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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Segunda génesis de la acefalia

• Lunes 2 de octubre de 2017

X

Tetis y Pasolini lo supieron,
Abjuraron premonitoriamente,
Existieron y se anihilaron antes.
No se baja a la lava si no implora

La pulpa contraída, purulenta,
Desollada de sí, aunque sea cara
Al sol de la ciudad que la factura,
La propone al solaz del visitante,

Al rebato de un menor sesenta y ocho,
Al urbano mosaico. Mas si ladra,
Noble perra tenaz, que se posee

Sin mengua productista, si se agacha
A famélicas rastras, no la arredra
Del cráter la conciencia de la Idea.

 

XI

La Ideocracia se sienta en las terrazas
En la gran ciudad fraude, se da un aire
Campechano, informal y libertario,
Imprime los carnés con la cerveza.

Practica el malquedismo como trazo
De buena sociedad, de primer paria
Intachable, nepotista y trapichero.
Frunce el ceño también, llena el rebozo

De mental compromiso y recta fobia,
Consumida en la línea editorial
Más inmediata, y en la facultad

Cancela los iconos del lavabo.
Detecta la no-Idea por la piel
Con cómoda conciencia y acritud.

 

XII

I saw the best minds of my generation…
starving
Ginsberg

Enkidu, chichimeca entre paredes,
Es Erictonio tan civilizado
Que vive en salvajismo sometido,
Forzado asceta, servicial, sin credo.

Licaón solitario, ya se alegra
De nuevas de asociales exabruptos
Que nada le competen. Luego adopta
Un talante existencialista, magro

Enderezo de sus penurias púdicas.
Caduco prematuramente, nunca
Sorbió otra alma ni desequilibran

Su rutina agridulces descalabros
Siempre fallidos. Al pelaje franco
Y humilde escupe Uruk un gesto lúdico.

 

XIII

Se inmerge en las aceras y respira
Entre aguas flotantes y surcadas,
Distantes y envolventes, como adrede.
Piensa beber y simplemente espera.

Ni hielo o caldo, sorbos suficientes
Y civiles, como el trabajo mero,
Civil, como amistades verdaderas.
Uruk se le resbala como un canto.

Señas socavan su perfecta calma.
Ceña en respuesta y se le vuelve asalto
Criminalmente cometido. Escapa

Bestia ignorante. La frialdad ya colma
El alma en desconcierto, mal resuelto
El vacío, que en su cobija topa.

 

XIV

Un Paralelo titilante, el Borne,
Chupitos, callejeos de turistas,
Charlas desconocidas, barras, costos
De pura noche y ocasiones tiernas.

Una magnética marea asfixia,
Multipolar y posthumana, yerra
Con muda fe de congregantes horros.
Enkidu está perplejo de caquexia,

Tras décadas de cosmopolitismo,
Leal, respetuoso, convencido.
Pero se desconoce todavía.

Husmea en el asfalto del miasma,
De su minusvalía insospechada,
La inversa represión y el fiero hastío.

 

XV

Ha releído como cuervo en rama
La gauche divine de ferraters, de biedmas,
Briosa en lances, amorosa a ritmos
Más pánicos, bohemio desparrame

De gajos al descuido y un dolor
De ausencias que ya inquieta a esta Moral.
El cruce tiene un dejo de formol:
Lo has encontrado en tantos al pasar

Tú mismo el pomoerio en tosca caza.
“El ciudadano último lo amanse
En cualquier periferia inconfesable.

O que se trate”. Nada civiliza
Como la lava, sabes, pero prensa
Un óleo negro, meridiano, noble.

 

XVI

También habías descendido al cráter.
Lo guardan las orillas y apeaderos
Frondosos de ulteriores carreteras.
La punzada renal como una plétora

De arácnidos infinitesimales
Burlaba las amarras convenientes,
Ansiaba la abolida compraventa.
La silueta cáustica, escarpelo

Del hígado, picacho y fiel de vida,
Acogía la frenada, seductora,
Desvestía la mañana descarnada.

Depredabas, sin sombra de la veda,
Afectuoso con esa compañera
Que quisieras autónoma, sin miedos.

 

XVII

Llamada a fotos que previste falsas,
De figuras vitales, frescas, sanas.
Luego el apartamento oscuro, lene,
De sofás pobres y ornamento insulso.

La revista primaria hasta el cuartucho
Que permite elegir y la madama
Que toma los billetes con la flema
Del lanista ladino. Bastas cachas,

Mamas rotundas, avispados ojos
Atraen más. Tras de la irrumación
Vigorizante, el monstruo a doble espalda

Serpentea carnoso en el espejo.
Es el adiós un cálido ademán
Que escapa a la regenta en su rescoldo.

 

XVIII

Le tiemblan los tendones de la hoyuela
Como juncos
Mientras tu amigo percibe
El amasijo de luces.
El coche se posa en la umbría.
Él masca un cosquilleo de dudas,
Que no lo son,
Como, de pronto, una primera cita,
Infalible.
Fondeáis la ensenada femenina
Alrededor del coral curvo, cristalino y untuoso.
Otros proscritos se solazan vergonzantes
Y evitan la mirada,
Aunque estas pláticas son más ágiles,
Más civilizadas,
Exentas de disimular la libido.
Las manos de él se tienden indecisas,
Se hunden pudorosas,
En las caderas ctónicas de Shamat.

Daniel Buzón

Escritor y filólogo español (Manresa, 1977). Se ha dedicado a la docencia. Ha publicado relatos en las revistas electrónicas Axxón y Ariadna-RC. Así mismo ha colaborado en Rebelión. En 2012 editó una traducción al castellano de una obra prácticamente ignorada del escritor romántico Stendhal, De un nuevo complot contra los industriales (Madrid, Ediciones Sequitur), cuyo estudio preliminar trata sobre la implicación del sansimonismo en la defensa e implantación del sistema de deuda pública en Francia.

Sus textos publicados antes de 2015
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