
Editorial Olifante publica una biografía del poeta zaragozano Ángel Guinda (1948-2022) que lleva por título Las claves de lo oscuro. El autor del libro es J. Benito Fernández (Pontevedra, 1956), conocido por sus biografías de personajes controvertidos y por su incansable labor de periodista en diversos medios de comunicación.
Y, además, ha surgido una importante novedad, publicada también por Olifante: la poesía reunida de Guinda, que abarca desde 1970 a 2022 y está titulada Vida ávida, otro motivo para celebrar a este gran poeta aragonés.
—¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?
—La idea surgió de la Editorial Olifante. Al parecer a Ángel Guinda, gran lector de biografías, le gustaban las de mi autoría, por lo que Trinidad Ruiz Marcellán, primera esposa de Guinda y editora, me propuso la idea. En ese momento, yo estaba ultimando el libro sobre Juan Benet, El plural es una lata, y le pedí a Trinidad un tiempo. Además, la advertí de que yo no conocía la obra de Guinda y mucho menos su periplo vital. Y fue entonces cuando ella y la última esposa de Ángel, Raquel Arroyo, se volcaron en facilitarme todo tipo de información. Trinidad me envió la bibliografía del poeta, que leí muy gustoso y a veces muy sorprendido, he de confesar.

—¿Qué etapa de la vida de Ángel Guinda te ha interesado más?
—La que más me interesa es su infancia, adolescencia y juventud. También, cómo no, cómo hace frente a la muerte.
—Cuéntanos alguna anécdota que te surgió cuando entrevistaste a los escritores que han colaborado en el libro.
—Pues para qué nos vamos a engañar, hay algunas anécdotas inconfesables. Pero yo tengo una máxima: todo se puede contar, pero no todo se debe contar.
—Después de la escritura, llega la revelación sobre el biografiado, ¿cómo ves ahora al Ángel Guinda poeta y al Ángel Guinda ser humano?
—El ser humano que yo conocí, superficialmente, pero soy muy intuitivo, no ha variado de mi percepción primigenia. Un ser humano enorme, de una gran bonhomía. Me ha sorprendido la grandiosidad como poeta, al que había leído muy someramente, aunque no me considero un buen degustador de poesía.
—¿Crees que Ángel Guinda fue un hombre obsesionado con la muerte, como queda reflejado en su poesía?
—No estoy de acuerdo. Ángel no estaba obsesionado con la muerte. Sí está presente en su obra, porque su nacimiento está marcado por la muerte de su madre. Como él dice: nació matando. Pero él hacía bromas con la muerte y su acabamiento lo llevó con mucha dignidad. Tenía terror al deterioro, nada más. Ángel es un gran poeta romántico y muy vitalista.
—En esta labor de escritura biográfica, ¿cómo comienzas la investigación de un personaje?
—Cuando elijo a un personaje, lo primero que hago es leer toda su obra. Luego visitas hemerotecas, locales, calles, cementerios, iglesias, registros civiles... Como suele ser habitual, en la obra siempre se deslizan rasgos biográficos, por mucho que el autor quiera ocultarlos. Siempre hay una dedicatoria, algo que me lleva a indagar y tirar del hilo. Aunque no soy de los biógrafos que se nutren exclusivamente del análisis de la obra y buscan obsesivamente rasgos biográficos en ella, como los hay. Con posterioridad, con los datos obtenidos y los documentos logrados (correspondencia, pasaportes, cartillas escolares, carnés, expedientes académicos, de prisiones, si los hubiere) trato de construir la columna vertebral del libro: la cronología. Luego voy entrevistando a interlocutores. Unos me llevan a otros, por lo general. Siempre hay alguien que te dice: “¿Has hablado con fulano?”; “Tienes que hablar con mengano”. Toda la información obtenida la voy volcando en la tabla cronológica. Una vez completados los años, comienzo a escribir y me asaltan todo tipo de dudas, porque la memoria suele ser caprichosa. Se dan muchos lances en los que han estado presentes varias personas y cada uno tiene su versión, sin ánimo de mentir. Son sus recuerdos. Construir ese puzle es doloroso, pero a la vez divertido. He de volver a preguntar, hasta el punto de dejar la estela de oneroso. Pero este oficio es así, si pretendes respetar el sagrado rigor. Esa es mi metodología.
—¿Qué anécdota del libro o qué personaje de los que has entrevistado para la elaboración del libro te ha enriquecido más?
—Siempre suelo decir que para lo único que me sirve escribir libros es para hacer amigos, y muy buenos amigos. En este caso no podía ser de otro modo. Sería injusto dar nombres, pues Ángel apenas dio cobertura a los pusilánimes, aunque sí a más de un latoso. Todos los personajes enriquecen.
—¿Te ha cambiado la idea del mundo poético de Ángel después de la escritura del libro?
—No me la ha cambiado, me lo ha descubierto.
—Toda biografía aporta conocimiento, ¿crees que el libro servirá para adentrarse mejor en la poesía de Ángel?
—No tengo la menor duda de que el libro servirá para mejor entender la poesía de Ángel, de ahí el título Las claves... Las biografías son útiles para comprender mejor al personaje, para desvelar las claves de su obra... Creo que para los estudiosos serán provechosas las biografías. Ese es mi legado, o eso espero, y me doy por satisfecho.
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