“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Automatic for the People, de R.E.M.: 30 años

martes 31 de mayo de 2022
Automatic for the People, de R.E.M.
El 5 de octubre de 1992 la banda R.E.M. publicó Automatic for the People, su octavo trabajo de estudio.

Arrojado tras la estela dejada por el filme de acción y deportes extremos Punto de quiebre (1991), de Kathryn Bigelow, asistí junto a mi amigo Cléiber a una competencia de skateboarding en una u instalada en la urbanización Fundación Mendoza de mi natal ciudad Maracay, entre finales de 1991 e inicios de 1992. El implacable paso de los años terminó borrando de mi memoria los rostros de los competidores y muchas de sus piruetas aéreas, pero lo único que se ha mantenido fijo es una canción repetida una y otra vez mientras los skaters desafiaban la gravedad con sus giros elásticos: “Losing My Religion”, de la banda estadounidense R.E.M.1 Esto no debe sorprendernos, pues al término del 91 la canción le había provisto a la banda el estatus de superestrellas internacionales y, para el interés del versado en letras y artes plásticas que se aproxima a estas líneas, su multipremiado video construía las imágenes nutriéndose del clásico cuento “Un señor muy viejo con alas enormes”, de Gabriel García Márquez, y de los colores de la paleta del pintor renacentista Caravaggio. El personaje alicaído del clip podía resultar una metáfora orientacional anticipatoria del tono general que predominaría en Automatic for the People (1992), el siguiente álbum de la banda y una de las obras cumbres de los 90 y de la historia de la música.

Justo cuando el mundo se sacudía con las estridencias del grunge de las bandas de Seattle, el 5 de octubre de 1992 R.E.M. publicó Automatic for the People, su octavo trabajo de estudio y una apuesta arriesgada por un sonido a contracorriente del mainstream de la era, visto que el nuevo material estaba repleto de letras melancólicas y de un tono sombrío que estimulaban la contemplación y las cavilaciones, antes que el zarandeo de la cabeza y el baile frenético en la olla (o pogo) de un concierto. El envejecimiento, la epidemia del sida en los 80, las transformaciones veloces y radicales de una época, la depresión económica y la Guerra del Golfo Pérsico fueron detonantes de la más oscura obra creada por la banda. En términos formales, el álbum exhibía la preeminencia del piano, el oboe, la melódica, la mandolina, las guitarras acústicas, y contó con los arreglos de cuerdas de John Paul Jones, el multinstrumentista de la banda Led Zeppelin, y con la producción de Scott Litt, quien ya había trabajado en los álbumes anteriores de la banda Document (1987), Green (1988) y Out of Time (1991). Las doce composiciones que dan cuerpo y alma al álbum siguen el siguiente orden: “Drive”, “Try not to Breathe”, “The Sidewinder Sleeps Tonite”, “Everybody Hurts”, “New Orleans Instrumental nº 1”, “Sweetness Follows”, “Monty Got a Raw Deal”, “Ignoreland”, “Star Me Kitten”, “Man on the Moon”, “Nightswimming” y, por último, “Find the River”.

 

Otra forma de la carretera y del viaje tiene que ver con la estructura del álbum, cuyo tema inicial se titula “Drive” y cierra con “Find the River”.

En la carretera

Sólo alguien afectado por una imaginación exigua, o cuando menos fatigada, puede sorprenderse al encontrar la novela En la carretera, obra magna del escritor estadounidense Jack Kerouac, en una lista elaborada por The New York Times sobre los libros favoritos de Michael Stipe. Asevera la voz de R.E.M. que esta obra literaria sirvió de modelo para que la banda explorara la nación e hiciera muchas otras cosas. Por lo que toca a Automatic for the People, hay varios puntos que lo ponen en contacto con la influyente novela de Kerouac. Para empezar, la propia grabación del álbum se dio con saltos entre distintas ciudades de la geografía estadounidense. Otra forma de la carretera y del viaje tiene que ver con la estructura del álbum, cuyo tema inicial se titula “Drive” y cierra con “Find the River”, una pieza nostálgica en la que identificamos de inmediato versos sobre el desplazamiento de lugar: “Hey now, little speedyhead / The read on the speedmeter says / You have to go to task in the city” y “Watch the road and memorize / This life that pass before my eyes / And nothing is going my way”, versos en los que, por lo demás, es dable reconocer el viaje como un usual dominio fuente de la metáfora conceptual la vida es un viaje, por lo que el sujeto de la canción corresponde con un viajero, encontrar el camino con el propósito de vida, la distancia recorrida con las experiencias, los compañeros de viajes con personas que conocemos en la vida, la velocidad física con la intensidad con la que se experimentan las cosas, entre algunas correspondencias de la lengua cotidiana.

