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En la bella mirada de Aitana Sánchez-Gijón

sábado 26 de junio de 2021
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“Aitana Sánchez-Gijón: cintas y letras”, coordinado por Rafael Bonilla Cerezo
Aitana Sánchez-Gijón: cintas y letras, coordinado por Rafael Bonilla Cerezo (Sial Pigmalión, 2020). Disponible en la web de la editorial

Aitana Sánchez-Gijón: cintas y letras
Rafael Bonilla Cerezo
Ensayo
Sial Pigmalión
Madrid (España), 2020
ISBN: 9788418333323
854 páginas

La editorial Sial Pigmalión, de largo recorrido en el mundo de la poesía y en la narrativa y dirigida por Basilio Rodríguez Cañada, un hombre que ha ido gestando un compromiso con las letras a través de libros de gran calado emocional, ha publicado el libro Aitana Sánchez-Gijón: cintas y letras, con una portada muy curiosa donde aparece la bella actriz española portando en su cabeza metros y metros de celuloide. Nos fijamos en la mirada de la actriz que refleja inteligencia y sensibilidad, como si contemplase a alguien o algo que llenase su atención. El libro ha sido coordinado por Rafael Bonilla Cerezo, investigador del Barroco, prestigioso profesor y una persona prolífica donde las haya.

La idea de la que Bonilla parte es muy audaz y va dando al libro interés y riqueza, es decir, hablar de las películas que Aitana ha hecho basadas en libros.

Con estos mimbres, nos acercamos a un libro muy atractivo y además muy completo; son casi novecientas páginas donde estudiosos de diferentes universidades y también conocidos actores y compañeros de Aitana en el cine escriben textos en homenaje a esta actriz singular, nacida en Roma pero afincada en Madrid desde hace muchos años. Nos cuentan, aunque ya es conocido, que Aitana es un nombre elegido por su padre, el gran traductor Ángel Sánchez-Gijón, porque así se llama la hija de Rafael Alberti, que fue su madrina de bautismo. Todo en Aitana confluye para convertirse en una actriz brillante, su cultura, su belleza, pero también esas dotes que ha ido mostrando en cine, televisión y teatro.

Las palabras de un maestro de nuestro cine, uno de los últimos genios de una época dorada del cine español, José Sacristán, ya nos sitúan en el elenco admirativo que va a tener el libro cuando dice de ella:

Podría ser mejor si… ¡No, no se puede!, Ni mejor compañera. Ni mejor amiga. Ni mejor nada.

La idea de la que Bonilla parte es muy audaz y va dando al libro interés y riqueza, es decir, hablar de las películas que Aitana ha hecho basadas en libros. Esa relación entre literatura y cine cimenta el libro, porque como sabemos es en la palabra escrita donde muchas veces surge la imagen, como un deslumbramiento, es en el texto el notable referente para que de repente veamos una secuencia. Si Thomas Mann escribió La muerte en Venecia sin imaginar que un Luchino Visconti, enamorado de la novela, haría una película, donde las imágenes nos conducían a un paisaje armónico en las aguas ya infestadas de una ciudad que es un adiós inevitable para Aschenbach, en la prodigiosa interpretación de un genio del cine llamado Dirk Bogarde. Por todo ello, la idea cenital del libro es muy acertada y sirve para que profesores e investigadores vayan trazando con línea fina comparaciones entre texto escrito y texto filmado.

Desde la mirada a Jarrapellejos que la investigadora del CSIC, experta en cine, María Teresa Abad García, nos va desvelando, hasta el estudio de Fernando Molero sobre la adaptación cinematográfica y su comparación con la novela de Pérez Reverte La carta esférica. Sería exhaustivo hablar de la densidad del libro, de todas las aportaciones, pero sí me quedo con la cámara que todos ellos ponen delante de Aitana para subrayar su calidad interpretativa; dice Abad García:

La interpretación de Aitana Sánchez-Gijón, pese a no ser la protagonista, captó la atención de la directora Patricia Ferreira…

Porque para Patricia Ferreira la aparición de Aitana deja un recuerdo imborrable en ella, tal es la fuerza que impregna la gran actriz española. Pero también van surgiendo comentarios que alternan con los largos estudios de directores como Fernando Colomo, que dice de ella cuando rodó Bajarse al moro:

Recuerdo su capacidad para arriesgarse en improvisaciones que habrían echado para atrás a muchos actores avezados.

