Publica tu libro con Letralia y FBLibros Saltar al contenido

Monólogos II

domingo 17 de diciembre de 2023
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Me debilito cuando mis pasos contradicen las señales que me muestra el camino.

 


 

¿Construirme un camino? Sólo me será posible al amparo de otras pisadas compañeras de mis pasos.

 


 

Como caminante, me reconozco en espacios que me cobijan o en alturas donde yo mismo me coloco.

 


 

Debilitan mi marcha el desánimo, la incuria y el desconcierto.

 


 

Intento proseguir rutas que acordé conmigo mismo, apoyado principalmente en la esperanza.

 


 

Actúo y hablo. Serán mis actos y mis voces un destino.

 


 

Nunca seré enteramente dueño de mi recorrido. Siempre precisaré de alguien que una sus pasos a mis pasos.

 


 

He seguido mi camino deteniéndome sólo en mi cansancio. He bebido agua del cuenco de mis manos. He llevado conmigo la incertidumbre de mis tientos (impotencia del dios furtivo que llevo por dentro).

 


 

Incansable, transito instantes encerrados en la esfera de su propio sentido irreverente…

 


 

A veces, me rodea en la vida una sensación de fraude. Esa sensación me va convirtiendo, poco a poco, en un solitario heredero de circunstancias sólo mías.

 


 

Me muevo en escenarios donde aguardan retos y sorpresas, decepciones e incertidumbres, rutinas y prodigios, hastíos y esperanzas.

 


 

Sueño espacios clandestinos sólo míos. Me escondo en la quietud oscura. En mi espacio, cerrado a casi todos, abierto a casi nadie, me muevo entre tientos; sin cesar, palpo imágenes con sabor a encierro y soledad.

 


 

A veces percibo el mundo como un escenario donde, a la vez que actúo, voy aprendiendo, poco a poco, a entender.

 


 

Poseo asombro y respeto hacia muchas cosas que no puedo explicar.

 


 

He aprendido a rechazar la dispersión de las voces y a reconocer la fuerza de ciertos diálogos.

He aprendido a distinguir en ciertas imágenes el incuestionable rostro de la verdad.

 


 

Reconozco en la felicidad la mayor legitimación de la existencia.

 


 

Reconozco un sentido de circularidad en los dibujos de mi tiempo. Acaso por ello sólo logré entender a mi padre cuando me vi obligado a entender a mis hijos.

 


 

Anhelo imposible de vivir conforme conmigo mismo todos y cada uno de mis instantes.

 


 

Reconozco en la intención de triunfar una forma de victoria.

Reconozco que ni razones intelectuales ni la sola voluntad son suficientes para crecer genuinamente.

Reconozco que la continuidad y coherencia de mis pasos precisa de la fuerza y el impulso de una pasión, una ilusión o una fe; que es muy larga la ruta de la ilusión y son muy frágiles los pasos del iluso, que certeza e incertidumbre son actitudes igualmente posibles e igualmente legítimas, que aislarme en exceso pudiera deformar perspectivas y comprensiones pero que acercarme demasiado al afuera pudiera contradecirme.

 


 

Sé bien que sin esperanza no hay sentido alguno para estos pasos que doy.

 


 

Sé bien que nunca será para mí el fruto de la semilla que ignoro haber sembrado.

 


 

Sé bien que toda elección me encierra, que optar por algo significará siempre apartarme de algo.

 


 

Sé bien que sólo en silencio y sólo en soledad descubriré revelaciones y verdades irrefutables.

 


 

Sé bien que jamás la imaginación debería llevarme a confiscar la realidad ni a distanciarme de la vida; que se trata de colocarme, junto a mi imaginación, más cerca de ambas.

 


 

He aprendido que arrepentimientos o desasosiegos suelen aparecer inesperadamente como inseparables recurrencias del denso recuerdo que los ilustra.

 


 

He aprendido a contemplar: he comenzado a entender.

 


 

He aprendido que mis logros jamás lograrán protegerme de mis errores.

 


 

Dos aprendizajes centrales: alimentarme de la dicha del sosiego y apoyarme en la fuerza de la esperanza.

 


 

Mi percepción del triunfo fue cambiando con los años. Ahora sé que él significa, ante todo, complacencia con el camino construido y con el propósito de permanecer en él, lúcido, curioso, ilusionado, hasta su final.

 


 

Mi mayor debilidad reside en mi propia incuria.

 


 

Deberé siempre entender el sentido de todas y cada una de mis batallas.

 


 

Una de las más frecuentes razones de mis equivocaciones es y será siempre la intransigencia.

 


 

El sentimiento de triunfo puede convivir con la memoria del fracaso.

 


 

La incertidumbre me obliga a buscar respuestas.

 


 

Contradecirme me aleja de mi centro.

 


 

Muy pocas conclusiones son definitivas. Casi todas darán paso a otras que, a su vez, accederán a otras…

 


 

Alcanzar algo será siempre el preludio de algo.

 


 

He aprendido que mis límites son fronteras que me definen y defienden.

 


 

Reconozco mi frecuente incapacidad para reconocer lo evidente, para alcanzar con mis manos lo que muchos antes que yo parecieron saber moldear con las suyas.

Reconozco mi frecuente imposibilidad de ser parte de…

Reconozco mi temor a ciertos posibles desenlaces: al desvanecimiento del fervor que me impulsa, a los presentimientos deshaciéndose en desvaríos, a las incertidumbres imponiéndose a las certezas, a las ilusiones negándose a sí mismas…

Reconozco mi necesidad de hacerme de un lugar donde ocultar titubeos y tropiezos; donde superar el vacío de muchas horas devastadas; donde conjurar la vulnerabilidad, el temor y el tedio.

 


 

Busco conservar la esperanza en un mañana que no me contradiga.

Busco alimentar la imaginación que me pertenece.

Busco distinguir en mi tiempo un cauce hacia el sosiego.

 


 

Elijo y me afirmo. Me afirmo y me limito. Me limito y me fortalezco…

 


 

Cambiaron el tiempo y los lugares. Cambió mi manera de vivir y de escribir mis voces.

 


 

Con mis voces erijo mi presencia ante lo otro…

 


 

Con palabras nuevas nombro diferentemente.

Con palabras compañeras nombro ese tiempo que es el mío.

Con palabras curiosas indago en la realidad.

Con palabras versátiles descubro que mi sentido no sólo reside en mí.

Con palabras entrañables corroboro la persistencia de ciertos instantes…

 


 

Correspondencia entre mis voces y mi vida: una posible justificación de mi tiempo.

 


 

Esta voz con que vivo: metáfora de vida, signo del tiempo que soy. Me acerca al afuera o me refugia en mis adentros. Su evolución es mi evolución, su silencio mi mutismo y mi derrota. Junto a ella recreo espejismos, asideros, apoyos necesarios… Conjuro con ella la confusión o el desamparo. Junto a ella respondo la interminable pregunta que soy.

Esta voz con que vivo: poco a poco fui reconociendo sus significados y alcances. ¿Su principal potestad? Permitirme distinguir correspondencias entre casi todas las cosas. Fallarle significaría mi inconsistencia.

Esta voz con que vivo: una y otra vez regresa sobre sí misma para contemplarse en su reflejo. Hablo con ella siempre en presente y junto a ella dibujo palabras desde un ahora que recuerda, imagina, sueña y espera…

Rafael Fauquié
Últimas entradas de Rafael Fauquié (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio