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La diáspora de Castelli

miércoles 16 de abril de 2025
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Michele Castelli
El padecimiento social, el abandono del Estado, el hambre y la sobrevivencia son los temas alrededor de los cuales orbitan las historias de migración reunidas en Diáspora, del escritor y traductor italiano Michele Castelli.

Aprendí mis primeras palabras en lengua italiana con dos amigos que habían nacido en Sicilia, la milenaria isla de las sagradas culturas mediterráneas. Ellos me dictaban palabras, chistes y expresiones de la cotidianidad siciliana, mientras yo las copiaba en una vieja libreta que conservo en mi baúl de metal. Años después leí La trepadora (La rampicante), traducción a cargo de Michele Castelli. Curioso que fuera en italiano, y no en español, que leí esta obra de Gallegos. Fue a mediados de 1975, yo tendría apenas veintiún años. Me acompañé con un pequeño diccionario que me ayudó a salir del atolladero e internarme en el enjambre de un entorno que años después conocería; el espacio donde se desarrolla la obra galleguiana, entre los Valles del Tuy y Caracas.

En mis estudios universitarios tuve el privilegio de estudiar lengua italiana y, por causalidades del destino, uno de los profesores que hacían vida en la Escuela de Idiomas Modernos era el traductor, Michele Castelli (Santa Croce de Migliano, Italia, 1946), de la obra de Rómulo Gallegos. Mucho tiempo después he tenido la dicha de reencontrarme con mi antiguo profesor, quien gentilmente me ha obsequiado su hasta ahora último libro: Diáspora, tres relatos sobre la presencia italiana en Venezuela (2023).

Sorprende gratamente la versatilidad de Castelli en su hechura como escritor, en esta ocasión como narrador al presentar la visión de la migración italiana desde una perspectiva vinculada a lo cotidiano, la vida de una sociedad (la italiana y sureña) que se ve impulsada a migrar por razones socioeconómicas para sobrevivir. Este es el centro del discurso narrativo en sus tres historias: el padecimiento social, el abandono del Estado, el hambre, la sobrevivencia.

“Diáspora”, de Michele Castelli
Diáspora, de Michele Castelli (2023). Disponible en Amazon

Diáspora
Michele Castelli
Cuentos
2023
ISBN: 978-9801836315
314 páginas

Castelli va dibujando sus personajes en su realidad, mientras transcurre la dinámica de una vida maltrecha, fracturada por los despojos que deja la violencia de una guerra en suelo italiano y en una región, Molise, centenariamente olvidada, relegada y condenada, todavía hoy, al ostracismo. De ese espacio geográfico italiano, compuesto sobre todo por sistemas montañosos y pequeñas aldeas, alejados y olvidados, surgen los personajes de la Diáspora... de Castelli.

Es una narración con mucho movimiento, de inesperados acontecimientos y de una profunda melancolía. La incertidumbre por un destino desconocido se va dibujando con historias marcadas por la cotidianidad.

Los personajes presentes en los tres relatos del libro (“Tonio, el niño que quería ser presidente”, “La viuda de blanco” y “El legado”) son reflejo de un tiempo marcado por la escasez, las penurias, la incertidumbre y la violencia, pero al mismo tiempo por la esperanza de una mejor vida en una lejana y misteriosa tierra.

Los relatos dibujan escenas de la cotidianidad en la vida de un pueblo desolado por los conflictos de la Segunda Guerra Mundial, con la despoblación de aldeas y ciudades del sur de Italia, un país completamente arrasado por la guerra. También por un tiempo signado por oportunidades que se presentan, en el caso del primer relato (parecido más a una noveleta), que en sus más de ciento treinta páginas va construyendo la historia de Tonio, desde su nacimiento en la región de Molise, en Italia, hasta su muerte en la Venezuela de los años 50-70. Un extenso relato que resalta el esfuerzo, la solidaridad y el compromiso con la nueva tierra, como valores de un tiempo finalmente pleno de abundancia y oportunidades.

El segundo relato,  “La viuda de blanco”, muestra en su pura y dura pobreza de la cotidianidad la solapada violencia de los días planos, iguales y sombríos, en la aldea abandonada por hombres que murieron en la guerra y de aquellos que quedaron y apenas sobreviven juntando piedras para recomponer las maltrechas vías y calles polvorientas de una aldea donde ni el olvido se recuerda. Sólo hay rastros de mujeres que vagan por las esquinas de viejas casuchas donde las sombras dibujan formas humanas que apenas se reconocen en su padecimiento de hambre y soledad; traiciones e infidelidades que ocurren en el silencio de quienes ya nada esperan.