En Aitana late el deseo de arriesgarse y al construir un personaje darlo todo, entregarse a la fuerza que éste tiene, como ha demostrado en el teatro muchas veces. Sería difícil elegir pero la pasión de la actriz en el teatro me parece uno de sus mejores atributos, se entrega al papel como ha hecho tantas veces, como en Las criadas, La rosa tatuada y tantas otras.

El libro es excelente, porque ahonda en muchos aspectos de su cine y de los libros que han dado origen a las películas que ha protagonizado.

Pero también ha dejado su impronta en la televisión, como cuando fue Ana Ozores en La Regenta, dando al papel un tono melancólico y triste que deja huella en el espectador, pero también una sensualidad clásica que le ha caracterizado siempre. Es de esas actrices que podríamos emparentar con las bellas de los años cuarenta, repletas de fuerza y de carisma.

El libro es excelente, porque ahonda en muchos aspectos de su cine y de los libros que han dado origen a las películas que ha protagonizado. Destaco la comparación, en un largo estudio sobre la excelente Oviedo Express del maestro Gonzalo Suárez, del coordinador del libro Rafael Bonilla, donde compara a la actriz en la línea de lo dicho anteriormente con la protagonista de Perdición, Barbara Stanwyck:

Mientras el ángel miope cuenta cómo Mariola urdió la muerte de Benjamín, el realizador rueda a Aitana Sánchez-Gijón mirándose con aplomo en el espejo.

Vemos en el libro la imagen de Aitana arriba con gafas de sol en una foto en color y abajo a Barbara Stanwyck en blanco y negro, también con gafas. Lo que vamos desvelando del libro es la autenticidad con que la actriz afronta sus papeles. Por ejemplo, Fernando Molero señala la masculinidad del personaje de Tánger en La carta esférica:

Tan masculina es la mirada sobre el personaje que Aitana Sánchez-Gijón se ve obligada a interpretarlo desde dentro, ofreciendo la imagen de una mujer que se ha ido endureciendo y que se aleja del mundo de los sentimientos.

En ese afán de abarcar todo un mundo, la actriz puede pasar de la frialdad a la emotividad. Recordemos la angustia que siente en Celos, de Vicente Aranda, también comentada en el libro. Da la impresión de que vemos a una mujer que se mira al espejo por dentro y por fuera, hasta dejarnos una huella que queda en nosotros para siempre: su clasicismo la convierte en una mujer que podemos ver a distancia pero a la vez su sensualidad le da una cercanía, sentimos su presencia y su latido en cada plano de sus películas.

Maribel Verdú la llama mi neni y la adora; Cayetana Guillén Cuervo la recuerda siempre navegando entre libros, como si la herencia paterna fuese un recipiente de oro donde Aitana permanece alejada del mundo entre la ficción de las novelas que ha leído. Juan Echanove cuenta que en un día difícil en que no llegaba a coger el tren vio su imagen en un cartel y le llegó la serenidad suficiente para afrontar el día. Todos admiran esa mirada serena, envuelta en el tiempo, como si fuese clásica y moderna a la vez.

Son cintas y letras, pero sobre todo es la admiración a una actriz que sigue despertando fascinación.

Son muchos los profesores que han escrito en el libro: Santos Sandoval, Claudia Battistel, Rafael Malpartida, Vicente Luis Mora, David Felipe Arranz, Carmen Becerra, José Antonio Pérez Bowie y muchos otros, todos ellos prendados de la imagen de una mujer que es y será un referente en nuestro cine.

Concluyo diciendo que el esfuerzo de Rafael Bonilla para vertebrar un libro tan denso es encomiable y demuestra esa admiración que tiene por la actriz, que yo comparto desde luego; además, incluye una entrevista en la que conocemos más detalles de sus preferencias y su vida.

Me vuelvo a quedar con la imagen de portada, parece que piensa o medita o mira hacia alguna parte, queremos detenernos ante su rostro para acariciarlo pero se nos escapa, somos sólo espectadores de una belleza que está más allá de nosotros y que vive en los siglos de la literatura y de la vida, como si hubiera podido estar en ellos amando y sintiendo la fascinación del paso del tiempo. Son cintas y letras, pero sobre todo es la admiración a una actriz que sigue despertando fascinación. Un libro insólito por sus dimensiones pero también para saborear poco a poco, porque aunque queramos descifrar la mirada de Aitana se nos resiste, así debe ser, en el Olimpo en que vive su pensamiento, nada más y nada menos.

Pedro García Cueto
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