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Sacudiendo moscas es su primer libro
Paula Castillo Monreal se deja llevar por sus historias

sábado 6 de julio de 2024
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Paula Castillo Monreal
Paula Castillo Monreal: “Me ha ocurrido que estaba incómoda en las correcciones y hasta que no he cambiado de narrador no se ha hecho realidad el cuento. Es la historia la que manda”. Isabel Wagemann

La obra de la narradora española Paula Castillo Monreal (Madrid, 1961) se caracteriza por un profundo examen de la condición humana a través de escenarios cotidianos, donde se entrelazan con maestría el dolor, la pasión, el fracaso y el desencanto. Su carrera literaria incluye estudios en Arquitectura Técnica y una sólida formación en Escritura Creativa y Relato Breve en la Escuela de Escritores de Madrid.

Después de participar en antologías como Letra impresa o El verdadero nombre de las cosas, y de publicar relatos en revistas y medios literarios, la autora nos presenta su primer compendio de cuentos, Sacudiendo moscas. A través de dieciséis historias, la autora nos invita a explorar la compleja relación entre la infancia y la adultez y nos enfrenta a personajes caracterizados por una difícil —y a veces frágil— relación con la realidad.

Hoy, esta autora que confiesa corregir sus textos una y otra vez y se declara lectora de una extensa pléyade de autores, comparte con nosotros sus motivaciones, el proceso creativo detrás de sus relatos y la influencia de su propia vida en su obra. Desde la exploración de temas universales hasta la creación de atmósferas y personajes memorables, nos abre una ventana a su universo literario.

 

Paula Castillo Monreal y la infancia como espita

—La enfermedad, el abuso, las fobias, son hilos comunes que atraviesan los dieciséis cuentos de Sacudiendo moscas. Los de tu libro son personajes para quienes la vida cotidiana es una situación límite. Me gustaría que comenzáramos hablando sobre la inspiración de estos cuentos y cómo es el proceso mediante el cual los conviertes en un libro.

—Bueno, siempre me ha interesado cómo nos afecta la infancia, en los adultos en los que nos convertimos. El momento en el que reuní los cuentos en un libro fue tras la muerte de mi madre con la enfermedad de alzhéimer.

“Sacudiendo moscas”, de Paula Castillo Monreal
Sacudiendo moscas, de Paula Castillo Monreal (Mascarón de Proa, 2024). Disponible en Amazon

—Desde una mujer que nace con las piernas atrofiadas hasta un niño cuya gordura es motivo de burlas incluso por su padre, estos personajes están marcados por la desventura, por la crueldad de un estado de cosas que por lo general no pueden cambiar. ¿Está detrás de estos textos la búsqueda de una empatía por parte del lector?

—Por supuesto. Todos tenemos aquel momento que recordar.

—Otro tema recurrente en el libro es la relación, no siempre sana, entre padres e hijos. ¿Por qué es importante para ti desarrollar estas dinámicas familiares en tus relatos?

—Las relaciones entre padres e hijos son importantísimas, yo diría que es lo más importante en la vida de un adulto. Nos formamos y somos buenas o malas personas según esas relaciones en las que los padres son los responsables.

—Aunque con frecuencia deja un sabor acre, el humor está presente en varios de tus cuentos. Me gustaría saber qué bisagra secreta encuentras en tus cuentos para darle paso al humor.

—No entiendo la vida sin humor. Eso, el humor, es lo único que nos salva.

 

Sacudiendo moscas: la importancia del lenguaje

—En Sacudiendo moscas enfrentas al lector con un retrato de la infancia que se aleja de la imagen idealizada que abunda en cierta literatura. ¿Puedes hablarnos de tu concepción del tema?

—Creo que la infancia es la etapa más importante de nuestra vida. La confianza o la baja autoestima se desarrolla ahí. El niño debe saberse importante para serlo. El lenguaje, lo que se dice, es de crucial importancia. La imaginación, la libertad, la tolerancia, todo depende de esa relación, porque los padres son los que deben y digo deben con fuerza, estar ahí cuando el hijo los requiera. Es la única manera de salvarnos.

