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Approccio a Pasolini, 40 años después

lunes 2 de noviembre de 2015
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Pier Paolo Pasolini
Comunista y contestatario, fue Pasolini una víctima y un actor de su muerte.

El año pasado apareció la película de Abel Ferrara, que, predeciblemente, pinta a Pasolini como un artista transgresor en lo político-sexual, en una amalgama nada definida, meditabundo y gay, que acaba asesinado de mala manera en un descampado, como de hecho sucedió el 2 de noviembre de 1975. La dimensión del escritor, sin embargo, tiene mayor alcance, así como su muerte, acontecimiento de tremendo impacto público en Italia porque acaeció en una década nutrida de asesinatos y terrorismo, enmarcada por una confrontación en grado extremo entre derechas e izquierdas. El escritor boloñés, comunista y contestatario, fue una víctima y un actor de la misma, pero también un lúcido conocedor de sus causas.1

El elemento característico de la vitalidad popular es el sexo en su forma pura. Al mismo Pasolini lo atraía la seducción del erotismo más rudimentario y límpido, el que le ofrecían los muchachos de las barriadas del subproletariado.

El pensamiento de Pasolini presenta tres directrices. La búsqueda de la vida impregnada en el pueblo llano, portador de una especie de palingénesis del mundo, como resumía Moravia en la multitudinaria oración fúnebre que pronunció por su amigo el 5 de noviembre; la crítica al capitalismo que aburguesa y homogeneíza al último reducto de ese pueblo, el subproletariado, gracias a los grandes medios de comunicación, sobre todo la televisión, y un análisis incipiente pero certero de la estrategia de la tensión que padecía Italia, sacudida por la lucha política, en los llamados años de plomo.

Su particular lid estética por captar el fluir de las cosas (en una especie de persecución del lacrimae rerum virgiliano) se percibe en los dificultosos ejercicios, ya desde su primera poesía, en que los versos se encabalgan, derramándose, para intentar captar el fondo de la existencia, tangible en el pueblo, que encarna un presente eterno por debajo de la cultura artificial impuesta por elementos opresores, anquilosados, como la Iglesia o el capitalismo o, incluso, la maquinaria comunista de partido y de doctrina. El pueblo de Ilcanto popolare, más actual que la misma modernidad, es siempre el mismo, a pesar de la sucesión de generaciones:

Improvviso il mille novecento
cinquanta due passa sull’Italia:
solo il popolo ne ha un sentimento
vero: mai tolto al tempo, non l’abbaglia
la modernità, benché sempre il più
moderno sia esso, il popolo.2

Frente a la constatación de que es la gente sencilla la que alberga en sí la vitalidad de la existencia, Pasolini se sitúa a medio camino. Él, hombre culto (y de extracción burguesa), se siente un intruso. Su comunismo le ayuda a comprender a la masa en sus mismas cualidades, no para intentar imponerle una mentalidad ajena, combativa, como hace Gramsci:

Atratto da una vita proletaria
A te anteriore, è per me religione
La sua allegria, non la millenaria
Sua lotta: la sua natura, non la sua
Coscienza.3

El elemento característico de la vitalidad popular es el sexo en su forma pura. Al mismo Pasolini lo atraía la seducción del erotismo más rudimentario y límpido, el que le ofrecían los muchachos de las barriadas del subproletariado que iba a buscar con su automóvil, a veces incluso por un puñado de liras, al caer la noche. Ese es uno de los rasgos más punzantes no ya de su biografía, sino de su pensamiento, cuya coherencia desarma la corrección ideológica tanto de la derecha como de la izquierda, que no supo ver que la liberación sexual de los 60 fue adulterada por el poder consumista a través de una falsa tolerancia que la convertía en impuesta.4 El escritor amaba la salpicadura de vida adherida a ese pueblo llano, que era agresivo e inmediato en sus instintos, de un modo que no podía deslindarse de la brusquedad y oportunismo con que gozaba el sexo, imbricados, sin embargo, con su inocencia. Pasolini acudía a él en el modo exacto como se presentaba. Prostitutas, chulos, buscavidas, ladronzuelos pueblan sus dos novelas representativas: Ragazzi di vita y Una vita violenta, o su película Accatone.5 Si bien los modos de Pasolini eran exquisitos, “tenía preferencia por esos jóvenes tan violentos (…), salvajes, es una cuestión de gusto”.6

