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La Oficina Hidrográfica de la Marina: institución delineadora de la hidrografía chilena

lunes 12 de abril de 2021
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La Oficina Hidrográfica de la Marina: institución delineadora de la hidrografía chilena, por Zenobio Saldivia Maldonado
Detalle del plano de la ensenada y desembocadura del río Bueno, en Valdivia, realizado por el teniente Felipe Solo de Zaldívar en diciembre de 1834. Es el primer levantamiento cartográfico ejecutado por la Marina de Chile. Imagen: Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile

Algunos antecedentes

Dentro del universo de entidades vinculadas al estudio de las ciencias de la tierra en el Chile decimonónico, descuella la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional. Esta entidad es pensada por el oficial Francisco Vidal Gormaz desde los años cincuenta, pero recién el 1 de mayo de 1874, según el decreto presidencial Nº 329, se materializa su fundación y se determinan sus funciones.1 A cargo de esta corporación queda el oficial mencionado. Empero, es imposible dar cuenta de la producción científica en general, o de los levantamientos cartográficos que realiza esta corporación, sin antes tener presente que esta oficina continúa una labor científica orientada al reconocimiento del territorio nacional que se había iniciado durante la consolidación de la república.

En efecto, gracias a la contratación de sabios extranjeros, en los años treinta del Siglo del Progreso, Chile inicia su proceso de institucionalización de la ciencia y que a nuestro juicio dura algunas décadas.2 En esta fase son contratados el botánico Claudio Gay (1830), el médico Laurent Sazié (1834), el ingeniero en minas Ignacio Domeyko (1838), el ingeniero militar Bernardo Philippi (1843), el economista Jean Gustave Courcelle-Seneuil (1843), el geólogo Amade Pissis (1848) y el botánico Rodulfo Amando Philippi (1851).

Es en este marco de apoyo gubernativo a la actividad científica y de las tareas vinculadas al reconocimiento del cuerpo físico del país, donde se observan las primeras actividades hidrográficas y cartográficas asociadas a la exploración de ríos y costas que comienza a desarrollar la Marina de Chile.

 

Hitos hidrográficos y cartográficos de la Marina chilena decimonónica

La génesis

El Estado de Chile había contratado en 1830 al francés Claudio Gay para iniciar sus trabajos con vistas al reconocimiento de la flora y fauna chilensis, y con ello también daba inicio a una política científica orientada hacia la exploración y conocimiento del territorio nacional para posteriores decisiones administrativas. Y la Armada de Chile también queda inserta en estos aprestos cognitivos. Así, recuérdese que la Marina confecciona el plano de la ensenada y desembocadura del río Bueno, en Valdivia, realizado por el teniente Felipe Solo de Zaldívar en diciembre de 1834, bajo las órdenes del capitán de fragata Roberto Simpson al mando de la nave Aquiles, que tiene a su cargo la exploración conducente a este primer levantamiento cartográfico.3 Dichas labores dan cuenta de las coordenadas geográficas y de otras características del río Bueno. El informe final concluye situando al río Bueno a 40º 10’ de latitud sur y a 73º 45’ de longitud oeste, y declarando la desembocada de dicho río como “innavegable”.4 Ello es la génesis de la hidrografía de la Marina de Chile y del país.

 

Los años cuarenta y cincuenta

Dichas preocupaciones de la Marina continúan con nuevos trabajos hidrográficos; por ejemplo, los realizados en Isla Mocha en 1841 por el capitán de corbeta Domingo Salamanca; o con las incursiones del oficial Juan Williams, en 1843, por los canales interiores de Chiloé e islas adyacentes preparando su viaje al Estrecho de Magallanes.5 Y también con los trabajos del explorador y militar Bernardo Philippi, quien este mismo año, gracias al apoyo logístico de la Marina, levanta el plano del Puerto de San Felipe, en el Estrecho de Magallanes; o con las excursiones en la villa y puerto de Constitución, en 1844, a cargo del capitán de corbeta Leoncio Señoret, quien finaliza los respectivos planos topográficos sobre la región.6 También se destacan los trabajos geodésicos realizados por el capitán de fragata Benjamín Muñoz Gamero, desde Melipulli hacia Puerto Varas, y otras incursiones lacustres en el mismo sector en 1849,7 así como las exploraciones al Puerto Manso de la provincia de Coquimbo en 1851, que termina con un plano del puerto mencionado realizado por el profesor de guardiamarinas Luis Constantini; o la excursión del oficial Leoncio Señoret en 1854, al puerto y rada de Curanipe, donde levanta el respectivo plano, asignándole a dicha rada una latitud sur de 35º 47’ 50’’ y una longitud oeste de 72º 35’ 30’’. O al río Toltén al año siguiente en el vapor Maule, y que finaliza con el levantamiento de los respectivos planos.8 Recordemos además el reconocimiento del río Maullín y Chiloé nororiental realizado por el teniente primero Francisco Hudson Cárdenas, en 1856, comandando el bergantín goleta Janequeo. O el reconocimiento que realiza el oficial Hudson en las piedras de Remolino y Pugueñún, también en 1856.9 Y sigue Hudson al año siguiente con nuevas expediciones: diversos trabajos hidrográficos en el canal de Dalcahue y dos viajes de exploración tanto en Chiloé nororiental como en Chiloé suroriental,10 entre otros.

