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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Verdades piadosas
Un cuento de Navidad

jueves 27 de diciembre de 2018
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Bien temprano llegó el largo camión. Algunos gruñían, otros chillaban. Y Mancha (porque tenía una mancha parda en su lomo), así lo llamaba su madre, andaba de lo más contento en el corral. Sus ojos brillaban mientras veía montar en el largo camión a gran parte de sus amigos más grandes.

Un tipo, gordo, le entregó un fajo de papeles a su dueño. Mientras encendía y arrancaba el largo camión le dijo a su dueño:

—¡Tenme todos los que puedas para diciembre!

El camión se perdió entre la polvareda. Y Mancha, un poco triste, preguntó a su madre:             

—¿Cuándo podré emprender un viaje para volver a estar con mis amigos?

Su madre como pudo ocultó una lágrima y respondió:

—Seguramente en diciembre. Estarás un poco más crecido y con mayor peso. En ese viaje harás muy feliz a tanta gente, pero, te advierto, acaso no vuelvas nunca más.

Mancha oyó con atención y con una valentía inaudita sentenció:

—Volveré y pasaremos la Navidad juntos, te traeré el más hermoso de todos los regalos y muchas postales de todos los que se han marchado.

La madre hundió hocico y ojos en el comedero lleno de suero para confundir sus lágrimas, y le dijo:

—¡Claro, mi valiente, tal vez regreses!

Llegó diciembre y llegó el largo camión. De nuevo gruñidos y chillidos. Mancha no comprendía tantos aspavientos. Su madre intentó ocultarlo pero en vano fue. Lograron montarlo en el largo camión. Mancha no escondía la gran alegría que llevaba por dentro. Por fin se encontraría con todos los que habían viajado. Haría feliz a mucha gente y con esa felicidad compraría el más hermoso regalo de Navidad a su madre, y traería postales de un largo viaje.

Cuando el largo camión se puso en marcha, Mancha sacó el hocico por entre las barandas y le gritaba a su madre palabras de aliento:

—¡Volveré, guarda esas lágrimas para la alegría de vernos nuevamente!

Y de nuevo, como infinitamente, el largo camión se perdía entre la polvareda.

José Gregorio Correa
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