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Yady Campo: “Me vislumbro como inmigrante el resto de mi vida”

• Domingo 8 de julio de 2018
Yady Campo
Yady Campo: “Nubes negras sobre Bianchi es una novela corta. Muy corta. No obstante, creo que conjuga los elementos necesarios para gustarle a los lectores: humor, paranoia y ridiculez”.

Yady Campo es una talentosa e interesante escritora venezolana afincada desde hace ya casi dos años en Chile, donde ejerce su profesión de docente en Lenguaje y Comunicación; además posee el grado de Magister en Literatura Latinoamericana y del Caribe, obtenido en Venezuela, en la Universidad de los Andes, en 2014. Nacida en la bella ciudad de San Cristóbal, durante su carrera literaria ha recibido importantes premios que avalan la calidad de su obra, como el Premio Mayor de las Artes y de las Letras (Caracas, 2006) con su libro Cuentos de caminos, y más recientemente su novela Nubes negras sobre Bianchi se acaba de alzar con el primer lugar —entre más de 500 participantes— en el 15º Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano (México). El jurado de este certamen, que es convocado por la Universidad Autónoma del Estado de México, destacó “la narrativa femenina y el tono ágil e irreverente que manifiesta”. Aparte de estos primeros lugares, Yady, además, ha obtenido una gran cantidad de menciones honrosas y ha sido finalista en diversos certámenes.

Con dos libros publicados, Cuentos de caminos (El perro y la rana, 2006) y Thanatos Agency y otros cuentos insensatos (Táchira, 2008), así como una amplia lista de proyectos por publicar, entre libros inéditos y en creación, distraemos a Yady de sus tareas docentes para saber un poco más de su obra y sus expectativas en el mundo de la literatura.

—En primer término, felicitaciones por el premio alcanzado con Nubes negras sobre Bianchi. ¿Cómo caracterizas esta novela, ¿cuáles son sus tópicos, qué buscas compartir a través de sus páginas?

Nubes es una novela corta. Muy corta. No obstante, creo que conjuga los elementos necesarios para gustarle a los lectores: humor, paranoia y ridiculez. Trata de una joven estudiante de Sexología que se obsesiona con la idea de que su jefe (un prestigioso psiquiatra que hasta sale en televisión) es un asesino serial. Su plus viene de la originalidad del personaje, pues, a pesar de ser una médico, María del Carmen es provinciana y, por tanto, en muchos aspectos ingenua, miedosa, soñadora y luchadora. Es de ese tipo de protagonistas híbridas que espero les encante.

A veces estoy tan nostálgica por la crisis de Venezuela que asumo la peor de las posturas: resignación. No veo ninguna salida.

—¿Cómo defines tus influencias literarias? ¿Qué autores forman parte consciente de dichas influencias y cómo o en qué incide cada uno?

—Yo estudié Literatura Latinoamericana y del Caribe, así que mi bagaje pasa por muchos terruños, incluyendo aquellos que han sido históricamente excluidos del canon. Con todo y eso, te puedo asegurar que sin duda alguna a quien más he seguido desde joven es al colombiano Gabriel García Márquez, por lo que su influencia en mi percepción literaria es fundamental. No obstante, no puedo garantizar que su huella se perciba en mis escritos; trato de leer de todo un poco. En mis más recientes producciones intento mezclar temas de la cultura pop: series de televisión, música y hasta jugadores de fútbol que, aunque sé muy bien pasarán de moda, garanticen una lectura amena y divertida. Mis lecturas pueden ir desde un clásico como Vargas Llosa o Rulfo hasta una novedad literaria como la chilena Camila Gutiérrez.

—En tu opinión, ¿la literatura debe tener un compromiso social o solamente debe comprometerse con la calidad estética?

—Debe, por sobre todas las cosas, respetar la calidad estética. Si la obra en sí misma deja entrever situaciones complejas de la realidad política de un país debe ser por la necesidad de crear un ambiente verosímil. Yo por ejemplo en Nubes incluyo dos crímenes de trans, necesarios para la trama, pero nunca con la intención de defender o reivindicar a la comunidad LGTB. Si logro al menos sensibilizar a los lectores sobre cómo este tipo de crímenes suelen quedar sin resolver, me sentiré feliz, pero no es el objeto por el cual escribí la novela. Tampoco quise reflejar la grave crisis económica, política, social y hasta moral que vive mi país y sin embargo se ve, sale, se percibe en las páginas de la obra.

—Sobre lo mismo, ¿cómo ves la situación política, social, económica y de convivencia en tu país?, ¿crees que hay salida para la crisis actual?

—Yo la veo muy compleja. Tanto, que no creo que haya una salida a corto plazo. De hecho, a veces estoy tan nostálgica por la crisis de Venezuela que asumo la peor de las posturas: resignación. No veo ninguna salida. Es tan triste nuestra realidad y tan devastadora que me vislumbro como inmigrante el resto de mi vida.

—¿Sigues en contacto con aquellos colectivos artístico-culturales con los que participabas en Venezuela?