Lo relevante de los levantamientos cartográficos de Armada de Chile en este período es la contribución a la tarea de reconocimiento del cuerpo físico de Chile, que viene estimulando el Estado para encontrar las zonas más apropiadas para la colonización y para asentar a los inmigrantes que comienzan a llegar al país, principalmente a los alemanes que se radican en las regiones de Valdivia, Osorno y Llanquihue. Con razón, algunos autores han señalado que la Marina de Chile tuvo un rol muy importante en la denominada “cartografía de colonización”.11

 

La cartografía durante la pacificación de la Araucanía

Dichas incursiones de reconocimiento geográfico, hidrográfico y cartográfico continúan en los años sesenta, en especial en la región de la Araucanía, explorando los ríos y costas de la región, tales como los ríos Imperial, Toltén, Queule y otros, para determinar sus características topográficas e hidrográficas u otros datos de utilidad orientados a facilitar la ocupación militar durante la campaña de pacificación de la Araucanía.12 Entre estas expediciones recuérdese el viaje del vapor de guerra Maule, al mando del capitán de navío Leoncio Señoret, que nos legó el plano del río Lebu levantado por el oficial Francisco Vidal Gormaz y el guardiamarina Guillermo Peña (1862), o los planos de la rada de Arauco, también el mismo año, aportados por el capitán de navío Leoncio Señoret.13 O el plano de la caleta Quidico levantados por el oficial Oscar Viel y el guardiamarina Luis Pomar;14 o el plano de Isla Mocha, dibujado por el teniente segundo Oscar Viel, también este mismo año.15 Además, recordemos la expedición a la Araucanía del capitán de corbeta Francisco Vidal Gormaz, para explorar la región comprendida entre los ríos Toltén y Queule (1866-1877) y los ríos Valdivia y sus afluentes, entre otros (1868-1869).16 Así, entre las tareas de este oficial en esta región y en este hito, recordemos que realizó una completa exploración hidrográfica de la costa, los ríos y los esteros de la zona, determinando las coordenadas geográficas de la embocadura de éstos y otros ríos con el mar. Así, por ejemplo, determinó que el río Queule ensambla con el mar en 39º 25’ 36’’ de latitud sur y a 73º 11’ 28’’ de longitud oeste,17 y así sucesivamente fue dando las coordenadas de la embocadura de los principales ríos con el mar en esta región.

Más tarde, en esta misma región acontece la expedición militar de Cornelio Saavedra, con lo que se cerró el período de la pacificación de la Araucanía. Se comprende, por tanto, que la aportación hidrográfica y cartográfica previa preparada por los oficiales de la Armada fue esencial para apoyar a los oficiales militares en sus operaciones logísticas y ofensivas en esta región, ora para decidir los lugares aptos para la construcción de fuertes, ora para posteriores asentamientos poblacionales.

 

La cartografía en las décadas de oro de la Marina chilena decimonónica (1870- 1890)

El universo de aportaciones científicas en el plano hidrográfico y cartográfico de la Marina continúa durante la década de los setenta y ochenta como un verdadero boom de diversas exploraciones. Pero la Armada de Chile, en estas décadas, no sólo se limita a la continuación de la tarea cartográfica iniciada en 1834; también descuella por la creación de la Oficina Hidrográfica Nacional (1874), como adelantáramos, así como por una mayor profesionalización en la praxis institucional, por su actuación exitosa en la Guerra del Pacífico (1879-1884) y por la aparición pública de sus propios medios de comunicación científica y profesional, entre otras novedades. En lo que sigue, nos concentraremos exclusivamente en la Oficina Hidrográfica Nacional y en las exploraciones hidrográficas de la Marina, acaecidas en este hito.

