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Con El Diablo prefiere hablar inglés rompe un largo silencio literario
Eloy Fisher y su viaje de descubrimiento

domingo 6 de octubre de 2024
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Eloy Fisher
Eloy Fisher: “Debemos enfrentar la confusión como el único momento de claridad que nos ofrece nuestro limitado entendimiento”.

El escritor panameño Eloy Fisher les atribuye a los mecanismos de la burocracia nada menos que el papel de imperfectas herramientas para tratar de hacer inteligible el caos inherente al universo. Esto es lo que, desde su estructura misma, plantea su novela El Diablo prefiere hablar inglés, que oculta en las tramas paralelas de una relación romántica y de una transición presidencial una profunda reflexión sobre el entramado de la realidad.

Combinando elementos filosóficos, científicos y literarios para ofrecer una mirada aguda sobre la alienación, el poder y la búsqueda de sentido en tiempos de incertidumbre, este abogado y sociólogo con formación en administración, economía y política, no sólo urde una narrativa fragmentaria que camufla bajo un orden aparente, sino que además propone su reordenamiento para construir una obra que va más allá de la ficción tradicional.

Autor de un poemario publicado en 1999, tras el cual sobrevino un largo silencio literario que rompe hoy con esta novela que es la primera parte de una trilogía, Fisher es un funcionario en la banca multilateral que ha sido becario Fulbright y ha trabajado como consultor, diplomático y en diversas posiciones en el sector público y académico, tanto en Panamá como en Estados Unidos. En esta entrevista, comparte con nosotros sus motivaciones, su proceso creativo y su aguda visión sobre la corrupción, la identidad y el lenguaje, entre otros temas que atraviesan El Diablo prefiere hablar inglés.

 

Eloy Fisher ante la burocracia

Tu novela El Diablo prefiere hablar inglés presenta una profunda reflexión filosófica y científica sobre la naturaleza del universo —su despersonalización, dices, evidente en que “se ve igual desde cualquier punto y en todas las direcciones”— a la par de una historia bifronte sobre María Alejandra y Marco y sus ocupaciones cotidianas. ¿Cómo se entrelazan estos temas?

Creo que la despersonalización es un aspecto clave del universo. No somos especiales, el universo es un gran espacio de maravillas desencarnadas, pero en tanto que es eso, una maravilla sin testigos, por el solo hecho de que estemos aquí, eso sí nos hace excepcionales. Como diría Kafka, hay esperanza infinita pero no es para nosotros. Y es por eso que me pregunto si el universo alguna vez estuvo preparado para un observador crítico para todo lo que ocurrió desde la Creación. Observar tiene una lógica propia porque nuestra atención a veces nos hace reflexionar de formas que no creímos posible inicialmente. En efecto, en uno de los poemas más bellos de la literatura universal, Paraíso perdido, Milton invoca ayuda para justificar las acciones de Dios a los hombres e irónicamente ofrece las mejores explicaciones sobre la soberbia del Diablo en su carrera por lograr su trágico cometido.

En ese sentido, ese observar, esa atención, es como una resistencia a esa despersonalización implícita en la existencia misma del universo, y que termina por derretirse en el infinito. Y cuando tenemos el coraje de observarnos como actores de nuestras vidas, vemos cómo nuestras decisiones, particularmente las malas, son maneras que aceleran cómo nos derretimos en nuestras ocupaciones cotidianas.

 

“El Diablo prefiere hablar inglés”, de Eloy Fisher
El Diablo prefiere hablar inglés, de Eloy Fisher (Caligrama, 2024). Disponible en Amazon

Una trama que se sigue con especial interés es la de los preparativos para la transición de mando presidencial, empantanados por la corrupción y la burocracia —“la burocracia política también está más allá del bien y del mal”, declara al principio uno de los personajes—, y además en un contexto de pandemia, algo que parece reflejar el caos que tanto preocupa a Marco. No parece un simple elemento argumental para hacer una crítica a la realidad política, sino una amplia metáfora del caos. Pero me gustaría que me hablaras del tema.