Pero la televisión y la escuela obligatoria de corte burgués estaba secando esa vivacidad: el capitalismo lograba en diez años, desde mediados de los 50, lo que no había podido en más de un siglo. Para encontrar la espontaneidad Pasolini empleó en sus películas a aficionados (a menudo sus propios amantes o amigos extraídos del subproletariado: Davoli, Citti), con los que llevó a escena el desgarro ancestral de la sociedad mítica en Edipo re, o seleccionó a Maria Callas para Medea, seducido por su naturaleza de “águila temblorosa”.7 En esa línea se desarrolló su trilogía de la vida: las películas sobre el Decamerón, de Boccaccio, los Cuentos de Canterbury, de Chaucer, y Las mil y una noches (1971-1974), que representan la culminación de su búsqueda.

Iba a truncarla el definitivo paso del industrialismo al posmodernismo, que generaba una mezcolanza burguesa de clases. También, como consecuencia inevitable, lo abocaría a la muerte. En las jornadas que generaron el mayo del 68, publicó el poema Il PCI ai giovani!! (El Partido Comunista Italiano a los jóvenes) a propósito de las algaradas de Valle Giulia.8 Espetaba a los estudiantes supuestamente de izquierdas que eran ellos los capitalistas, que pretendían protagonizar la ruptura con el capitalismo de sus padres, mientras que los policías, de extracción proletaria, pertenecían al pueblo.

A Valle Giulia, ieri, si è così avuto un frammento
di lotta di classe: e voi, amici (benché dalla parte
della ragione) eravate i ricchi,
mentre i poliziotti (che erano dalla parte
del torto) erano i poveri.9

Frente a la aquiescencia y el aplauso de buena parte del PCI al movimiento del 68, Pasolini no veía en él más que una lucha del capitalismo contra sí mismo para limpiarse de sus elementos periclitados (moral tradicional, iglesia, etc.) y continuar vivo y más pujante. Por lo tanto, no eran estos jóvenes burgueses sus principales enemigos, o al menos no de un modo directo, sino piezas de una mecánica superior, que se iba definiendo con los años, desde la irresuelta muerte de Enrico Mattei, director de la ENI. Desde el 68 en adelante la estrategia de la tensión se basó en un incremento del terrorismo de derechas (masacre de Milán, 1969; de Brescia y Boloña, 1974), contestado por el de izquierdas. Pasolini comprendió que era el mismo Estado italiano (durante tiempo en manos de la democracia cristiana), con la aprobación de la CIA, quien había organizado y alentado la escalada terrorista, para controlar la vida política.10 Por otra parte los jóvenes fascistas lo eran ya solo nominalmente, porque en sus carnes habían sido asimilados por el hedonismo capitalista, como explica en su artículo “Gli italiani non sono più quelli”, del 10 de junio de 1974, en el Corriere della Sera. El 14 de noviembre de 1974 publicó en el mismo periódico “Chè cos’è questo golpe? Io so” (“¿En qué consiste este golpe? Yo lo sé”), en el que apuntaba a dicha estrategia, de la que conocía los culpables, si bien carecía de pruebas directas.

La noche en que el poeta y director se extinguió había acudido con su GT Giulia a los arcos de la Estación de Termini a buscar a un tal Pino Pelosi que quizá ya conocía.

De eso se va a ocupar en su última novela, Petrolio, inconcluso rompecabezas. Cierto capítulo desvela conexiones entre el poder político y la ENI, con nombres (apunte 22). Se ha pensado que esta tercera directriz de su obra (en que se encuadran algunos artículos corsarios en el Corriere della Sera) provocó su muerte, si, como se sospecha, un grupúsculo pagado desde el poder estuvo implicado en ella. Las especulaciones resultan laberínticas.

