Letralia, Tierra de Letras Año VIII • Nº 101
6 de octubre de 2003
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Artículos y reportajes
El desbarrancamiento de Vallejo
Antonio Mora Vélez

Comparte este contenido con tus amigos
Fernando VallejoLos teóricos de la novela sostienen que a este género literario le cabe todo, cualquier cosa, hasta un "madrazo" al Papa o al presidente de la República; y que hoy no es necesario contar una historia con la precisión de detalles de la novela decimonónica, ni tener los elementos sabidos de la narrativa: el diálogo, el monólogo, la descripción y la narración, en sus justas proporciones. Sostienen, igualmente, que la novela postmoderna es un caos porque igual es el mundo que ella refleja. El desbarrancadero de Fernando Vallejo parece haber sido pensada con esos criterios y, además, con el de que cualquier cosa es novela con tal de que el escritor haya logrado escribir doscientas páginas, así sean de pura y soberana paja.

Aparte de una serie de enfrentamientos entre el narrador en primera persona y el escritor, ambos Fernando Vallejo, diciendo el segundo lo contrario que ha afirmado el primero unas líneas arriba; pero manejados, los enfrentamientos, con un candor de escritor de secundaria; y aparte de las referencias científicas a algunos temas de la biología humana, no hay en esta novela premiada con el Rómulo Gallegos de Venezuela, algo que obligue a pensar al lector que su esfuerzo de lectura lo ha llevado a aprender otra cosa de importancia, que ha crecido intelectualmente, después de ella.

La novela abunda en improperios, expresados con un lenguaje procaz, contra la religión, la Iglesia, Dios, el Papa, los gobernantes, los próceres, la población colombiana, la política, la familia, la madre, que no se cansa de repetir durante las casi doscientas páginas; y que son, más que una toma de posición ideológica en torno a tales temas, una supuración de heridas ancestrales, un desahogo de frustraciones y una manifestación de ese ego resentido y de mala leche que maneja el autor. Es, en la forma, una novela sin trama, un desordenado transcurrir de todo lo que se le ocurre al autor, que termina en el hastío y en el aburrimiento. Hay, en cambio, abundantes párrafos que muestran los estragos de la droga en hombres que la han convertido en su "modus vivendi" y forma de enfrentamiento de la realidad, confesiones homosexuales y afirmación de antivalores que han ayudado a deteriorar el tejido social en nuestro país y que el narrador personaje convierte en "liberadores" de su tragedia personal. Nada que mueva a la reflexión seria; nada que eleve la condición humana; nada que enaltezca el pensamiento; casi todas sus anécdotas producen náuseas, pena, rabia, lástima y una que otra carcajada de conmiseración.

El desbarrancadero es la presunta historia de una familia burguesa de Medellín venida a menos, y de dos muertes: la del padre, el único que se salva de los odios del personaje narrador, y la de su hermano homosexual y drogadicto. Vallejo pretende establecer una identidad entre lo que le sucede a la familia de la novela y lo que le ocurre a Colombia. No hay solidaridad, ni amor, ni respeto por la diferencia en ese hogar signado por el odio y en el cual la frase más común de la madre Loca hacia sus hijos es "hijueputa". Pretende ser la historia de una familia destruida como el país, sí, pero no por la intolerancia, el egoísmo, el vicio, el crimen o la ambición desmedida —por unas relaciones sociales degradadas, como podría suponerse—, sino por los genes tarados de los abuelos y bisabuelos Rendón, los ancestros de la madre Loca.

Alguna vez un escritor colombiano residenciado en el exterior me dijo que los intelectuales capitalinos eran muy dados a encumbrar medianías literarias e intelectuales con tal de no perder el "poder central" cultural, que es parte del "imperialismo interno" de que nos hablara alguna vez el científico social José Consuegra Higgins en sus clases de economía política. Tal parece ser el caso de este señor Fernando Vallejo y su lenguaje alborotador de viejas rezanderas, que ha "desbarrancado" el premio Rómulo Gallegos con su triunfo, antes de que lo hiciera el presidente Hugo Chávez por decreto, y que nada le dice al país con esta novela, ni nada le propone, como no sea el camino de la evasión hacia posturas nihilistas que inhabilitan la acción y la crítica humanas.


       

EDITORIAL
INFORMACIÓN
LITERATURA EN INTERNET
ARTÍCULOS Y REPORTAJES
SALA DE ENSAYO
LETRAS
EL BUZÓN
POST-SCRIPTUM

Letralia participa en el Stockholm Challenge 2003/2004



Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 20 de octubre de 2003 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes