desdoblamiento del yo y la representación de la realidad como reflejo, a menudo invertido o fragmentado. El espejo permite al sujeto contemplarse, reconocerse y enfrentarse a su propio doble, lo que puede conducir tanto al autoconocimiento como a la confusión o la alienación en función del nivel de narcisismo encubridor de los rasgos negativos y del que el espejo acaba siendo cómplice. Por otro lado, el espejo es un símbolo ambivalente: puede ser vehículo de verdad y autoperfección, pero también de ilusión y engaño (que se lo digan a Narciso, que se enamora y acaba muriendo al ver su imagen reflejada en un lago, o a Valle-Inclán cuando escribe: los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos dan como imagen el esperpento).

En definitiva, esta búsqueda poética me llevó a explorar mis propias dudas, miedos y anhelos, enfrentando el desasosiego, la soledad y la necesidad de encontrar sentido en medio del caos y la deshumanización contemporánea. La multiplicidad de universos, símbolos y criaturas míticas que pueblan el libro son, en buena medida, reflejo de mi propio proceso de indagación interior y de la confrontación con mis límites y contradicciones. Asimismo, este poemario responde a la necesidad de satisfacer la curiosidad sobre la incidencia que este ejercicio o introspección poética tiene en la clarificación de nuestra propia identidad valorando en qué medida uno es un sujeto más o menos original con dosis significativas de autenticidad, o, por el contrario, es un subproducto más de la presión social y cultural.

 

En uno de tus poemas hablas del “súbito desprecio” al humanismo que convierte a las personas “en juglarescos monos mamados; / sí, en poco más que una tostadora / con resistencia rendida y / provista de unos gramos de inteligencia / tan artificial y estéril como la cicatriz muerta / de una insultante, casi obscena, / reliquia lírica”. ¿Cómo lidias con estos tiempos en que hace eclosión la inteligencia artificial? ¿Cómo crees que afectará a la literatura?

Lidio con estos tiempos de eclosión de la inteligencia artificial desde una posición crítica y reflexiva, consciente de los riesgos que implica para la condición humana y la literatura. En mi opinión existe un riesgo existencial inherente al avance de la inteligencia artificial. Por ejemplo, la posibilidad de que sistemas autónomos superinteligentes puedan actuar de manera impredecible o dañina, incluso sin intención maliciosa, simplemente por optimizar objetivos mal definidos. Pero, todavía más peliagudo es el riesgo de que la inteligencia artificial acabe imitando al ser humano precisamente en su dimensión más íntima y subjetiva: sentimientos, deseos, emociones, y esto acabe en una tremenda crisis existencial donde nadie, por ejemplo, será capaz de diferenciar un poema escrito por un ser humano de otro escrito por un artefacto provisto de inteligencia artificial.

En el poema citado, denuncio el “súbito desprecio” al humanismo y la transformación de las personas en “juglarescos monos mamados”, reducidas a “poco más que una tostadora / con resistencia rendida y / provista de unos gramos de inteligencia / tan artificial y estéril como la cicatriz muerta / de una insultante, casi obscena, / reliquia lírica”. Esta imagen evidencia mi preocupación por la deshumanización y la banalización de la experiencia humana en una era dominada por la tecnología y la inteligencia artificial. Veo la inteligencia artificial como un fenómeno que puede contribuir al vaciamiento de sentido, a la pérdida de autenticidad y a la conversión de la creatividad en un proceso mecánico y estéril. La literatura, en este contexto, corre el riesgo de convertirse en una “reliquia narrativa o lírica” sin vida, si se deja arrastrar por la lógica de la automatización y la superficialidad tecnológica. Sin embargo, esta crítica también es una invitación a resistir: a reivindicar la palabra poética, la introspección y la búsqueda de sentido como actos insumisos frente a la domesticación de la realidad por discursos tecnológicos y utilitaristas. Estimo que la inteligencia artificial supone un desafío para la literatura: puede empobrecerla si se limita a la imitación y la repetición, pero también puede ser un estímulo para que los escritores se resistan y no renieguen ni profanen la creatividad. Es necesario en estos momentos, más que nunca, profundizar en el fenómeno humano, en lo simbólico y en la autenticidad de la experiencia, defendiendo la literatura como un espacio de resistencia, reflexión y creación genuina.

