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Mujeres con aroma a tierra

martes 8 de marzo de 2016
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Hay mujeres
que no conocen el silencio
y en silencio lavan, crían, cocinan
y vuelven a lavar la ropa,
con el cansancio acumulado
en la piel de su cuerpo memoria.

Hay mujeres
que nunca se las ve pensar.
No son musas inspiradoras de un poema.
No son reinas de su propio reino.
No son guerreras pero luchan cada día.
No son diosas pero aun así hacen milagros.

Son mujeres que sostienen la lluvia
en tiempo de cosecha
mujeres con juventud anciana
amamantando la tierra
con el agua de su cuerpo.

Son hijas-madres-mujeres
que llenas de sabiduría
no conocen el descanso,
no conocen el silencio.


He visto mujeres cubiertas de frío
y de cielos expulsados de otro cielo.

Mujeres nombradas por el olvido
tirando la historia con el útero hirviendo.

Mujeres con aroma a tierra,
carbonada y escritorios.

Mujeres con sabor a ausencias
con mejillas y manos partidas
cortando apio
haciendo camas
y lavando ajeno.

Mujeres perfumadas.
Mujeres con el oficio llovido
sobre sus pétalos
siempre abiertos a la tribu.

He visto mujeres
con la mirada vidriosa,
desempolvando estrellas
mientras corrigen un verso.


Este es mi rostro:
mujer testaruda
Venus doméstica.
Diosa cotidiana.
Hembra simple.
Quebrada.
Reconstituida.
Ignorada.
Hecha polvo.
Reconstituida.
Partera de pueblo:
Provinciana talones partidos.
Machi con olor a hierbas milenarias.
Mujer magma.
A la antigua usanza.
Habitual escribidora.
Carne entreverada con la memoria y
eterna respiradora de noches lunáticas.

Mujer al fin
como todas.


Cuando una mujer muere
se evapora un trozo de calle
el tráfico se torna lento
duelen los úteros
los embriones
los brazos
los profetas callan
el soldado olvida su misión
una niña deja de jugar
las cosechas entristecen
una estrella se oxida
las lenguas hablan un solo idioma.
universo y tierra dejan de girar.

Cuando una mujer muere
nace una soledad de orfandía
se angustian las flores
nace una pérdida
una desesperación
un abismo infernal
se disecan gotas de sangre
se quiebran las miradas
algo se adelgaza, se retuerce
se revuelca, se quema
aquí dentro muy adentro
cuando una mujer muere.


Qué PERRA tan indomable soy
no existe sabueso
que atrape mi correr,
este ir y venir del submundo
al reino.

Un día como aquí, otro día
amanezco comiendo allá.

Amanezco comiendo en mesa
propia
ajena
prestada
alquilada
robada.

¡Qué importa, si al final como igual!

Un alma perra, o una perra alma
se alimenta solitaria.
No es víctima.
No llora.
No busca camadas
porque las heridas como perra
se las lame SOLA.

Silvia Rodríguez Bravo
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