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Devenir robot

jueves 7 de noviembre de 2019
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Hay reunión. Todos están excitados, preocupados. Cuando hay reunión inesperada cabe esperar un aumento de sueldo o un nuevo permiso de maternidad/paternidad con mayor duración o un despido grupal o un aumento de la bonificación por trabajar los domingos. Lo cierto es que hay más preocupación que excitación, pues las últimas reuniones inesperadas han sido para reducir los sueldos en pos de la sostenibilidad de la empresa. En la última de ellas se anunció la retención sin compensación de un diez por ciento del salario para pagar el seguro médico y así poder cubrir los enormes gastos que se derivan de las bajas por enfermedad. Los más pesimistas analizan sin base alguna, o con la sola base de la memoria, lo productivos que han sido en el último semestre. Muchos hablan abiertamente de una nueva oleada de despidos. Los que echan cuentas lo apuestan todo a que ellos van a ser de los afortunados y permanecer. Si se pudiera preguntar uno a uno todos responderían que han sido los más productivos del último semestre. Cunde la preocupación cuando aparece el CEO, radiante, optimista. Habla. Vivimos en un mundo que se transforma a pasos agigantados, dinámico, lleno de oportunidades, pero también de desafíos que sólo los pioneros serán capaces de solucionar. Todos sabéis que en los últimos años hemos sufrido cambios en pos de mantener la viabilidad de la empresa y mantener el máximo número de empleos posibles. Se escuchan susurros de temor. Todos hemos hecho sacrificios con estos cambios y puedo decir que éstos no han sido en vano, pues nos han permitido sobrevivir un semestre más. Pero a veces no basta con cambiar, con retocar algunos aspectos. A veces la vida nos obliga a aceptar que si se quiere sobrevivir es necesario transformarse. Transformarse no significa cambiar. Cambiar es bajar los sueldos, pero transformarse no significa necesariamente bajar los sueldos. Cambiar es despedir a los menos capaces, pero transformarse no significa necesariamente despedir. No temáis. Se escuchan susurros de desconcierto. Como ya he dicho vivimos en un mundo que cambia constantemente y donde antes había un hospital ahora hay un museo de los horrores, donde antes había una escuela ahora hay una estatua que atrae a los turistas. Las transformaciones afectan tanto a lo físico como a lo psíquico y quien no se adapte a esas transformaciones no sobrevivirá. Y yo os pregunto, si el mundo de ahí afuera se transforma constantemente, ¿por qué no transformarnos nosotros mismos, por qué no convertirnos en pioneros de nosotros mismos? Como CEO y líder vuestro en esta nuestra lucha por la supervivencia, y basándonos en los últimos informes financieros actuales y a futuro, la única manera de sobrevivir es quintuplicando la productividad con el personal actual. Somos conscientes de que con las actuales condiciones corporales eso es literalmente un imposible. ¿Pero es realmente imposible y estamos abocados al cierre? Desde ahora os digo que no, rotundamente no. Pero no va a ser fácil y sólo mediante la transformación y la adaptación al nuevo mundo será posible. Se escuchan susurros de aprobación. Todos somos conscientes de que en los puestos que ocupáis cada uno de vosotros el factor humano es un factor necesario para el correcto fluir de las fases de producción. En otras palabras: no podemos prescindir de vosotros si queremos sobrevivir. Sin embargo, con la actual constitución corporal que se deriva del factor humano, se hace imposible quintuplicar la productividad y todo hace pensar que se acabó, pues nos encontramos ante la irresoluble paradoja de lo imprescindible del factor humano y su limitación corporal. Pero yo os pregunto, si aceptamos que donde antes había una playa ahora hay un parque temático, donde antes un psiquiátrico ahora un supermercado, ¿por qué no dejarse implantar dos brazos robóticos que hagan posible la resolución de la paradoja? Se escuchan susurros de inquietud. Podemos ser una empresa pionera gracias al modelo de brazo R2D2, con el cual se puede no ya quintuplicar la producción sino centuplicarla, lo que nos permitiría ofrecer unos precios con los que cubrir el 20% del mercado mundial y con ello seguir manteniendo a nuestras familias, y todo ello sin que el usuario pierda la sensibilidad que ofertaban los inservibles brazos humanos, y por ello, sin necesidad de echarlos de menos y con la tranquilidad de contar con todas las garantías sanitarias. Como CEO y líder vuestro en esta nuestra lucha por la vida os digo que sólo mediante la transformación de nosotros mismos podremos continuar respirando, alimentando a nuestros polluelos, seguir pagando la hipoteca. Sólo mediante la transformación de nosotros mismos podremos abrirnos al futuro y ser los pioneros de la nueva vida, del nuevo mundo. Es momento de abandonar nuestra zona de confort. Es momento para devenir en robot y dejar la muerte para aquellos que no firmen el contrato en el que se acepta el implante de los brazos modelo R2D2. Aplausos.

Juan José Colomer Grau
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