Un aspecto clave del mundo moderno, a pesar del énfasis en la racionalidad y la eficiencia, es la multiplicación de aparatos burocráticos a todos los niveles: estatal, empresarial, etc. En efecto, han pasado muchos años desde que considerábamos las empresas de tecnología como empresas ágiles. Son grandes conglomerados que buscan ejercer poder sobre aspectos cada vez más íntimos de nuestras vidas. Y una teoría, como la que plantea Marco, es que quizás estos aparatos burocráticos son consustanciales al caos, que son formas imperfectas de controlar lo incontrolable y, al hacerlo, son meros espejos humanizados de ese caos primordial. Si el universo tuviera voluntad, serían su respuesta institucional. Y, hasta cierto punto, nuestra imaginación más connotada así lo consideró: son hasta cómicas las jerarquías y las funciones de los círculos celestiales e infernales en La divina comedia, como oficinas públicas de países desarrollados y en vías de desarrollo, respectivamente. Si en efecto existe una inteligencia ordenadora del universo, sin duda organizaría de esta forma ese mundo más allá de nuestra realidad, pero no para resolver el caos, sino para hacerlo más inteligible a nuestro entendimiento.

 

La presencia del idioma inglés atraviesa toda la obra, desde esa anécdota inicial de los exorcismos hasta esos personajes que de pronto intercalan en su comunicación cotidiana palabras o expresiones en ese idioma. ¿Es una crítica a la globalización y la homogenización cultural? ¿De qué manera crees que este recurso lingüístico contribuye a la exploración de temas como la identidad, el poder y la pérdida de autenticidad en la modernidad?

El inglés es otra forma de expresarnos, pero en la actualidad su uso está marcado por el estatus y el poder: las élites lo utilizan como forma de distinción, mientras que el pueblo lo emplea con ánimo de subversión. Es el idioma de uso generalizado, como lo fueron en su momento el latín y el francés. En ese intercambio cultural, cuando tenemos que expresar nuestras idiosincrasias particulares en un idioma que no fue creado para nuestras circunstancias, existen espacios de alucinaciones, como pasa con las máquinas de inteligencia artificial. Por ejemplo, te pongo el caso panameño: en mi país, a un basurero se le dice “tinaco” porque, en la época de la Zona del Canal, bajo el control de los estadounidenses, la compañía que producía estos objetos era Tin and Co. Lo elegante ahora es fashionable, y todos sabemos de dónde viene el vocablo “gringo” para designar a los estadounidenses. Alucinamos nuevos conceptos y referentes, y este tipo de alucinaciones no son muestras de la pérdida de autenticidad en la modernidad; son formas en que ese caos subyacente se expresa con sinceridad.

 

El Diablo prefiere hablar inglés, la confusión como el único momento de claridad

En El Diablo prefiere hablar inglés la historia es narrada desde las perspectivas alternadas de María Alejandra y Marco, quienes relatan tanto su presente como los momentos compartidos y sus experiencias individuales del pasado. ¿Qué importancia tiene esta estructura narrativa dual para el desarrollo de la historia? ¿Qué desafíos representó para ti como autor ese permanente cambio de voz?

Fue un entrenamiento. Vila-Matas en una entrevista reciente indicó que la labor debe ser crear cultura “en el sentido que Julio Ramón Ribeyro le daba a esta expresión en literatura: ‘dominar lo diverso y hacer inteligible el caos que agobia a la mente creativa’”. No puedo estar más de acuerdo. Y una de esas formas es tratar de experimentar formas estilísticas no convencionales. En esa misma entrevista hablaba de las posibilidades infinitas de la novela, como máxima enemiga de esa realidad que intentan vendernos los medios tradicionales, o peor, las redes sociales o los festivales que quieren ser redil para ese grupo cada vez más reducido de lectores.

Vila-Matas también dice que la novela está despertando y comenzando a erigirse como la enemiga máxima de la realidad que tratan de vendernos todos los medios del mundo. Eso implica ir en contra, como también dice, de la obediencia (y añadiría, también de una ramplona desobediencia) al realismo y “el absurdo rigor de la cronología” en ese ánimo de describir narrativas que nos den significado, particularmente el tonto énfasis en las ideologías. Así, enfatizar la forma de esta manera es apoyar el núcleo de fondo que desanuda cualquier historia.

 

La novela propone un gedanken, una estructura alternativa que recuerda los saltos de capítulos de Rayuela, de Julio Cortázar. Es un recurso interesante que, aparte de corresponderse con esa idea de un universo sin centro, invita al lector a participar activamente en la narrativa y en la construcción de un sentido. ¿Qué esperas del lector, cómo crees que impacte un recurso como este en la experiencia de lectura?