—Sí. Gracias a los medios de comunicación y las redes sociales mantengo contacto con mis grupos literarios. Incluso con aquellos que, al igual que yo, ya no viven en Venezuela. De hecho, Nubes pasó primero por las manos de mis queridos amigos escritores tachirenses David Colina Gómez y Moisés Cárdenas (este último radicado en Córdoba, Argentina). Ambos se tomaron el tiempo para leer el primer boceto y me dieron sugerencias valiosísimas. Claro que ya no es igual porque la distancia afecta ese contacto directo, constante y continuo que teníamos. Encima, han aparecido personas que a pesar de no estar plenamente vinculadas al mundo literario chileno me han dado aportes incalculables, como por ejemplo el periodista Rodrigo Quintana Ortega, a quien debo ese giro final tan interesante que tiene Nubes ahora.

—¿Cómo se sostiene actualmente la acción y la actividad cultural en tu país?

—Creo que se mantiene por la tenacidad de sus integrantes. Por ejemplo mi Peña Manuel Felipe Rugeles se reúne más temprano. En vez de hacerlo a las siete de la noche como lo hizo por más de cuarenta años, ahora sus encuentros se llevan a las cinco de la tarde dados los problemas de transporte que padece la ciudad de San Cristóbal. En cuanto a publicación y difusión, han bajado sustancialmente y sólo quedan las vías digitales y los concursos. En todo caso, ninguno deja de escribir y mantienen la misma constancia, empeño y dedicación que el oficio requiere.

—Llevas casi dos años en Chile, ¿cómo se maneja la nostalgia por la ausencia de la familia, de la tierra, los lugares y los recuerdos acumulados en el desarrollo de tu vida?

—Es muy rudo. Estar lejos de tu familia es muy fuerte. Pero creo que me ha permitido crecer en muchos aspectos. Si me pusieran a elegir volvería a pasar por este trance con todo lo que ello implica. Lo que no te mata te fortalece, y hoy sin lugar a dudas soy mejor que ayer.

Si pudiera me dedicaría única y exclusivamente a escribir. Es lo que de verdad me apasiona, pero no puedo hacerlo porque con mis escritos no pago las cuentas (al menos no todavía, ja ja).

—¿De alguna manera esta suerte de exilio voluntario, aparte de fortalecer el espíritu, sientes que te ha ampliado en algún aspecto tu percepción o tu oficio literario?

—Sí, me ha ayudado mucho. Me ha obligado a enfocarme en crecer. Ya no veo el mundo desde mi pequeña comarca, sino desde una ventana más amplia. Santiago, como toda ciudad capital, es un gran estímulo para una escritora de provincia como yo. Espero que esto se vea reflejado en mis próximas publicaciones.

—¿Cómo te ha tratado la crítica literaria en Venezuela?

—Mira, mi obra es muy poco conocida. Yo vengo de una ciudad del interior y la crítica literaria es céntrica, enfocada básicamente en lo que se publique en Caracas, en editoriales grandes y prestigiosas. Así que mis dos primeros libros han pasado desapercibidos. No he tenido la fortuna de que los especialistas en el área le den una miradita a mis escritos dada las dificultades para difundir la obra. Espero que con este premio lo hagan. Sería maravilloso.

—Tu profesión docente, como profesora de Lengua y Literatura, ¿sirve de ayuda?, ¿es más bien una dificultad a la hora de escribir o son carriles completamente separados?

—Es una ayuda por cuánto puedes releer a tus autores favoritos. Si bien los jóvenes de hoy se muestran cada vez menos interesados en la literatura, yo aprovecho los espacios pedagógicos para intentar al menos leerles en voz alta mis poemas predilectos, por ejemplo. Y al hacerlo mi trabajo se nutre. Ahora bien, tampoco puedo negar que como la docencia consume tanto tiempo en planificar, corregir trabajos y dar clases, creo que si pudiera me dedicaría única y exclusivamente a escribir. Es lo que de verdad me apasiona, pero no puedo hacerlo porque con mis escritos no pago las cuentas (al menos no todavía, ja ja).

—Ahondando un poco en tu tarea docente, ¿cómo has visto la educación chilena? ¿Cómo te han tratado tus colegas?

—Actualmente me desempeño en el Colegio Monte Olivo, de Puente Alto, y la verdad es que han sido maravillosos conmigo. Desde mis jefes hasta mis apoderados. Yo no puedo quejarme de nada. Si acaso del miedo que me produce quedarme sin empleo, pues tristemente hay inestabilidad laboral en el gremio y en diciembre suelen despedir a mucha gente, como me ocurrió el año pasado en otra institución que decidió cerrar y me obligó a pasar mi primer verano acá buscando empleo. Sinceramente me asusta volverlo a vivir. Claro, te estoy respondiendo desde mi experiencia personal pues también sé de casos en los cuales un maestro se casa con su institución y dura allí treinta años. Amanecerá y veremos, dice mi mamá, ji ji.

—Volviendo al oficio literario, ¿te has vinculado a colectivos literarios en Chile? ¿Participas en la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), por ejemplo?