Dos casos más puntuales de las ficciones de la carretera son las canciones “Man on the Moon” y “Everybody Hurts”. Nos cuenta Stipe, en el documental Automatic Unearthed, que para el momento en que la grabación del álbum casi había acabado, lo que necesitaban era una letra para “Man on the Moon”. Había creado ésta, continúa contando, mientras caminaba en círculos por el centro de la ciudad de Seattle y escuchaba música con su walkman, lo que puede ejemplificar al pelo este fragmento del ensayo Teoría del viaje, del filósofo francés Michel Onfray, sobre la intensidad que cobra el aparato perceptor de un viajero:

En efecto, el viaje proporciona una ocasión de ensanchar los cinco sentidos: oler y oír más vivamente, mirar y ver más intensamente, saborear y tocar con más atención, el cuerpo estremecido, en tensión y dispuesto a experiencias, registra más datos que de costumbre.

Por otro lado, el video musical de esta canción se centra en la figura en blanco y negro de Stipe quien, cual Travis (Harry Dean Stanton) en el filme París, Texas (1984), de Wim Wenders, camina por una carretera del árido oeste norteamericano. La caminata se interrumpe por un rato después de que Stipe salta a una gandola manejada por el baterista Bill Berry y entra a un restaurante, un típico diner, a un lado de la vía.

Frente a “Man on the Moon” uno no puede dejar de pensar en la historia de la caminata que desarrolla la escritora Rebecca Solnit en su ingenioso y eluminador ensayo Wanderlust: A History of Walking. Nos dice la autora que una condición de caminar en la ciudad es que se hace en soledad, pues el caminante se encuentra rodeado de extraños, lo cual, convengamos con ella, es una condición de posibilidad para la reflexión y la invención. Remata Solnit con la idea de que la alienación, la introspección y la melancolía, en pequeñas dosis, se encuentran entre los placeres más refinados de la vida. La vitalidad de esta quietud la refrenda el primer verso de “Nightswimming”, una canción cuya textura evoca la sencillez y belleza de una canción de cuna: “Nightswimming deserves a quiet night”.

Otra pieza que se hace imperativo revisar por su inmersión en el tema del viaje es el video musical de la canción antisuicidio “Everybody Hurts”, cuya dirección estuvo a cargo de Jake Scott, hijo de Ridley Scott, puesto que allí pasamos de un primer momento en el que vemos a la banda viajar en un auto a un enorme y sombrío embotellamiento, donde cientos de viajeros se encuentran varados y donde, desde una visión omnisciente y ubicua, nos movemos de vehículo a vehículo para conocer los sentimientos y pensamientos de los viajeros allí inmovilizados.

R.E.M.
R.E.M. fue una de las más influyentes bandas de los años 90. De izquierda a derecha, Bill Berry (batería), Michael Stipe (voz), Peter Buck (guitarra) y Mike Mills (bajo).

Stipe confesó que por entonces lo atormentaban el final de la vida de sus padres, la enfermedad de su perro y las pérdidas de muchas vidas causadas por la epidemia del sida.

Sol negro

El dominio conceptual del recipiente puede socorrernos para entender Automatic for the People como un objeto en el que la banda volcó sus miedos y demás emociones por las que atravesaba a inicios de los 90. Al ser entrevistado por Newsweek en 2017, año en el que este álbum arribó a su 25º aniversario, Stipe confesó que por entonces lo atormentaban el final de la vida de sus padres, la enfermedad de su perro y las pérdidas de muchas vidas causadas por la epidemia del sida. De allí que piezas como “Try not to Breathe” (“I need something to fly over my grave again / I need something to breathe”) y “Sweetness Follows” (“Readying to bury your father and your mother / What did you think when you lost another?”) sean hondas reflexiones sobre la muerte y el duelo.