 

La Oficina Hidrográfica Nacional

Esta corporación estuvo a cargo del oficial Francisco Vidal Gormaz, quien debe coordinar y supervisar los viajes de exploración y de estudios realizados a lo largo del territorio costero nacional, muchos de los cuales fueron dirigidos por el propio Vidal Gormaz. Los objetivos de esta corporación quedaron consignados en el decreto de fundación de la entidad y perseguían:

  1. Fijar el derrotero general de las costas de Chile.
  2. Llevar la estadística de los siniestros marítimos.
  3. Elaborar “el extracto del diario meteorológico que debe llevarse en los buques mercantes, conforme a lo acordado en la Conferencia de Bruselas”.18

El conjunto de trabajos teóricos y de exploraciones realizadas por los oficiales de esta entidad apuntaba a actualizar las informaciones sobre los puntos geográficos de interés para la navegación, sugerir la ubicación más apropiada para la instalación de faros y ubicar los recientes escollos acaecidos en los puertos y derroteros que siguen las naves, tales como bancos de arena, solevantamientos, rocas, fiordos y otros. A las actividades de esta oficina pronto se les adicionaron la instalación de balizas y boyas de señalización y la ubicación de los lugares más apropiados para la instalación de los faros que guiarían a los barcos en los lugares difíciles para la navegación nocturna; además, esta entidad empezó a confeccionar tablas de mareas y a realizar observaciones para precisar la dirección de las corrientes marinas, e incluso ejecutar algunos trabajos taxonómicos sobre la flora y fauna marina de las distintas regiones costeras, entre otros. Pero lo esencial para esta entidad era lograr la lectura hidrográfica y geográfica global del territorio nacional.

La Oficina Hidrográfica de la Marina, durante el siglo XIX, fue dirigida por distintos oficiales que perseguían cumplir los objetivos señalados en su fundación. Éstos fueron:

  • N. Francisco Vidal Gormaz: mayo 1874 – septiembre 1891.
  • N. Manuel Señoret A.: septiembre 1891 – diciembre 1891.
  • Contralmirante Luis A. Castillo: diciembre 1891 – abril 1892.
  • Teniente 1º Juan Bello Rozas: abril 1892 – septiembre 1892.
  • F. J. Federico Chaigneau: septiembre 1892 – agosto 1898.
  • N. Luis Pomar Avalos: agosto 1898 – enero 1899.
  • N. Eduardo Valenzuela D.: enero 1899 – marzo 1900.

Al observar los nombres de los oficiales que tienen a su cargo dicha entidad y la permanencia en la conducción en la misma, queda claro que son justamente los diecisiete años de la conducción de Vidal Gormaz la etapa en que la corporación consigue su reconocimiento nacional e internacional, y obtiene un perfil definido como organismo científico y técnico de la Marina.

La Oficina Hidrográfica logra trascender los requerimientos de su institución y principia a cumplir tareas de acercamiento hacia la comunidad científica civil. Lo anterior sumado a la aparición de las revistas institucionales de la Marina bajo el alero de la misma, tales como el Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, la Jeografía Náutica de la República de Chile, la Revista de Marina y el boletín Noticias Hidrográficas,19 muestran el establecimiento de una producción bibliográfica sobre hidrografía, geografía, potamología, historia náutica, meteorología, astronomía y otras. Esto constituyó el asentamiento definitivo de la disciplina de la hidrografía, que queda inserta en la comunidad científica de Chile.

Toda esta producción científica de los años setenta y ochenta, generada al alero de la Oficina Hidrográfica Nacional en las disciplinas ya mencionadas, es enviada a entidades análogas de Europa y Estados Unidos, constituyendo un puente de comunicación científica internacional desde Chile hacia los miembros de las comunidades del hemisferio norte, y una fuerte proyección internacional de la Oficina Hidrográfica.