—No, a ninguno. Fui a una charla sobre Tolkien en la biblioteca de Parque Bustamante y escuché una conferencia de la escritora Ana María Machado en la Católica y ya. Es lo más cerca que he estado del mundo literario en Santiago. Creo que ha sido más por descuido, pues me he enfocado en trabajar y trabajar dejando de lado este importante aspecto. Y mira que en Venezuela estaba metida en todo: grupos literarios, talleres, una peña, recitales, ferias de libros, en fin.

Me mudé a Caracas y eso trastocó mi vida. Me enfoqué en no dejarme arrollar por la gran ciudad y sus complejidades.

—Además de docente y escritora, has incursionado como columnista y crítica literaria. ¿Sientes también inclinación a juzgar la obra de otros escritores o tu inquietud va, más bien, por compartir tu opinión?

—Mira, yo estoy formada académicamente para ejercer la crítica literaria, no obstante lo hago muy poco porque es un oficio que exige de mucho tiempo y rigurosidad. Por eso he preferido la mayoría de las veces el trabajo de columnista, pues dar opiniones es muy rico. En mi caso yo mantuve por tres años la columna “De reojo” en el Diario de los Andes y mi foco era animar la lectura. Básicamente instar a mis colegas maestros a leerles a los niños, aún cuando estuvieran grandes y leyeran por sí solos. Aproveché también para abordar cine sin grandes pretensiones de crítica literaria o crítica de cine. Me gustó mucho, sí. Aunque en la actualidad no lo hago porque cada vez tengo menos tiempo. Si se me diera el caso, volvería a escribir sobre promoción de lectura. Es lo que más me gusta.

—¿Cuándo podremos conocer en Chile tu novela ganadora y en qué proyecto literario estás trabajando ahora?

—La Universidad Autónoma del Estado de México la pondrá en su repositorio en línea muy pronto. La editora está trabajando en eso. De todos modos, y a pesar de que esté pasado de moda, podrán leer algunos textos míos en mi blog. Y estoy enfocada en pulir una novela y un libro de cuentos. Aprovecharé las vacaciones de invierno.

—A propósito de tu blog, que tengo el gusto de seguir, hay publicaciones de los dos últimos años (2017-2018) y de seis años atrás (2012), a qué se deben esos cinco años de silencio en la blogósfera?

—Me mudé a Caracas y eso trastocó mi vida. Me enfoqué en no dejarme arrollar por la gran ciudad y sus complejidades. Además, los fragmentos de Nubes, por ejemplo, tuve que eliminarlos del blog para poder ponerla a concursar. De esta suerte, sí publiqué lo que iba haciendo, pero tenía que sacarlo de la blogósfera para poder participar en concursos literarios. En todo caso, también es cierto que los blogs han perdido impulso. Puede ser por eso que he disminuido considerablemente mi deseo de publicar en él.

—Finalmente, aparte de los textos que compartes en tu blog, ¿cómo pueden nuestros lectores acceder a tus dos libros ya publicados?

—Mira, el tiraje de Cuentos de caminos fue modesto, por lo que ni yo tengo manera de conseguir un ejemplar. Thanatos fue peor porque su primera edición quedó horrorosa y la segunda, mucho más bonita y decente, se quedó en imprenta. La única forma sería que los editaran digitalmente, pero lo veo difícil. Hay una editorial emblemática en el Táchira llamada Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (BATT), creada por el ex presidente de Venezuela Ramón J. Velásquez, y que es la más transcendental e importante. Espero poder concretar la publicación de mi obra entera allí. Sería genial. Su presidente editor ya me pidió una compilación de mis tres libros y un prólogo que los analice en conjunto. Reunir los textos está fácil. Hallar al crítico que lo prologue es lo complejo, ja ja. Quedará esperar. La paciencia es la virtud de los sabios (creo, ja ja).


Dejamos a Yady disfrutando de un fin de semana largo en la capital chilena, donde es feriado, la fiesta de San Pedro y San Pablo, día libre que aprovecha para revisar sus proyectos literarios y preparar las clases para los afortunados alumnos puentealtinos que la tienen como su profesora de Lenguaje.

Ciertamente, Yady seguirá ligada a sus dos amores: la literatura y la profesión docente, y espero que tanto las editoriales como el pequeño círculo literario chileno le abran sus puertas para beneficiarse de su talento.

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Benedicto González Vargas

Profesor y escritor chileno (Padre Hurtado, 1965). Ha publicado El ermitaño (Editorial Café Con Leche, 2000), Índigo, los niños de la Nueva Era (Ediciones de la Univirne, 2002), y Huellas en el viento (Editorial Araucanía, 2006). También participó en el libro 2000, el futuro presente (Editorial Letralia, 1999), con un ensayo sobre ciencia ficción. Actualmente imparte clases de lenguaje y comunicación en el Colegio Alcántara, de la comuna de Peñalolén, en Santiago de Chile. Sobre temas educativos publica permanentemente en su blog Educación y Pedablogía para el Siglo XXI.

Sus textos publicados antes de 2015
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Ciudad Letralia: Si vas para Chile
Editorial Letralia: 2000: el futuro presente (coautor)
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