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Cuatro poemas de Jesús Peñalver

miércoles 17 de agosto de 2016
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Llovizna de la tarde aquella…

Lluéveme los besos que dijiste, dime dónde y cuándo podemos llevar a cabo la ceremonia sin formas ni rígidas agendas.

Volvería a mojarme por ti, correteando entre carpas y libreras mariposas, buscando una guarida en tu donde.

Recordaremos la tarde aquella en que, cómplice, la lluvia de tanto mojarnos nos secó el hastío.

El pretexto de un libro, la fiesta de una feria o el texto contenido en cúmulos de letras que nos dicen tanto.

Vuelve la tarde a enseñarnos sus dientes de lluvia, mientras pongo sobre ella —imaginándote— las manos y los ojos…

Y siento que me lleno de una inefable luz. Preludio de un encuentro.

Esta llovizna empapa tus mejillas, no llevo paraguas, no lo uses tú.


Encuéntrate a ti misma.

Mientras tanto yo
escribiré en esa hoja con estrellas de mar
y luminosos peces que nos brinda el cielo.

Mis brazos serán tus remos, faro y luz también
seré para tu balsa.

Hasta el infinito ignoto volará tu cometa con mi pensamiento.

Siempre habrá un destino predecible, y lo desconocido
podrá suceder si lo caminas conmigo.

La pesebrera colmada de pienso para el invierno.

Es diciembre, también habrá alimento para nosotros.


Seré la puerta de tu casa,
¿sales o entras?

….Al mientras de la vida salgo solo para
saberte más mía en el regreso.

….Entro de retorno como dije, y busco en
tu boca la pulpa noble del durazno.

….Y así de entradas y salidas voy viviendo,
dejando los caminos claros para el regreso
permanente y único.

….Habré de ser lo que jamás he sido.


¿Por qué no por lo romántico?

Si compré curitas para las mínimas heridas y dispuse de besos para cerrar tus labios.

Si haces más augusta y placentera esta sinfonía vespertina y en tu regazo duerme mi vuelo después de surcar tus cielos.

Si en tus mejillas, temblorosos los labios, ansioso colibrí buscando alcanzar la mariposa para amarse.

Si no hace falta mirar rostros del pasado ni desempolvar viejos recuerdos del baúl pesado de memoria.

No estés sola ni húmeda de tristezas, ni te duermas en la luz del día lejano, que no ha muerto ninguna compañía.

¿Por qué no por lo romántico?

Si después de cenar gloriosamente, nos iremos a contar los lunares de la noche y medir a qué distancia está el recuerdo.

Si luego seremos lo que es un canto y sabremos si en verdad nos merecemos tantas noches como aquella no vivida.

¿Por qué no por lo romántico?

Si nunca más irás allá donde se esconden la soledad y el miedo,
y yo he comprado curitas para las mínimas heridas y dispongo de besos para cerrar tus labios.

Jesús Peñalver
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