 

Las exploraciones hidrográficas, cartográficas y meteorológicas del período

Durante las últimas décadas del siglo XIX, Chile se encuentra robustecido en diversos planos relacionados con la ciencia y la tecnología, como consecuencia de la difusión de las ideas positivistas a partir de los trabajos teóricos y de la creación de entidades orientadas expresamente a la difusión de estas nociones que promovían el orden, el progreso y el bienestar social en el país. Con relación a esto, recordemos las diversas entidades positivistas que se instauran en Chile entre los años 1870 y 1880; v. gr. la Sociedad de la Ilustración (1872), el Círculo Positivista (1870-1874) y la Academia de las Bellas Letras (1873).20 En rigor, sus miembros aspiran a la difusión de las ciencias y sus métodos, a la obtención del progreso material y al bienestar de los ciudadanos. Dicha orientación es estimulada por las políticas científicas y de inmigración del período, todo lo cual contribuye a apuntar hacia el sueño del orden en todas las facetas de la vida pública y sociopolítica del país. En este contexto de lo que podríamos llamar “la ciencia normal”21 del Chile decimonónico, la Armada de Chile realiza su trabajo de vigilancia del territorio costero, al mismo tiempo que la Oficina Hidrográfica va catastrando los ríos y costas del cuerpo físico de Chile y levantando planos de los mismos.

Así, con relación al acopio de exploraciones hidrográficas, cartográficas y meteorológicas acaecidas en Chile en las décadas del setenta y ochenta del siglo XIX, destaquemos que en 1870 la Armada de Chile realiza el primer estudio científico de la Isla de Pascua, dieciocho años antes de que la misma se constituya como parte del territorio nacional. Además, los oficiales de la corbeta O’Higgins, comandada por el capitán de navío José Anacleto Goñi, realizan un levantamiento cartográfico general de los puertos de aquella isla. Además, el mismo año se levanta el plano del puerto de Constitución, a cargo de teniente 2º Miguel Gaona y el guardiamarina Carlos Prieto (1870), por nombrar algunos.22

También, traigamos a presencia las expediciones realizadas por el oficial Francisco Vidal Gormaz en el río Maullín y en la costa de Llanquihue y el archipiélago de Chiloé (1870-1871). O las incursiones del oficial Enrique Simpson Baeza al mando de la corbeta Chacabuco en la región de Aysen en 1870, y que prosigue con otras incursiones hasta 1874, para cubrir los archipiélagos de las Guaitecas, Chonos y Taitao,23 y luego continuará hacia los canales occidentales de la Patagonia, Magallanes y el río Santa Cruz (1875), o los viajes del capitán de fragata Ramón Vidal Gormaz a las islas San Félix y San Ambrosio al mando de la cañonera Covadonga, a fines de 1874, legándonos los planos de la isla San Félix y del islote González.24 O la exploración de las islas esporádicas al occidente de la costa de Chile, a las islas Juan Fernández, Sala y Gómez e Isla de Pascua, al mando del capitán de fragata Juan Esteban López (1875),25 entre tantas otras.

Más adelante, en 1879, la Armada trabaja fuera de las zonas del país, levantando planos e identificando derroteros náuticos en las regiones de Tarapacá (Perú) y Antofagasta (Bolivia), tal como ya lo habíamos mencionado. Por ello, la Marina de Chile publica diversas obras sobre estos lugares, muchas de las cuales incluyen planos generales y/o temáticos. Entre las publicaciones sobre estas regiones recordemos las siguientes: Noticias sobre las provincias del litoral correspondiente al Departamento de Lima i de la provincia constitucional del Callao (1879), Jeografía náutica i derrotero de las costas del Perú (1879), Noticias de los departamentos de Tacna Moquehua i Arequipa i algo sobre la hoya hidrográfica del lago Tititaca (1879), Noticias del desierto y sus recursos (1879), Jeografía náutica de Bolivia (1879) o la Carta de los desiertos de Tarapacá y Atacama (1879).26 Esta última, por ejemplo, consigna las carreteras existentes, las líneas de ferrocarriles, las sendas más frecuentes, los principales establecimientos públicos, los asentamientos poblacionales y las aguadas, entre otros datos relevantes. Todo lo cual se comprende que es de vital importancia para Chile ante una eventual incursión o un desplazamiento militar.

En rigor, al observar las diversas contribuciones cartográficas e hidrográficas de la Armada en los años setenta del Siglo del Progreso, se puede colegir que en este período el énfasis cognitivo se identifica con el ambicioso proyecto de obtención de la realidad cartográfica, hidrográfica, orográfica y topográfica de la totalidad de las regiones costeras del país. E incluso de las regiones de zona norte que en los años setenta no pertenecían a Chile tales como Tarapacá y Antofagasta, y cuyo legado cartográfico le sirvió sobremanera a los oficiales militares chilenos para las operaciones bélicas durante la Guerra del Pacífico. También se observan diversos levantamientos cartográficos sobre la zona austral del país, principalmente de Chiloé y de las regiones que hoy forman parte de las provincias de Aysén y Magallanes. Lo precedente es, en la práctica, una extensión de la cartografía nacional y el inicio de un ciclo de exploraciones por la región austral, principalmente por la Patagonia occidental, a partir de las exploraciones y levantamientos cartográficos de Simpson en 1874, al mando de la corbeta Chacabuco.27 Y dichos desplazamientos trasuntan una comprensión del valor estratégico de la región austral.

