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El ojo

jueves 15 de octubre de 2015
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El hombre entró al bar, luego se dirigió a la barra. No buscó asiento alguno y se limitó a preguntar directamente al encargado de la barra:

—¿Ha visto un ojo por aquí?

El hombre de la barra lo miró como buscando reconocer el rostro de quien le hablaba. Luego dijo:

—¿Un ojo?

—Sí, un ojo, ¿sabe usted cómo es un ojo?

—Desde luego, pero generalmente no suelen andar sueltos sin sus dueños.

—Usted no entiende, no se trata de un perro. Busco un ojo, un ojo, ¿sabe? Debió quedarse aquí la otra noche. Supongo que cuando cierran ustedes encuentran cosas durante la limpieza.

Quizá alguien había perdido ahí su ojo dos días atrás y alguien más capaz que ese detective arrogante iría a interrogarlo en los días siguientes.

El barman miró el rostro del hombre. No encontró ningún rastro en él que permitiera recordarlo. Tenía la cara quizá demasiado lisa, por decirlo de esa manera, por no poder encontrar un punto en donde detener la mirada cuando lo miraba. No tenía bigote ni tenía indicios de haberse afeitado ese día. Su boca se abría sólo lo necesario para dar paso a las palabras y ni los pómulos ni las cejas ni el cabello le decían algo. Era sólo un perfecto rostro para olvidar. Revisó también si es que el ojo mencionado perteneciera a él, pero el hombre tenía su par de ojos bien puestos en las cuencas y no parecía que se hubieran removido o que pudieran removerse, de manera que esa posibilidad quedó abandonada enseguida. No había habido ninguna pelea en las últimas dos semanas de no ser por una discusión de borrachos que fue sofocada de inmediato. Pensó también que el tipo era un policía, un detective, mejor dicho, al sujeto sólo le faltaba un cigarro descansando en sus labios, consumiéndose por su propia cuenta. Le faltaba también una gabardina y un sombrero y desde luego un arma sujetada en su costado.

Bajo su mano derecha estaba la franela con la que limpiaba la barra y las copas en donde servía los tragos. Mientras miraba al hombre pensó que quizá el ojo pertenecía a un mafioso importante que había estado algunas noches atrás de incógnito y nadie había sido capaz de descubrirlo. Quizá hasta había estado sentado frente a él y le hubiera servido un trago, pero no recordó nada excepcional en ninguno de los clientes.

—Sí, solemos encontrar cosas durante la limpieza, pero, ¿un ojo? No, nunca hemos encontrado nada parecido. Bueno sí, una vez…

El hombre lo interrumpió:

—Yo sólo necesito saber si es que encontraron un ojo hace un par de días. Eso es todo.

El barman le respondió que nada habían encontrado y que con toda seguridad habrían notado entre las sillas y las mesas un objeto tan excepcional como un ojo y le preguntó con enojo si es que iba a beber algo pero el hombre respondió que no y salió sin decir más.

Después que lo vio salir continuó limpiando la barra. Quizá alguien había perdido ahí su ojo dos días atrás y alguien más capaz que ese detective arrogante iría a interrogarlo en los días siguientes y él amablemente le daría la información que tenía y de esa manera ayudaría a resolver el caso. Entonces reparó que no le había preguntado su nombre y que no tenía ninguna forma de establecer contacto con él. Permaneció de pie pensando si es que debería salir tras el hombre y decirle que podría volver cuando quisiera y que incluso podría llevar algunos amigos. Luego miró a su alrededor para ver si es que alguien habría prestado atención a la plática que acababa de sostener con el desconocido, pero nadie lo había hecho. Casi no había clientes a esa hora y los que había estaban ocupados en sus propios asuntos. Miró de lado a lado del local. Tomó un vaso y comenzó a secarlo con el trozo de franela que en ningún momento había soltado. Tuvo deseos de ir a sacudir a un tipo que estaba con media cara pegada a la madera de su mesa para saber si es que acaso hubiera visto algo, pero hizo un gesto negativo con la cabeza y lo miró con desprecio y tomó otro vaso de la barra para continuar con su labor.

Cuando quiso recordar el rostro del hombre su imagen ya no estaba ahí. Lo había olvidado.

Mario Damián Uribe Hernández
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