Y los pasillos no se agotan. Su amoralismo siempre había molestado a la derecha más tradicional, el fascismo del MSI y otros extremos. Poco antes de su final trágico, Salò o le 120 giornate di Sodoma adaptaba la obra de Sade para zaherir a la mussoliniana República de Saló (1943), pero lo cierto es que era más bien un pretexto para arremeter aun más duramente contra el que llamó el “nuevo fascismo” consumista, el que criticara en artículos corsarios como “Il Potere senza volto” o “Lettera aperta a Italo Calvino”, en que atacaba al Poder con mayúscula y al desarrollo (sin progreso), en un presentimiento de la globalización, en que el sexo y el cuerpo se convertían en mercancía. Otra vez ese nuevo poder en la sombra, no exactamente el viejo fascismo. En cualquier caso, Salò aún no se había estrenado, aunque corrieran rumores sobre su naturaleza.11

Esta película es la contrapartida de su trilogía, de la cual Pasolini había abjurado12 y con ella de su amor por el alma popular y por su manifestación culminante, el sexo. Las razones de su abjuración eran la desilusión causada por un pueblo que, sin ofrecer resistencia, se dejaba embrutecer por el consumismo, el cual había incorporado su propia trilogía al automatismo de la falsa tolerancia sexual.13 El artículo que registra este definitivo desencanto se escribió en junio y se publicó póstumo el 9 de noviembre de 1975, pocos días después que desapareciera el escritor atlético y trasnochador, precisamente a manos de los últimos supervivientes del subproletariado en proceso de mutación.

Ha habido muchas alusiones al conocido tópico del suicida que propicia su propia muerte violenta.14 Lo cierto es que resulta plausible, aunque en un plano siempre especulativo y novelesco, y lo corroboran multitud de textos y la insistencia creciente en una forma de placer nocturna que lo metía en lances arriesgados no siempre fáciles de superar. Cabría hacer hincapié en esa desafección apuntada, con el testimonio, por ejemplo, del poema “Coccodrillo”,15 en que se analiza como intelectual que “experimentalmente expiró” en 1968, cuando vio que la juventud revolucionaria resultaba ser como padres fascistas que mataban a sus propios padres marxistas.

La noche en que el poeta y director se extinguió había acudido con su GT Giulia a los arcos de la Estación de Termini a buscar a un tal Pino Pelosi que quizá ya conocía. El escritor se llevó a Pelosi del lugar pero sabía perfectamente el peligro que se cernía sobre él cuando accedió a volver al punto de partida para que el muchacho entregara a unos amigos unas llaves, decía, de un coche compartido. Es difícil que Pasolini no presintiera un pretexto para la asechanza. Adentrarse luego por la vía Ostiense y meterse definitivamente en la explanada del Idroscalo de Ostia era una temeridad, quizá, cerebralmente calculada, que importaba demasiado de la iconografía de su propia producción.

Penetrar la posmodernidad, que agoniza y sigue eternamente viva desde hace 50 años, requiere una sincera comprensión de su obra, que es imposible separar de sus vivencias, incluida la última.

 

Bibliografía

  • Baldoni, Adalberto, y Gianni Borgna (2010). Una lunga incomprensione. Pasolini fra destra e sinistra. Florencia: Vallecchi.
  • Bellu, Giuseppe María, y Giuseppe d’Avanzo (1991). “Il caso gladio rimane aperto”, La Repubblica, 9 de mayo de 1991.
  • Forcella, Enzo (1990). “I segreti della Nato”, La Repubblica, 7 de agosto de 1990.
  • Pasolini, Pier Paolo (1976). Lettere luterane.
    (1977). Trilogía de la vida. Barcelona: Aymá, SA.
    (1992). Petrolio. Turín: Enaudi.
    (1995). Trilogia della vita. Milán: Garzanti.
    (2009). Tutte le poesie. Dos tomos. Milán: Mondadori.
Daniel Buzón
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Notas

