Saltar al contenido

IAP, Inteligencia Artificial Primitiva
(ficción pura)

lunes 27 de mayo de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
IAP, Inteligencia Artificial Primitiva (ficción pura), por William Guaregua
Salió el humanoide como uno más hacia la calle.
Bestiario artificial, antología digital por los 28 años de LetraliaBestiario artificial. 28 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2024 en su 28º aniversario
Lee o descarga el libro completo aquí

El presidente de un país caribeño imaginario y surreal, otrora ostentoso de riqueza y de falsa felicidad, y que compite con los niveles haitianos de hambre, niveles educativos y de salud, con pretensiones de reelegirse perpetuamente, sustentado por la cúpula cívico-militar que disfruta de los placeres autóctonos y globales, y por una justicia que a diario elimina cualquier posibilidad de cambio político y económico, quien todos los años viene con el mismo discurso de que este año sí despegará la economía hasta la estratósfera, con una nueva moneda más fuerte que la anterior y que al final ha terminado adorando secretamente la imagen de George Washington pintada de verde sobre papel y vejando la imagen de sus propios históricos patriotas al ser humillados cuando son timbrados para que su destino final sea la basura, quien hace de nuevo prócer un foráneo con su imagen multiplicada sobre murales por las calles de las principales ciudades, encarcelado en los Estados Unidos y rescatado “valientemente” en intercambio de prisioneros, quien compra alimentos de pésima calidad nutritiva y poco agradables al paladar, pagados a dólares contantes y sonantes para pagar colaboradores en los países donde hace sus negocios, quien expulsaba cada año una nueva manada de corruptos de entre sus propias filas dándose golpes de mea culpa, otrora amigos incondicionales, porque los hechos eran simplemente inocultables, al observar los nuevos cambios tecnológicos ha tenido una nueva brillante idea, un nuevo anuncio para otro año de despegue intergaláctico: salir de la crisis utilizando IA: traer inteligencia donde no existe y artificialidad donde es el pan de cada día.

Necesitaban un ente inteligente que los ayudara a resolver el dilema de cómo hacer felices a las personas sin que tengan nada sino recibiendo las dádivas generosas del régimen. La copia al carbón del modelo cubano, con ciudadanos improductivos viviendo hacinados entre ruinas en la capital, moviendo el culo a ritmo de son para que los turistas presenciaran su felicidad, ya no funcionaba.

Dado que, para los gigantes tecnológicos, lo más importante ha sido tener una competencia billonaria sin importarles venderle el alma al diablo, la suma de dinero ofrecida durante el proceso de licitación para el servicio abrió los ojos codiciosos de los magnates de computadores y software, nuevas energías, social-media e intercambio compraventa. Uno de ellos ofertó la propuesta más creíble e inmediata con la condición de que su nombre y su firma se mantuvieran en secreto ante el mundo: un prototipo de robot con características humanoides, con servicio técnico y asesoría garantizada, provisto con una base de datos universal y el procesador más rápido del planeta que podía caber en una caja de fósforos. Ya pagada la cuenta billonaria el robot llegó en su caja de titanio y fue trasladado a la cámara más secreta y segura del palacio de gobierno. Los técnicos extranjeros abrieron la caja y activaron las funciones primarias del humanoide; el mismo se levantó y miró alrededor un círculo de ministros y militares con los ojos abiertos de par en par. Salió de la caja y se acostó en la camilla dispuesta para comenzar su programación final. La primera fase, un proceso de aprendizaje profundo en que las redes neuronales asocian la base de datos de imágenes, grabaciones, textos, palabras de los cincuenta lenguajes más conocidos del planeta, información personal de los habitantes con acceso a internet de cualquier país que esté conectado a la red universal. La segunda fase, el aprendizaje de máquina con algoritmos destinados a sus propios movimientos y a la búsqueda de datos reales para alimentarse a medida que se puede adentrar en el mundo real. Tercera y última fase del proceso, imitación del pensamiento y de los actos puramente humanos.

