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Voces, voces (2)

jueves 10 de octubre de 2019
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“Voces, voces… escucha el soplo,
el mensaje incesante que se forma del silencio”.

Rilke
Voces, voces, por Rafael Fauquié
Mucho más que de avanzar, trato de convertir mis pasos en aceptadas huellas.
Voces, voces, por Rafael Fauquié“Esta voz con que vivo: una y otra vez regresa sobre sí misma para contemplarse en su reflejo”, escribe el venezolano Rafael Fauquié en una de las reflexiones vertidas en esta serie de trabajos a medio camino entre el ensayo y la prosa poética, en los que con su inconfundible estilo intenta esclarecer quién es y, por ende, quiénes somos.

Junto a mi voz reconozco…

…reconozco mi propósito por construir un camino en íntimo acuerdo conmigo mismo, cercano a esa memoria que es corolario de mi tiempo vivido. Junto a mi memoria busco acercarme a cuanto me concierne: días gastados, sueños y verdades, propósitos y espejismos, viejas y nuevas ilusiones… A veces acicate, a veces desaliento, frecuentemente arbitraria, mi memoria es siempre ilustrativa. Me apoya sobre íntimas mitologías. Me ayuda a distinguir lo necesario sobreponiéndose a lo fútil. También me lleva frecuentemente a contradecirme —al igual que cualquier otro ser humano.

…reconozco haber sentido desde muy temprano la necesidad de la separación, de la lejanía.

…reconozco mi disposición de aceptar de buen grado el elogio ajeno. Por muy convencidos que estemos de nuestros méritos nunca nos abandona cierta inquietud: ¿lo habremos hecho bien? Sin embargo, la aprobatoria mirada de los otros nunca deberá orientar acciones y esfuerzos únicamente hacia ella. La única respuesta a la propia inseguridad reside en nuestros logros. Con extraordinaria agudeza, Schopenhauer anotó la diferencia entre el orgullo y la vanidad: aquél es o puede ser legítimo, se relaciona con méritos propios y con la convicción de lo que somos y podemos llegar a ser. La vanidad, por su parte, no es sino una mendiga búsqueda de aprobación ajena y de la autoestima a partir de esa aprobación.

…reconozco la importancia de mis sentimientos. Sólo aferrándome a ellos lograré realmente apoyarme en mí. Y perderé cada vez que los enfrente equivocadamente o ignore sus alcances. Fuerza de mis sentimientos: posibilidad de conquistarme a mí mismo, en mi fortaleza tanto como en mi debilidad.

…reconozco haber sentido desde muy temprano la necesidad de la separación, de la lejanía. Sin embargo, absurdamente, quise, a veces, imitar a otros, y pudo llegar a dominarme la envidia ante esos otros: ante sus gestos, sus relaciones, sus propósitos… Poco a poco fui aprendiendo a distinguir a mi manera, a nombrar a mi manera, a actuar a mi manera. Se hizo costumbre en mí rechazar obediencias impuestas, cuestionar hábitos que muchos o casi todos compartían.

…reconozco ser eso que los instantes del camino fueron dibujando lentamente sobre mi rostro.

…reconozco mi propósito de resistir al tiempo o de acompañarlo con argumentos apoyados en ilusiones, convicciones, espejismos…

…reconozco en mi tiempo vivido un camino donde todas y cada una de mis huellas precisan de un sentido y un destino. Mucho más que de avanzar, trato de convertir mis pasos en aceptadas huellas.

…reconozco mi propósito por aferrarme a oportunidades y aciertos; y, sobre ciertas fantasmagorías, dibujar horizontes, metas, propósitos…

…reconozco en la esperanza el alimento necesario para el inestable ahora.

…reconozco haber divisado en algunas imágenes el incuestionable rostro de la verdad, algún parcial reflejo del universo todo, un atronador grito de la razón y de la fantasía…

…reconozco mi quimérico afán por hacerme de un lugar donde desaparezcan titubeos y tropiezos, donde se borren los desmoronamientos, donde se desvanezca la vulnerabilidad y el desconcierto.

…reconozco la conveniencia de no vociferar jamás ciertas deificaciones compañeras de mis días, de no mostrar demasiado abiertamente convicciones convertidas en irrenunciable verdad.

…reconozco no poder prevenirme del azar pero sí intentar ubicarme al interior del vasto porvenir.

…reconozco ser, a la vez, cambio y permanencia.

…reconozco en la felicidad la mayor legitimación de la existencia.

…reconozco mi rechazo a la falta de compromiso, y mi desconfianza hacia la voluntad sin norte.

…reconozco un sentido de circularidad en los dibujos de mi tiempo (acaso por ello logré entender a mi padre sólo cuando debí entender a mis hijos).

…reconozco mi profundo escepticismo hacia voces como “triunfo absoluto”, “logro definitivo”, “competencia”, “éxito”, “fortuna”.

…reconozco mi necesidad de apoyarme en la visión de un cierto allí aguardando por algún indudable después.

…reconozco mi rechazo a la falta de compromiso, y mi desconfianza hacia la voluntad sin norte, la falta de ilusiones, los innecesarios apresuramientos, la inocencia incapaz de aceptarse a sí misma, la atolondrada rebeldía, el inconformismo sin sentido, el incesante desaliento, la mórbida apatía…

…reconozco mi propósito de dibujar versiones de un yo ideal, aunque en modo alguno idealizado.

…reconozco mi anhelo de que a la imagen de un remoto e inestable principio suceda la visión de armoniosos desarrollos prolongándose hacia un final donde válidamente concluye todo el tiempo anterior.

 

Otros textos de esta serie

Voces, voces (y 4): En la voz de los días he reconocido..., por Rafael Fauquié

Voces, voces (y 4)

Voces, voces (3): En la voz necesaria del amor reconozco..., por Rafael Fauquié

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Voces, voces (1): Esta voz con que vivo..., por Rafael Fauquié

Voces, voces (1)

Rafael Fauquié
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