  1. A esa explicación de su muerte que une lo literario y lo político apuntaba Marco Tullio Giordana en su notable película de 1995 Pasolini, un delitto italiano, aunque sin lograr producir más que un revoltijo de alusiones que no conducían a nada. Le faltaba, al menos, la confesión que el mismo Pino Pelosi, el chapero que se había inculpado del homicidio del escritor, hizo a la Rai 3 en mayo de 2005: hubo otros tres implicados en el crimen (como se sospechaba). Montones de conjeturas se han emitido desde 1975, empezando quizá con el artículo de la amiga del escritor, Oriana Fallaci, aquel mismo noviembre. La nueva traducción castellana de la biografía de Siciliano (2015) es de la edición de 1978.
  2. En Le ceneri di Gramsci, editado en 1957 (Pasolini, 2009, I: 784): “De pronto el mil novecientos / cincuenta y dos pasa sobre Italia: / solo el pueblo tiene de ello un sentimiento / verdadero: nunca arrancado al tiempo, no lo deslumbra / la modernidad, aunque siempre el más / moderno sea él, el pueblo” (traducción propia).
  3. En Le ceneri di Gramsci, editado en 1954 (Pasolini, 2009, I: 820), poema homónimo: “Atraído por una vida proletaria / anterior a ti, es para mí religión / su alegría, no su milenaria / lucha: su naturaleza, / no su consciencia” (traducción propia).
  4. “Abiura della trilogia della vita”, Pasolini (1977). En otros textos periodísticos: Siciliano (2015: 383-387), como el artículo “Sono contro l’aborto” del 19 de enero de 1975, en el Corriere della Sera.
  5. Evidentemente no se puede recoger aquí toda su obra como director, narrador o poeta. Mención aparte merece Il Vangelo secondo Matteo (1964), que agradó y unió a comunistas, papado y democristianos, en una bizarra combinación (Baldoni-Borgna, 2010: 202-219).
  6. Entrevista audiovisual a Alberto Moravia. Es una muestra de ello el apunte 55 de Petrolio, obra póstuma de Pasolini, en que el protagonista paga de buen grado para ser penetrado y sometido a felación por un grupo de jóvenes que se turnan en un prado, de noche.
  7. Poema Rifacimento, en Pasolini (2009, II: 192).
  8. Iba a publicarse en un periódico secundario, NuoviArgumenti. Antes, el 16 de junio, se publicó sin su consentimiento en L’Espresso.
  9. L’Espresso, 16 de junio de 1968: “En Villa Giulia ayer ha habido pues un fragmento /de la lucha de clases: y vosotros, amigos (aunque de la parte / de la razón) erais los ricos / mientras que los policías (que estaban de la parte / del error) eran los pobres” (traducción propia). El detonante del poema fue un choque concreto del 1 de marzo de 1968 entre policía y manifestantes, parece que de derechas (Baldoni-Borgna, 2010: 210-214), detalle que tardó en aclararse y que Pasolini desconocía. En todo caso su poema apostrofaba a todo el movimiento del 68, identificado como de izquierdas (Siciliano, 2015: 335-339).
  10. Es conocida la declaración del primer ministro Giulio Andreotti a la comisión Stragi, del 2 de agosto de 1990, sobre los servicios secretos italianos (SID), según la cual había existido hasta 1972 una organización en la sombra, llamada Gladio, que se había dedicado, decía, a prevenir a Italia de una posible invasión soviética. Algunos comunicados de la misma comisión, la prensa, buen número de investigaciones consideran más que probable que la organización, creada y mantenida por la CIA y la Otan, siguiera en activo hasta 1990 y que participara en la estrategia de la tensión. Cf. los artículos de prensa en la bibliografía o Baldoni-Borgna, 2010: 255 y ss.
  11. Recientemente se han añadido ciertos detalles sobre el robo de los negativos de la obra que nos llevarían muy lejos: la Italia de los asesinatos está siempre llena de vericuetos inagotables, de un modo casi manierista (casos Falcone, Agnelli, etc.).
  12. “Abiuradellatrilogiadella vita”, 1975, en Pasoloni (1995) o en traducción, idem (1977). También otros artículos en el Corriere della Sera (1975) o la colección Lettereluterane (1976).
  13. El artículo de la nota anterior y la intervención “Tetis” en el congreso Erotismo, eversione, merce, organizado en Boloña (15-17 de diciembre de 1973), consultado en línea en www.centrodistudipierpaolopasolinicasarsa.it.
  14. Esta hipótesis ya la explotó Siciliano (2015) en la primera edición de 1978.
  15. Pasolini (2009, II: 226 y ss.).
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