Experimentar la muerte de su hijo cuando tan sólo era un niño llevó a la escritora y filósofa Denise Riley a escribir el conmovedor ensayo El tiempo vivido, sin su fluir, donde apunta la idea de que para los padres que sufren la pérdida prematura de un hijo la percepción del tiempo es modificada violentamente. El tiempo interior del padre que atraviesa el duelo se desgarra y esta fragmentación cesa de coincidir con la narrativa de los eventos del mundo, por lo cual el padre percibe, corporal y cognitivamente, que ha quedado expulsado del fluir normal de la propia vida. Me parece que Automatic for the People es una articulación cercana a la experiencia del duelo. Y quizá la manifestación más lograda de esto sea el video de la canción “Everybody Hurts”, cuyo embotellamiento provoca un corte del fluido normal no sólo del tráfico, sino, antes, de la propia existencia. La parálisis ante la que estamos en este video es un contrapunto del movimiento y del ambiente festivo que encontramos en el embotellamiento del cuento “La autopista del sur”, de Julio Cortázar. Otra pista para entender la suspensión del flujo de la vida en este video la alumbra Julia Kristeva en su ensayo Sol negro. Depresión y melancolía, en el que mantiene que el deprimido experimenta los significantes como objetos vacíos, por lo que no tiene nada de qué hablar. El mutismo de los personajes atrapados en el embotellamiento es acaso la expresión más radical de la detención del flujo, de la dislocación de la narrativa y del sentido. Es dable entender que esto último es lo que precisamente se ha extraviado para ellos.

Bono, el vocalista de la banda irlandesa U2, describió Automatic for the People como “el álbum de música country jamás hecho”. Esta descripción se ajusta, por mucho, a “Drive”, canción que abre el álbum y cuyos acordes de guitarras iniciales bien podrían servir de soundtrack de un wéstern crepuscular protagonizado por Clint Eastwood o Gary Cooper. En cuanto a este último actor, la constante referencia al tictac del reloj en la letra se adaptaría a la perfección a las horas agónicas del filme High Noon, del cineasta John Ford, en el que Cooper da vida a un sheriff a punto del retiro. Al hablar del significado de esta canción, el bajista de R.E.M. Mike Mills se refiere a los cambios que encara la gente joven, cambios que los propios miembros de la banda estaban experimentando al cruzar el umbral de los treinta años de edad.

Hablando de crepúsculos, también la canción “Man On the Moon” se conectó con un momento de duelo. Me refiero, en concreto, a su aparición en los créditos finales del filme homónimo de 1999, biopic en el que el director Milos Forman repasó la vida y obra del comediante Andy Kaufman. Allí la canción le sigue al intenso y dual momento de celebración de vida y doloroso sepelio del popular personaje norteamericano de la televisión y del cine.

Con todo, Automatic for the People no acompañará a ningún otro momento más crepuscular que el ocurrido el 5 de abril de 1994: esa mañana Kurt Cobain, voz y guitarra de Nirvana, despertó más afectado por las drogas y la depresión que de costumbre. El televisor se había quedado encendido desde la noche anterior, estacionado justo en el canal musical MTV. Kurt caminó hasta el estéreo e insertó su copia del álbum Automatic for the People, trabajo que se había ganado su admiración. Charles R. Cross, hagiógrafo de Cobain, relata que el músico dejó el volumen para que sonara como un susurro. Podemos pensar que quería escucharlo como un diálogo con su amigo Michael Stipe. Ese sería el último disco que escucharía Kurt antes de suicidarse de un disparo en la boca.

 

Cheo, como llamamos a su papá, escuchó junto a nosotros la música de nuestra adolescencia.

Brevísima y elíptica crónica de un grupo de WhatsApp

Asunto: Automatic for the People
Descripción del grupo: grupo de melómanos para celebrar los 30 años del álbum Automatic for the People, de R.E.M.
Fecha: 15 de mayo de 2022. Hora: 9:00 am.
Participantes: Ana María, Juan, Jelmut, Cléiber, John, Blanca, Daniel, Raúl, Edward, Edgar, Francia, hermano de Francia, Pedro, Óscar (Chile), Antonio (Perú), Jhovanny (Perú), Nesfran (Panamá) y Kevin (Ecuador).