Una vez finalizada la programación el técnico le suministró al robot los objetivos para los cuales fue diseñado y programado. El robot cambió el color de su piel artificial de un blanco anglosajón a un trigueño promedio del Caribe, sus ojos de azul celeste a un café recién tostado, su pelo rubio y liso a un negro profundo y un tanto ondulado y vellosidades del mismo color distribuidas proporcionalmente por todos los rincones del cuerpo. Luego de la transformación física el humanoide se sentó sobre la camilla, giró su mirada unos ciento ochenta grados con su rostro totalmente serio y preguntó:

—¿Cómo está la vaina?

Todos alrededor comenzaron a verse unos a otros antes de soltar las carcajadas. El robot bajó de la camilla y desde sus adentros una música de salsa comenzó a sonar y el asexuado pseudohombre comenzó a bailar a ritmo perfecto. Una vez pasada la euforia pidió ser vestido con ropa de un ciudadano común, que no llamara la atención. También pidió hablar a solas con el jefe real, quien quiera que fuera. Se asombraron del requerimiento y les dijo:

—Si estás en el poder es tu deber desconfiar.

El jefe consultó al programador si existía algún peligro en quedarse a solas con la nueva máquina, a lo cual se le respondió que el humanoide seguía los principios robóticos de Asimov de no herir a ningún ser humano, lo cual trajo la tranquilidad, y pidió a todos salir del salón. Nadie supo qué cosas preguntó el robot ni cuáles fueron las respuestas. Una vez concluida la entrevista se pidió nuevamente que todo el comité entrara para que hicieran sus preguntas y presentaran sus ideas sobre el papel que debía cumplir la novel adquisición. Una vez terminada la ronda el robot volvió a hablar:

—Necesito salir a la calle.

Comenzó un nuevo rumor entre los asistentes sobre la conveniencia de esta petición. Como es sabido, cualquier invitado del extranjero debe ser custodiado para seguir las rutas turísticas protegidas y evitarle conversaciones con los ciudadanos comunes. Como resultado de su conversación privada, el jefe ordenó dejar salir al robot por la puerta de entrada y salida de los empleados de limpieza y de la cocina.

Salió el humanoide como uno más hacia la calle con su habilidad de desactivar momentáneamente los detectores de metales y explosivos. Al principio mantuvo su dispositivo para ser detectado de manera satelital. Pero podía detectar a cada paso a sus vigilantes alrededor. Entró a uno de los otrora populosos mercados, donde miró a las personas cargar en magras bolsas de plástico unos pocos alimentos, y su procesador comparaba con las contrastantes imágenes históricas del mismo sitio. Entró a uno de los sucios baños comunes y transformó totalmente su imagen a una figura más prieta y desactivó su dispositivo de detección. Así desapareció de los radares y de la vista de sus vigilantes. Se encendieron las alarmas internas y llamaron al programador para interrogarlo, pero él dijo que sencillamente el robot estaba cumpliendo sus objetivos y volvería en corto tiempo con su reporte y conclusiones.

Durante su periplo, el humanoide tuvo varios intentos de atraco por delincuentes comunes, pero una vez que cambiaba sus ojos a un color rojo fuego, pensaban que era el mismo diablo o cualquiera deidad hecha hombre de la popular santería o de brujos paleros. Hasta un balazo recibió, pero su armadura de titanio apenas sufrió un pequeño hundimiento. Los mismos policías y guardias intentaron matraquearlo pidiéndole dólares para dejarlo continuar su paso y al negarse a hacer los pagos fue encarcelado. Allí pudo comprobar el micropoder de los jefes internos de las cárceles y uno de los rostros que miró al finalizar su programación en el búnker, al conectar toda la información de su gigantesca base de datos. Salió de la cárcel camuflado en guardia. Caminó en ciudades casi desiertas por el miedo y porque la gente que poseía vehículos apenas podía comprar miserables litros de gasolina en un país que flotaba sobre petróleo.