—“Han pasado unos años y sigo posponiendo mi vejez”, declara un personaje del cuento sugestivamente titulado “Antes de la carcoma”. ¿Cómo plasmas la vejez en estos relatos? ¿Qué línea imaginaria has trazado, con ellos, entre la vejez y la infancia?

—La vejez me resulta una putada, pero hay que aceptarla y, sólo desde una infancia en la que te muestren que la frustración es parte de la vida, se puede llegar a admitirla sin muchos descalabros.

—Pese al tono general del libro, hay algún personaje que logra cierta forma de redención o liberación. ¿Qué representan estos casos de transformación dentro del contexto de la obra?

—Yo creo que todos mis personajes ganan, de una forma o de otra, aunque no sean a las que estamos acostumbrados. No se rinden, siempre hay una lucha y una liberación.

—Hay una preeminencia del narrador en primera persona en los cuentos de Sacudiendo moscas. ¿Es esto consciente? ¿Qué te hace elegir una perspectiva de primera o tercera persona cuando escribes?

—Eso lo deciden el momento y la historia que quiero contar. Me dejo llevar. Creo que sólo una vez me ha ocurrido que después de terminar el cuento he decidido cambiar de narrador. No ha sido en ninguno de estos cuentos, pero sí me ha ocurrido que estaba incómoda en las correcciones y hasta que no he cambiado de narrador no se ha hecho realidad el cuento. Es la historia la que manda.

 

“Corrijo y corrijo, nunca estoy contenta”

—Es notable el dominio del lenguaje en estos cuentos, que se evidencia por la variedad de atmósferas y caracteres que despliegas a medida que se va adentrando uno en Sacudiendo moscas. Me gustaría que me hablaras de tu formación, de esos elementos que en tu opinión han sido decisivos para escribir como escribes.

—Siempre recalco que soy de ciencias. Mi formación ha sido una carrera técnica, pero he leído muchísimo y he escrito desde siempre. Sin saberlo tengo un montón de cuadernos tanto diarios como autoficción. Me gustan de siempre las historias, he prestado mucha atención a lo que me contaban mis abuelos, mis tíos y la gente mayor, y, gracias a una imaginación que me viene dada, he construido paisajes y lugares donde se desarrollaban esas historias. En mi infancia me castigaban siempre por estar en otro sitio.

—Eres una escritora con un estilo depurado y esto suele ser producto de la lectura. ¿Qué autores o libros han influido más en tu estilo?

—Uf, depende de las épocas, pero los que pueden ser más recientes: Carmen Martín Gaite, Aldecoa, Cortázar, Matute, Onetti, Carver, Munro, Flannery O’Connor, y actuales: Mariana Enríquez, Mónica Ojeda, Cristina Sánchez Andrade, Cristina Fernández Cubas, Clara Obligado, Margaret Atwood... No pararía.

—No siempre es evidente, pero detrás de un cuento bien logrado hay horas y horas de trabajo. ¿Podrías contarnos cómo es tu rutina de escritura?

—Soy lenta. Trabajo mucho los relatos. Corrijo y corrijo, nunca estoy contenta, me exijo demasiado. Pero el primer borrador, cuando me llega la historia, es rapidísimo, suelo escribirlo seguido hasta el final, aunque después los personajes se muevan y la historia tenga sus ajustes.

—Aunque algunos de estos cuentos han sido publicados en diversas revistas y antologías —en Letralia 391 publicamos “El hijo”, por ejemplo—, entiendo que Sacudiendo moscas es tu primer libro. De cara al futuro, ¿qué proyecto deseas abordar ahora? ¿Qué nos espera a los lectores de Paula Castillo Monreal?

—Soy cuentista, así que continuaré escribiendo cuentos. En estos momentos estoy terminando el manuscrito del segundo libro de relatos. Un libro muy distinto al primero y en el que llevo dos años trabajando con mucha ilusión. Creo que para septiembre u octubre estará listo. Sólo hace falta que alguna editorial apueste por él.

Jorge Gómez Jiménez

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