Jelmut comparte una foto de su CD original y cuenta que convenció a su papá para que lo comprara. Le respondo recordando que Cheo, como llamamos a su papá, escuchó junto a nosotros la música de nuestra adolescencia (pienso en qué grande es su padre).

Blanca envía una foto de Michael Stipe en el video de “Man On the Moon” y remarca que es un “temazo”. Más adelante conversamos de su inclusión en el filme de Milos Forman y en Capitana Marvel, una obra decididamente noventera.

Cléiber trae a colación la vez que vimos la competencia de skate y escuchamos “Losing My Religion” hasta el hartazgo. Da otros detalles que se habían evaporado de mi memoria. Comparto con el grupo un boceto de la introducción de este ensayo, en el que él es un protagonista.

Jhovanny ubica Automatic for the People en el contexto discográfico de los 90. Nevermind, de Nirvana; Ten, de Pearl Jam; Achtung Baby, de U2, y el disco negro de Metallica, son algunas de las obras maestras que enumera para resaltar la importancia del disco de R.E.M. A su juicio, este álbum es superior a Out of Time. Escribo que comparto su opinión.

Juan, quien administra el grupo junto conmigo, nos da un paseo por la discografía de la banda, comenzando por Murmur (1983). Señala que Automatic for the People es un álbum emocional e introspectivo y, a continuación, contrasta el tono de éste con el optimismo de Out of Time. Por lo demás, no pasa por alto la dimensión política del álbum, como es el caso de la canción “Ignoreland” (se me ocurre que este título asemeja el ludismo morfológico del filme Idiocracy, de Mike Judge).

Nesfran subraya el sentido artístico que compone el álbum y la capacidad de redefinirse, de abrir nuevos horizontes, que tiene la banda. A renglón seguido, habla de la transmisión de nuestra formación musical a nuestros descendientes, algo que él hace con sus hijos cuando ve un filme que incluye música de nuestro tiempo en su banda sonora.

Óscar entrevé que el álbum puede tender un diálogo intertextual con El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, dado el tono íntimo, melancólico, y acota que si se toma como paradigma a “Everybody Hurts”, puede sonar derrotista, pero con un giro esperanzador de colofón, tal como ocurre al final de este video con la reanudación del fluir del tráfico. La observación de Óscar me trae a la mente los poemas carpe diem de los poetas ingleses del siglo XVII, por cuanto les recomendaban a los jóvenes aprovechar el tiempo.

Antonio menciona los descollantes logros de la banda en los 80 y los 90. A continuación, habla sobre la posibilidad de que Stipe y Kurt hubieran colaborado y luego hace un seguimiento a la carrera de la banda a través de fotos de archivo.

Edward comparte varias versiones de la canción “Losing My Religion”, lo que nos permite identificar con más claridad el estilo de Automatic for the People. Entre las versiones que comparte, hay una en la que un par de niños tocan instrumentos. Todos volvemos sobre la importancia de transmitir la buena música a las nuevas generaciones. Aprovecho la ocasión y comparto un video de hace unos meses, en el que mi hijo Líam baila una canción de la banda Green Day.

Mi primo Dani pasa fugazmente para elogiar el buen contenido de la conversación.

 

Automatic for the People hoy

Una pregunta relevante es qué trascendencia puede tener Automatic for the People en una época en la que, como lo han observado las mentes lúcidas que estudian nuestro tiempo, reina un positivismo exacerbado. Al igual que lo he hecho en otros lugares, sostendré que el sufrimiento, la soledad, la muerte, el disenso y los eventos contingentes son inherentes a la existencia humana. Al final, esto siempre se impone, por mucho que recurramos y nos aferremos a eufemismos, omisiones y bloqueos contra quienes no suscriban nuestras opiniones. Otro hecho incontestable: al igual que los R.E.M. en el clip de “Everybody Hurts”, podemos abrir la puerta, salir del auto atascado y poner la vida en movimiento.

#The90’srules

Maikel A. Ramírez Á.
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Notas

  1. Michael Stipe (voz), Peter Buck (guitarra), Mike Mills (bajo) y Bill Berry (batería).