 

El período finisecular

Por su parte, desde mediados de los años ochenta y durante los noventa del siglo decimonono, se observan distintas incursiones con vistas a levantamientos cartográficos y observaciones orográficas y topográficas. Recordemos la incursión del oficial Juan Ramón Serrano Montaner en 1884 a la zona austral, quien al mando de la escampavía Toro explora el río Palena dejándonos, entre otros levantamientos cartográficos, el del río Palena en toda su extensión;28 o los planos aportados por el oficial Adolfo Rodríguez, quien recorre en 1888 diversos sectores de lo que hoy es Aysén, entre otros cometidos hidrográficos y cartográficos de esta década. Y con relación a los años noventa, rememoremos los viajes de exploración del capitán de fragata Froilán Gonzalez al archipiélago de Los Chonos, durante los años 1892 y 1893, dejándonos diversos mapas de dicha zona, entre éstos el mapa de la costa oriental de Chiloé desde la punta Chohen hasta la punta Tenaún y el grupo de las Islas Chonos. O la incursión del comandante Roberto Maldonado a las costas de la isla de Chiloé, entre los años 1895 y 1896, o las del oficial Francisco Nef, que nos dejó un abundante acopio cartográfico de la zona austral. Además, el oficial Roberto Maldonado nos ha legado la cartografía de la bahía de Ancud, del golfete de Quetalmahue, de la ensenada de Cucao, de las puntas de Cogomó, Corona, Barranco, Chaiguaco, Pabellón y Tres Cruces,29 o de las caletas de Quilán, de Goaibil, del Faro y Quiútil,30 por mencionar algunas, además de estudios meteorológicos y de azimuts astronómicos para determinar la longitud de muchos de los lugares explorados, por mencionar sólo algunos.

 

Hacia una conclusión

Tras el acopio cartográfico aportado por la Oficina Hidrográfica Nacional, relativo al conocimiento de las costas del territorio en lo referente a los incrementos cognitivos hidrográficos marítimos y lacustres, geológicos, meteorológicos y astronómicos, se benefician tanto la Armada de Chile como la comunidad científica nacional.

La Marina porque deja asentado que posee la competencia científica para tales requerimientos y porque se perfila como la primera institución que aborda esta tarea a partir de 1834. Y porque su amplio abanico de trabajos científicos y técnicos también le permite iniciar la labor de la iluminación costera, instalando diversos faros para las zonas del territorio marítimo, entre otras de sus contribuciones, facilitando así el desplazamiento de la marina mercante nacional e internacional.

Empero, cabe señalar que la Armada de Chile no trabajó únicamente cartas y mapas costeros, estudios potamológicos o puramente hidrográficos, sino que también levantó cartas corográficas para apoyo y uso de los militares, que luego fueron utilizadas por el Ejército de Chile, y también levantó planos para el trazado de ferrocarriles en algunas regiones del país, con lo cual dichos oficiales actuaron como ingenieros civiles, como diríamos hoy.

También, tras estas conquistas cognitivas realizadas por la Armada, ésta se benefició en su tiempo porque, con la ubicación geográfica más exacta de los principales puertos, canales, islas, istmos, rocas hundidas, puntas notorias, farallones, bancos de arena y otros escollos que presenta la costa chilena a la navegación, se independiza de las cartas del Almirantazgo Británico, consolidando una cartografía propia.