—Hija, todos saben que, según el derecho canónico, el sigilo del confesor es inviolable y el sacerdote que revele algo de la confesión de cualquier ser incurre en pena de excomunión. Sin embargo, yo me voy a atrever, sin abundar en detalles, a asegurarte que nadie jamás juraría una mentira ante Dios en la antesala de la muerte. Tu marido en todos estos años fue víctima de las circunstancias y nunca borró de su vida la imagen tuya y de sus hijos. Ojalá se pueda marchar en paz sabiendo que no sólo el sacerdote lo ha creído y perdonado en la confesión, sino que también lo hagan sus seres más queridos.

Perdonar para seguir viviendo. Perdonar para seguir adelante. Perdonar para dejar salir las angustias, la estrechez de la cotidianidad, la vida banal, plana y acompasada por las idas y venidas al son de las campanas de iglesias vacías y plazas desoladas. Sólo queda el consuelo del camposanto y el silencio del reposo en las frías tumbas.

Es un relato crudo, directo y seco. Un relato del fracaso. Las lágrimas de algún personaje como Filomena apenas indican que existe un rastro de humanidad entre las resecas horas de vidas quebradas, amputadas, de almas desoladas. El ambiente, la atmósfera que se muestra, es de una violencia insoportable por tanta desolación, tanto desamparo. No es sólo el hambre que enflaquece y reduce los cuerpos. Hay hambre por las cercanías, de besos, de cuerpos incapaces de abrazarse, ampararse y reconocerse humanos.

También se hace imprescindible la necesidad de dejar huella en la tierra que dio cobijo a quienes migraron al Nuevo Mundo, donde Venezuela se percibe como el lugar añorado. Lo apreciamos en su último relato, “El legado”. Es la vida de los migrantes que con esfuerzo, sacrificio y perseverancia logran alcanzar la tan anhelada estabilidad socioeconómica. La integración a la sociedad y el compromiso político de quienes sienten al país como propio. Es el nonno Umberto Casanelli, padre de Piero Casanelli y abuelo de Andrés Casanelli, uno de los tres hermanos que ansían dejar descendencia para perpetuar el apellido y la sangre de sus ancestros en la Tierra de Gracia. Andrés será el sociólogo que se incorpora a los movimientos de izquierda desde los espacios universitarios hasta llegar a las filas de los grupos que apoyaron al último militar golpista venezolano, en la tristemente conocida asonada del 4 de febrero de 1992. Este relato nos trae hasta los últimos años del siglo pasado y principios de este milenio, solapando nombres como el del mismo Andrés Casanelli (gobernador de la “revolución bonita”, quien usa como símbolo propio un “murciélago” para construir su propia imagen política).

Los relatos que componen este libro hacen referencia a personajes fuertemente imbuidos de sus vínculos ancestrales, pero, al mismo tiempo, necesitados de reconocimiento social en el nuevo país. Ávidos por aportar su esfuerzo y contribuir al desarrollo del país. Se aprecia desde el mismo comienzo con la travesía del padre de Tonio (Flaviano), quien se embarca desde Nápoles al Nuevo Mundo y en la travesía conoce a un músico (Tuccio) que le traerá buena suerte. Los dos se ven obligados a quedarse en Puerto Cabello, mientras reparan la embarcación y son descubiertos por un necesitado administrador público quien contrata al músico y éste insiste en llevarse al amigo. Así, el padre de Tonio va progresivamente ascendiendo en la escala social hasta convertirse en todo un magnate de terrenos al centroccidente del país. El músico, por su parte, realiza una extraordinaria obra pedagógica en la Valencia de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y termina siendo reconocido nacional e internacionalmente. Es posiblemente una semblanza alegórica del ilustre músico siciliano Corrado Galzio.

La narrativa de Castelli nos va adentrando, a través de sus numerosos personajes y sus trivialidades, que se desenvuelven en el mundo de la vida cotidiana donde sorprende la descripción de las cosas más simples. El uso de un lenguaje plano, sin mayor rebuscamiento, hace que el lector se adentre en la trama de sus historias. Salvo uno que otro momento de lirismo, sensualidad y erotismo, el resto de las historias se deslizan por acontecimientos de los momentos que se abren y culminan sin mayor ambición estética. Simples estructuras que focalizan momentos como cuadros dibujados someramente.

Además de estos relatos, Castelli ha publicado Poesías (Caracas, 1979) y La piedra azul turquí (Caracas, 1980). Es traductor, lingüista, articulista y profesor de idiomas.

Juan Guerrero
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