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Como un eco del ayer

sábado 27 de junio de 2020
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“Orient-Express. El tren de Europa”, de Mauricio Wiesenthal
Orient-Express. El tren de Europa, de Mauricio Wiesenthal (Acantilado, 2020). Disponible en la web de la editorial

Orient-Express. El tren de Europa
Mauricio Wiesenthal
Ensayo
Acantilado
Barcelona (España), 2020
ISBN: 978-84-17902-32-2
384 páginas

Nos adentramos de la mano de Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), autor de libros tan valorados como El esnobismo de las golondrinas o Libro de réquiems, sin olvidar su gran libro sobre Rilke, al que tanto ha admirado, en el mundo de los trenes. Su incansable mirar, su forma de ver el mundo donde la elegancia ha sido un sello de distinción, se plasma en este libro que la editorial Acantilado (en el bello formato que imprime a todos sus libros) ha publicado con el título de Orient-Express, con el subtítulo de El tren de Europa.

Mauricio Wiesenthal ha sido profesor de Historia de la Cultura, conferenciante en muchas universidades, además de diplomático y viajero empedernido. En su mirada late un mundo que ya va desapareciendo; es asombroso el paisaje cultural que nos ha regalado en sus otros libros donde desfilan pintores, escritores, músicos. Para el escritor, la vida está tejida con los hilos de la cultura, ya que ésta, en tiempos tan baldíos como estos, va llenando nuestra vida.

En esa belleza que llevaba inserta la luz del tren muchos seres humanos dejaron su huella en aquel mítico lugar.

El universo de Wiesenthal se nutre de esa luz que han dejado en él; a algunos los ha conocido, otros han quedado impregnados en las letras que ha leído o en los lugares donde han estado; no en vano en Libro de réquiems se hace un viaje iniciático hacia el laberinto de los cementerios, porque todo ser, pese a su grandeza, acaba volviendo a la nada.

En este libro el recuerdo se trenza con el presente, pero lo que late es la melancolía de aquellos trenes que conoció cuando era joven, como en el párrafo que evoca los trenes de la Compañía Internacional de Wagon-Lits, donde nos dice:

Casi todos ellos habían sido construidos en la Belle Époque, que fue el tiempo de esplendor y glamour del Orient-Express.

Nos cuenta cómo era el Orient-Express; mucho más allá de un espacio que le sirvió a Agatha Christie para su famosa novela, era también el lugar donde convivían turcos, indios, funcionarios, maestros, etc. En esa belleza que llevaba inserta la luz del tren muchos seres humanos dejaron su huella en aquel mítico lugar.

Pero también se levanta la voz crítica a un tiempo que ya carece de la distinción de antes, un siglo XXI envenenado por pandemias, malos modos, violencia absurda, personajes mediocres. En Wiesenthal se percibe al hombre que ama otro tiempo; pese a que el siglo XX fue también un siglo atroz, el escritor encuentra perfiles de hombres y mujeres que conservaban la luz en los ojos y al caminar el porte de un mundo aún no mancillado por la estupidez:

Esas mujeres y hombres a los que conocía todavía activos, aguerridos y luchadores en su juventud, ya no están para juzgar la vergüenza de este tiempo irresponsable y ocioso, y pocos se acuerdan de aquellas vidas que fueron a parar a las vías muertas de todo lo que la injusticia va destruyendo.

En el libro podemos asistir al relato sobre reyes, escritores, gente de la moda como Coco Chanel, a la que conoció Wiesenthal y quien le contaba los viajes que había hecho en el famoso tren.

Lejos de toda convencionalidad y de los libros que se publican, Wiesenthal es fiel a su creencia de que la cultura nos cambia para siempre.

En el libro late el recuerdo, la evocación, la mirada a personajes idos que aunque se hayan desdibujado vuelven a recordar ese aroma de desayuno en el tren, de mujeres elegantes que escondían terribles historias de amor.

En ese vagón restaurante en el que se cenaba con un repertorio de música clásica donde uno sentía, al escuchar a Mahler o a Strauss, cómo el tiempo se iba cerrando como los visillos de una habitación al anochecer, mientras el tren nos va dejando las voces aún no dormidas de tantos que durmieron en sus camas y que han sido admirados por su arte.

Lejos de toda convencionalidad y de los libros que se publican, Wiesenthal es fiel a su creencia de que la cultura nos cambia para siempre, y aunque ya casi sólo en la zozobra del tiempo nos regala páginas que huelen a perfume, hojas que parecen árboles caídos ya en el devenir de la vida.

Cuando uno acaba de leer el libro, parece que todos esos personajes han sido nuestros, en un diálogo hermoso con la cultura, que ahora parece quedar arrinconada por los oportunistas y por la tecnología.

Dormimos ya en el paisaje que un gran escritor nos evoca y sentimos también que hemos viajado en el Orient-Express cuando la vida era un acto de delicadeza y la imaginación era más poderosa que la realidad. Aquellos tiempos vuelven de nuevo gracias a un hombre de otro tiempo, Mauricio Wiesenthal.

Pedro García Cueto
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