Zenobio Saldivia Maldonado

Notas

  1. Dicho decreto se publica en el periódico El Araucano (2 de junio de 1874).
  2. Cf. Saldivia, Zenobio: “La institucionalización de la ciencia en Chile”, En Inter-American Review of Bibliography, Vol. XLIX, Nº 1-2, Washington, Estados Unidos, pp. 141 y ss.
  3. Cf. Valenzuela U., Renato: Génesis y desarrollo del pensamiento marítimo de Chile. Centro de Estudios Estratégicos de la Armada y Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2010, p. 61.
  4. Cepeda González, Jorge: Monografías hidrográficas, volumen I, Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada, Valparaíso, 2003, p. 9.
  5. Cf. Ferrer F., Hernán: “Expediciones hidrográficas en la región de Chiloé”, Revista de Marina, volumen 104, Nº 776; Valparaíso, 1987; p. 75.
  6. Cf. “Trabajos hidrográficos de la Marina chilena i catálogo de los planos i cartas hidrográficas i topográficas que sobre esta materia existen en el Ministerio del ramo”, Anales de la Universidad de Chile, tomo XXII, 1863; pp. 609-610.
  7. Cf. Ferrer F., Hernán: “Exploraciones hidrográficas en la región de Chiloé”, Revista de Marina, volumen 104, Nº 776; Valparaíso, 1987; p. 76.
  8. Vd. Fuenzalida B., Rodrigo: Marinos ilustres y destacados del pasado, Sipimex, Concepción, 1985, p. 213.
  9. Cf. Apuntes hidrográficos de la costa de Chile acompañados de algunos planos levantados por los oficiales de la Armada de la República; Santiago, 1866; p. 80.
  10. “Trabajos hidrográficos sobre el canal de Dalcahue en Chiloé, ejecutados en el bergantín goleta Janequeo”; en: Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Marina presenta al Congreso Nacional de 1857.
  11. Cf. Guarda, Gabriel: Cartografía de la colonización alemana, 1846-1872, Santiago, 1982, p. 29.
  12. Cf. El Araucano, 19 de agosto de 1867, Santiago, p. 3.
  13. Ibídem, p. 9.
  14. Cf. Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Marina presenta al Congreso Nacional de 1862, Imprenta Nacional, Santiago, 1862; p. 24.
  15. Cf. Historia del Instituto Geográfico Militar y su aporte al desarrollo nacional, Imprenta del Instituto Geográfico Militar, Santiago, 2004; p. 51.
  16. Cf. Vidal Gormaz, F.: Continuación de los trabajos de esploración del río Valdivia i sus afluentes, Santiago, Imprenta Nacional, 1869.
  17. Cf. Vidal Gormaz, Francisco: Esploración hidrográfica de la costa i ríos de La Araucanía, comprendidos entre la Punta Cauten por el Norte i la Punta Chanchao, por el sur, hecha de órden del Supremo Gobierno; Imprenta Nacional, Santiago, 1867; p. 9.
  18. Izquierdo Araya, Guillermo: “Don Francisco Vidal Gormaz, vida y obra”, Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Santiago, 1978; p. 66.
  19. Cf.: “Medios de comunicación científica de la Marina”, en: Saldivia, Zenobio: La ciencia en el Chile decimonónico, Ediciones de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Santiago, pp. 134 y ss.
  20. Lastarria, José Victorino: Recuerdos literarios (2ª edición), Santiago, Librería de M. Servat, 1885, p. 491.
  21. Denominación instaurada por Thomas Khun para aludir a la continuidad y expansión de un paradigma explicativo, planteado en su libro La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2000.
  22. Cf. Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Marina presenta al Congreso Nacional en 1870, Imprenta Nacional, Santiago, 1870.
  23. Cf. Esploraciones hechas por la corbeta Chacabuco al mando del capitán de Fragata don Enrique M. Simpson, en los archipiélagos de Guaitecas, Chonos i Taitao, Imprenta Nacional, Santiago, 1874.
  24. Cf. Valenzuela U., Renato: Génesis y desarrollo del pensamiento marítimo de Chile; op. cit.; p. 50.
  25. Las personas interesadas en estudiar las expediciones mencionadas del año 1875 pueden leer los informes de las mismas en: Anales de la Universidad de Chile, tomo XLIX, Santiago, 1877. O en el Anuario hidrográfico de la Marina de Chile, año II, Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1876.
  26. Carta de los desiertos de Tarapacá i de Atacama, publicada por la Oficina Hidrográfica sobre varios planos, documentos i observaciones de viajeros; Santiago, 1879.
  27. Cf. Martinic, Mateo: Historia del Estrecho de Magallanes, Editorial Andrés Bello, Santiago, 1977; p. 92.
  28. Cf. Ferrer F., Hernán: “Expediciones hidrográficas en la región de Chiloé”; op. cit.; pp. 77-78.
  29. Cf. Maldonado, Roberto: Estudios geográficos é hidrográficos sobre Chiloé, Establecimiento Tipográfico Roma, Santiago, 1897.
  30. Ibídem.
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