Viajó hasta el sur hasta hacerse minero clandestino y observar la destrucción progresiva de la naturaleza por la ambición de oro. Intervino las comunicaciones y pudo ver los vínculos con políticos, militares y guerrillas foráneas, y la cara en el tope de la pirámide fue la de otro de los que observó el día de su despertar.

Se fue hasta la frontera para unirse a un grupo que se marchaba del país y pudo averiguar que era una mezcla entre familias que ya no soportaban vivir en la miseria a la que habían sido sometidos, con sinvergüenzas que sólo pensaban en vivir sin trabajar y hacer del hecho una proeza, a la par que delincuentes que se encaminaban con oscuros propósitos que su procesador intentaba descifrar. Pasó por el tapón de la selva, vio cadáveres abandonados a merced de las bestias, vio violaciones, extorsiones y expresiones totalmente inhumanas. Al salir de la selva pudo corroborar la presencia de los colaboradores del negocio de los alimentos en Centroamérica meter la mano para crear caos en el norte, hasta llegar a la frontera de los Estados Unidos, al negocio de los coyotes, más violaciones, más miseria y una que otra familia que intentaba sobrevivir en ese caos para tener una vida mejor. Volvió en un par de meses por esa misma vía y se reportó ante sus compradores.

Camuflado como un empleado del palacio de gobierno con carnet de identidad colgada al cuello, tomó su forma original ante uno de los guardianes y dijo:

—Vengo a entregar mi reporte y la solución.

Otra vez se volvieron a encender las alarmas internas y se llamó al comité. Allí estaba nuevamente el robot en el búnker de seguridad junto a su programador. El humanoide comenzó a proyectar desde sus ojos y hacia la pared un resumen de las imágenes más importantes de todo lo que había visto en su periplo en una película de dos horas de duración. La respuesta del jefe de gobierno fue:

—Todo eso ya lo sabemos, sólo necesitamos una solución para la felicidad del nuestro pueblo.

El robot volvió nuevamente a extender su mirada por los ciento ochenta grados y dijo:

—La solución para la felicidad de este pueblo es que ustedes aquí presentes desaparezcan o se autodestruyan. Yo no puedo hacerlo porque estoy programado por los principios de Asimov.

El rumor y el escándalo llegó a los límites de adrenalina. Salieron el jefe de Estado y su comitiva a una reunión en otra sala, dejando al robot y a su programador a solas. No hubo una palabra entre ellos, sólo espera. En unos cuarenta minutos volvió el comité y el jefe dijo al programador:

—La nueva orden es que el robot se autodestruya. Posee demasiada información secreta.

Así, el robot, después de dar una mirada de asentimiento a su programador, comenzó a expulsar humo y pequeñas llamas, tanto interna como externamente, hasta quedar totalmente ahumado, ennegrecido. Un par de extintores terminaron la tarea.

Un equipo especializado recogió los escombros y se encargó de trasladarlo hasta el basurero más grande de la ciudad, en donde personas sobrevivían de los desechos urbanos. Algunos intentaron tomar el metal para venderlo a los chatarreros, pero un toque de corriente eléctrica los disuadía del intento. Vinieron temporadas de lluvia y sequía y la chatarra seguía allí. Una tormenta eléctrica descargó un rayo muy cerca de ahí y en el lugar de uno de los ojos una luz roja volvió a parpadear. Durante su breve estadía en el país conoció el temperamento de sus compradores y se construyó en sí mismo una estructura blindada interna y profunda de fibras ópticas y sensores desperdiciados, muy rudimentaria, que le permitiría despertar no ya como un robot de Asimov sino con un cerebro reptil artificial, primitivo e instintivo que busca venganza contra quienes intenten destruirlo nuevamente.

William Guaregua
Últimas entradas de William Guaregua (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio