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Nubes negras sobre Bianchi: la novela de las 3 d

martes 21 de enero de 2020
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Yady Campo
Yady Campo obtuvo en 2018 el premio Ignacio Manuel Altamirano con Nubes negras sobre Bianchi.
“Nubes negras sobre Bianchi”, de Yady Campo Ramírez
Nubes negras sobre Bianchi, de Yady Campo Ramírez Disponible en la web de la UAEM

Acabo de leer esta novela entretenidísima de Yady Campo (Táchira, Venezuela, 1977) que viene avalada por el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano, que otorga la Universidad Autónoma del Estado de México, obtenido en 2018. La obra, escrita con estilo ágil y ameno, no se detiene en demasiadas descripciones ni de lugares, ni de personas, lo justo y necesario solamente; sí dedica, en cambio, mucho espacio a recoger el diálogo directo de los personajes, lo que aporta agilidad, frescura, humor y un tono desenfadado que deja atrás convenciones estilísticas para adentrarse en el habla común y cotidiana de las personas, aportando con ello a los lectores una innegable autenticidad e identificación.

La obra que nos hace oyentes privilegiados de las conversaciones de María del Carmen, la protagonista, y su mejor amiga, Rosaura, va develando cómo llegan a la conclusión de que un distinguido médico, el doctor Bianchi, es en realidad un asesino serial cuyas víctimas son homosexuales que buscan cambiar su género. El doctor Bianchi es dueño de una reputada clínica dedicada, precisamente, a todo tipo de problemas de índole sexual, incluidas las operaciones de cambio de sexo. Él es, además, el jefe y profesor de María del Carmen, quien se encuentra en su primer año de internado de Sexología y con la ilusión de convertirse en la mejor sexóloga del país para tener ella también fama y dinero; es el sueño que esta provinciana tachirense trae al afincarse en Caracas.

La novela transcurre entre las conversaciones de Mariíta con su amiga, quien también tiene su sueño: busca ser una reconocida escritora y de cuyas alocadas historias hay más de un ejemplo en la novela, con lenguaje irreverente, abordan situaciones cotidianas que las personas no queremos revelar, en un tono jocoso, exagerado y deslenguado, lindando con la vulgaridad, pero sin cruzar —me parece— dicho límite. Todo ello en beneficio de ese lenguaje ágil y divertido que mencioné más arriba. También, por cierto, los diálogos con sus compañeros de estudio, más adelantados que ella, no dejan de ser interesantes, pues revelan esa pretendida superioridad académica de quienes se sienten superiores a los demás sin más mérito que ir un año más adelantados o poseer una autoimagen exageradamente mejor que la que se han formado de los otros. Pero también ellos tienen sus cuitas y van asomándose en la obra como puntos de inicio de otras historias aún no contadas. Notable, sin duda, por lo novedoso del recurso, es una tabla comparativa que María del Carmen hace para decidir cuál de sus varios amores (todos vigentes y simultáneos) es mejor partido. El resultado es un fiasco, pero… ¿quién no ha comparado virtudes y defectos de amantes, pololos, cortejos o meras fantasías relacionales? Yo he visto muchas tiradas en las aulas de clases o en cuadernos olvidados, pero casi nadie las comparte… La novela muestra una con natural desparpajo y nos arranca sonrisas y oscuros recuerdos.

La crisis moral de Venezuela, el problema político del que todos hablan, no se toca directamente en la novela, pero conforma el contexto social de la obra, una lectura detenida revela cómo el tráfico de influencias, la delincuencia desatada, la inestabilidad económica, y otras dificultades, son parte del diario vivir de la gente y afectan a todos, menos, por cierto, a los privilegiados.

Lee también en Letralia: “Me vislumbro como inmigrante el resto de mi vida”, entrevista a Yady Campo por Benedicto González Vargas.

En definitiva, es una novela que bien vale la pena leer; lamentablemente, la limitada edición mexicana no llegó a Chile, porque parece que ninguna editora local representa al sello de la universidad que concede el premio; sin embargo, es probable que algunos ejemplares aparezcan pronto por nuestro país, habrá que estar atentos. Yo la leí en línea y pueden también hacerlo ustedes en el repositorio de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Para estos días estivales, en casa, en la playa, el campo o en esos tediosos trayectos de locomoción colectiva por la ciudad, recomiendo efusivamente esta breve novela (apenas 120 páginas), porque a diferencia de lo que todos buscan, las 3 B (buena, bonita y barata), yo propongo que la clasifiquemos como 3 D: Divertida, Dinámica y Deslenguada.

Finalmente, debo señalar, me rondan dos interrogantes: tras leerla creo que, al apoyarse tanto en el diálogo, es una obra que fácilmente puede llevarse al teatro, casi sin necesidad de adaptación. ¿La veremos representada alguna vez? Y, pareciera ser que María del Carmen y Rosaura tienen muchos cotilleos más que contar, ¿volverán en otras narraciones?

Por el momento… ¡A leerla!

Benedicto González Vargas

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