Mi intención es que el lector reflexione sobre estas discontinuidades que son invitaciones para encontrar significado, así como esos espacios alucinatorios en el lenguaje, o esos recovecos burocráticos que instan a la reflexión. En efecto, el personaje de Kafka en El castillo lo explica mejor cuando reconoce cómo las ridículas confusiones son las que deciden sobre la existencia de las personas. Y por eso, en vez de huirles, debemos enfrentar la confusión como el único momento de claridad que nos ofrece nuestro limitado entendimiento.

 

La tensión en la novela se construye a través de una estructura que alterna entre momentos de introspección y eventos clave de la trama. ¿Cómo planeaste la disposición de estos elementos para mantener el interés del lector y para reflejar las fluctuaciones emocionales de los personajes?

Quise encontrar una manera, usemos una descripción algo incómoda y passé, dialéctica, para dar cierta impresión de oposición y crear discontinuidad, y a la vez canalizar una especie de neblina en la trama. Así como los ríos cortan los riscos, trabajé en los márgenes de estas oposiciones para dejar que la trama fluyera, esquematizando esas grandes oposiciones y apalancando la fuerza de tales oposiciones con el deseo de lograr el cometido de mantener el interés del lector.

 

El subtítulo de la novela, “El evangelio de los caídos I”, advierte de la preparación de una secuela. ¿Puedes hablarnos de esto?

Sí, será una trilogía.

 

Todo es ficción, pero toda ficción es ambigüedad

Tienes una formación extensa en economía, ciencias políticas y sociología; además has trabajado en diversos campos, desde la consultoría hasta la diplomacia. ¿Cómo ha influido toda esta preparación en tu estilo de escritura y en los temas que eliges explorar en tu obra literaria?

No sé si decirte mucho o poco. Por un lado, diría que mucho, porque tal formación y contacto permite conocer muchos tipos de gente, y eso sin duda informa los métodos que utilizas para desarrollar los personajes. Poco, porque al final este oficio requiere más ánimo que técnica, y cierta capacidad negativa, como diría Keats —la capacidad de entretener ideas opuestas en mismo aliento, y funcionar. Eso no depende del bagaje cultural, sino de tu disposición.

 

Me gustaría que me hablaras del papel que juega la literatura en tu vida en comparación con tus otras actividades. ¿De qué manera has logrado conectar tu trabajo, tus ocupaciones profesionales, con tus intereses literarios? Se me ocurre pensar que hay un poco de esas características repartido entre los personajes de María Alejandra y Marco.

Todo es ficción, pero toda ficción es ambigüedad. Kundera reconoce que ese fue el gran descubrimiento de Cervantes, de la actitud heroica de un hombre que ante el terror de un mundo donde la realidad era ambigua, decidió salir de casa y enfrentarse a tales desafíos a través de un viaje. Ese debe ser el papel de la literatura, un viaje de descubrimiento, pero no para tomarse fotos y andar turisteando, sino un viaje para darles forma a tales ambigüedades, destacar lo paradójico de la realidad y ofrecer una explicación, tentativa siempre, sobre qué tiene significado.

 

En 1999 publicaste un poemario, Diario en verso, con un estilo que sin abandonar el verso libre apuntaba a formas y temas más clásicos. Este año publicas El Diablo prefiere hablar inglés, una novela compleja y profunda. ¿Qué pasó en esos veinticinco años? ¿Cómo sientes que ha evolucionado tu escritura?

Fueron veinticinco años que perdí, y que no regresarán. Pero por algo Dante empieza La divina comedia “en medio del camino de la vida, errante...”. Y la literatura para mí fue regresar a esa recta que creímos perdida, como le pasó a él.

 

Me gustaría saber si preparas nuevos proyectos literarios. Y, de ser así, ¿continuarás explorando temas relacionados con la ciencia, la filosofía y la política, o tienes en mente lanzarte a nuevas temáticas?

En eso estoy. Amanecerá y veremos, como diría un ciego que insiste en su ceguera.


Dónde adquirir
El Diablo prefiere hablar inglés, de Eloy Fisher

 

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Disponible en Casa del Libro

Jorge Gómez Jiménez

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