
Navegar con Mauricio Wiesenthal es hacerlo con el lenguaje, pero también con las olas del mar, con ese mundo que sólo él conoce y que ha visto como pocos. Deudor de todos los sabios conocidos, en sus libros nos ofrece el aroma a Rilke, a Thomas Mann, a los grandes músicos, como hizo en su estupendo Libro de Réquiems, pero también en El esnobismo de las golondrinas, donde sus paseos por ciudades y hoteles del mundo era puro conocimiento de un tapiz, un lienzo que el escritor catalán ha construido con esmero y delicadeza.
Llega en Acantilado, la editorial que más lo ha publicado, Las reinas del mar, y nos vamos con él hacia su infancia en Cádiz, al recuerdo de su padre, ese hombre maravilloso que lo llevaba por los canales de Venecia para llegar a un cementerio. Wiesenthal deja al lenguaje que baile y que nos abrace para siempre. Cuando recuerda Mauricio: “Mi padre me llevaba también a ver los barcos en el puerto de Cádiz”.
Y el misterio de los libros de la biblioteca de su padre, que se hallaban en la mayor altura, para que el niño Mauricio no llegara a ellos. Pero, como amanuense, como trepador del lenguaje, el niño saltimbanqui que ya jugaba con la belleza, los leía. Desde Diderot a Bakunin, pasando por Rilke, Unamuno, Tagore y tantos otros. Leer es un viaje también en el cual descansamos las manos y los pies y abrimos los ojos, para que nos entre el mundo por la vista.

Las reinas del mar
Mauricio Wiesenthal
Crónicas
Editorial Acantilado
Barcelona (España), 2024
ISBN: 978-8419036971
400 páginas
Y navegar en los mejores barcos, porque, como niño que aprendía de los mayores y los admiraba y respetaba, buen ejemplo para estos tiempos abúlicos, Mauricio era ya un navegante de un mar verdadero, de cruceros, de barcos como el Cunard.
Pero el libro no es sólo un retrato fiel de sus viajes, de marineros, de grandes escritores, como Conrad, que vivieron el mar de primera mano, sino también un consejo para todos los que, siendo jóvenes, aún no saben a dónde van:
A mis años puedo ya evocar esos tiempos como un regalo, y pido con humildad a los jóvenes que me permitan entregárselo con todo mi corazón con la misma ternura con que un abuelo depositaría una carta o un tapiz antiguo en las manos de sus nietos, al despedirse para siempre de ellos.
Y cuenta su relación con Sarah, como la llama él, la que ha marcado su vida, cómo se conocieron y cómo el aroma a Proust de Mauricio Wiesenthal, la mirada honda de Rilke, el mundo escondido de D. H. Lawrence, viven en él. Elegante, como lo era también Juan Gil-Albert en su casa de Valencia, donde coleccionaba cuadros y perfumes, Wiesenthal se lleva sus aromas, sus barcos y maquetas y su biblioteca de soltero en Albany, para vivir con Sarah.
Y oímos la respiración de Mauricio Wiesenthal cuando baila el tango “Celos” con Sarah, mientras viaja en un barco, porque este es un libro de viajes por mar, donde el azul del cielo se confunde con el del océano. Pero también es un bello homenaje a la mujer amada; así la describe, con su prosa maravillosa, Mauricio:
Sarah se quitó el chal de lana que se había echado por los hombros cuando apretaba la tormenta, descorrió las cortinas, abrió las puertas de la terraza y un sol blanco y reverberante como una avalancha de nieve inundó la habitación.
Para escribir así, haciendo un lienzo del lenguaje, hay que haber leído mucho, viajado, amado, y el escritor catalán nos envuelve en su prosa luminosa en Las reinas del mar.
- Los espejos rotos de Gonzalo Celorio
(sobre el libro Ese montón de espejos rotos) - domingo 21 de diciembre de 2025 - Aparición y otras desapariciones, de Ángel Guinda - sábado 6 de septiembre de 2025
- J. Benito Fernández:
“Todo se puede contar, pero no todo se debe contar” - viernes 1 de agosto de 2025