Para mantener la autenticidad humana frente a la creciente presencia de la inteligencia artificial en la literatura, es fundamental reivindicar aquellos aspectos que sólo la experiencia, la sensibilidad y la introspección humanas pueden aportar al acto creativo. En el prólogo de Espejo de monos alumbrados se subraya cómo la poesía puede ser transformadora de un planteamiento sincero y crítico desde la insumisión, la reflexión irredenta y la búsqueda de sentido en medio del desasosiego y la deshumanización tecnológica.

 

Además de poesía has publicado varios libros de relatos y de novela. Me gustaría saber cómo evalúas tu evolución en relación con la poesía, y si tienes algún otro libro bajo la manga para el futuro.

Mi evolución literaria ha estado marcada por una búsqueda constante de nuevos registros, lenguajes y formas de expresión, tanto en la poesía como en el relato y la novela. Como señala el prólogo de Espejo de monos alumbrados, mi poesía se caracteriza por una “cohesión global” que integra diversidad estilística y una reflexión irredenta sobre la vida, el destino y la condición humana. En mis libros de relatos y novelas he explorado otros territorios narrativos, pero siempre con la inquietud de indagar en los límites de la experiencia y el lenguaje, y de dialogar con la tradición y la memoria. Me introduje en el mundo literario a través de la prosa con novelas y libros de relatos como La última noche de Erik Bikarbonato (que obtuvo el premio de novela Iruña en Bilbao) y posteriormente le siguieron otras novelas como El latigazo (finalista del premio de novela Ciudad de Barbastro), La venus de Donegal, Kartápolis, La delirante travesía del soldador borracho, La utopía reptante, El hermeneuta insepulto (premio de narrativa corta Ciudad de Villajoyosa), etc.

En relación con la poesía, en la que me inicié con posterioridad, he evolucionado hacia una mayor libertad formal y simbólica, permitiéndome integrar la introspección, la ironía y la crítica social en un entramado poético propio. La poesía me ha dado la posibilidad de profundizar en la complejidad del ser humano y de experimentar con la ambigüedad, el mito y la evocación, aspectos que también han influido en mi narrativa. De manera que la narrativa ha influido de manera significativa en mi evolución poética y literaria, enriqueciendo tanto la estructura como la profundidad de mis poemas. Díez de Revenga sostiene sobre mi poesía que establece “un diálogo inagotable e intenso con sus mentores selectos y preclaros, en sus lecturas predilectas de mil civilizaciones, y poetas, narradores, ensayistas y dramaturgos le van entregando pensamientos que inevitablemente terminará glosando en el poema surgido al pie de la cita”. Esta apertura a la tradición narrativa y a la lectura de grandes narradores ha permitido nutrir mi lírica con relatos, leyendas, mitos e historias, dotando a los poemas de una mayor riqueza simbólica y de una estructura más compleja. Precisamente, la presencia de personajes históricos, episodios narrativos y escenas dramáticas en mis poemas responde a esa influencia de la narrativa, que me ha llevado a explorar la poesía no sólo como expresión lírica, sino también como espacio para el testimonio, la memoria y la reflexión sobre el destino humano. Así, la narratividad ha potenciado mi capacidad de crear universos simbólicos, de desarrollar conflictos y de profundizar en la introspección, permitiendo que cada poema abra “una puerta de reflexión sobre una incidencia que es vida y progreso de soledad, de introspección, que busca en la palabra soluciones adecuadas y propicias para mostrar intensidades personales”.

En definitiva, la narrativa ha ampliado mis recursos expresivos y ha hecho posible que mi poesía dialogue con la historia, la filosofía y la experiencia colectiva, integrando lo mítico y lo contemporáneo en un entramado poético propio. Curiosamente, mi próxima obra es una vuelta a la narrativa con la trilogía Tiempos baldíos, que está a punto de salir publicado. Creo sinceramente que necesitaba este nuevo reencuentro con la prosa.

 

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Librería General .... Libelista

Jorge Gómez Jiménez

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