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Cuatro poemas de Ulises Paniagua

miércoles 25 de septiembre de 2024
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Asómbrate

Asómbrate: nos fue dado el lenguaje
Qué mecanismo neuronal más maravilloso
Qué manera de transmitir ideas a través del aire

Qué ondulaciones magníficas, estas que unen
raíces profundas sin palparnos

Qué magia invisible la del lóbulo frontal
Qué modo de alumbrar el intrincado tapiz
del exocerebro

Admírate
Nos concedieron este cuerpo
(la naturaleza supo lo que hacía)

Cada órgano
cada pieza perfectamente
organizada como una ciudad:
una prolongada novela

Un sistema que regula la sangre:
el agua en la sangre, el oxígeno en la sangre
la más profunda y orgánica tecnología

Contempla estas maravillas:
las vísceras, artilugios de materia viva
los pulmones, el riñón, el vientre de una madre:
mecanismos de carne y sustancia

Sorpréndete
Tomamos decisiones cada día
Improvisamos rutas sobre miles de calles
(reconocibles o ajenas)

Bifurcaciones somos
Multiplicación infinita
que deriva en nuevas permutaciones

Neuronas profundas
Conexión con conexiones ajenas
Red a la que nombramos Historia

21 luminosos gramos (que entendemos por alma)
conectadas a 21 gramos de otros tantos vivos
y muchos, muchos muertos

Aprendices de sinapsis que ya partieron
Radiocomunicaciones que asentamos en papel
En libros: esa gran placenta del mundo
De nuestro mundo

Asómbrate
Nos han dado el nombre
Nos fue dada el agua
Gozamos la percepción de la luz

Sabemos que estamos aquí, ahora
Presentimos la vida
(de un modo, torpe, primitivo
pero sabemos)

Resígnate
La Inteligencia Artificial, sin duda, habrá de trascendernos
La tierra seguirá adelante sin nosotros
La verde yerba nos nacerá desde la piel
Seremos el pasto de nuevos milenios

Volverán los mares y los ríos
—en su sabiduría infinita—
a reclamar lo que siempre ha sido suyo

Nos hundiremos en el tiempo
Muy abajo
Es cierto

Mas, por lo pronto, admírate
Somos excepciones pequeñas
profanas

Asómbrate
Nos fue dado el lenguaje
el tiempo, la música
los números, el amor

Nos fue concedido el conocimiento.

 

Teseo en ti

I

La paradoja de la nave de Teseo narra cómo, al zarpar de Creta,
su barco estaba completo
Tanto como su ánimo de regresar al verde terruño

(Existen dos dudas, sin embargo:
si la historia es verídica, y si
Teseo fue un héroe o un asesino de minotauros)
Tales datos son irrelevantes

 

***

 

La paradoja de la nave de Teseo afirma que, sobre la marcha,
el barco sufrió daños letales
Se fue deshaciendo pedazo a pedazo
tormenta a tormenta
madero a madero

Cada pieza rota —como nuevos ojos, como nuevas manos—
se sustituyó por una idéntica
un repuesto quizá de universos paralelos

(La leyenda no explica por qué existía una cosa idéntica
para cada cosa
o en qué bodega se guardaban tan cuánticos
o metafísicos espejos)
Tales datos, aquí, son irrelevantes

 

***

 

El asunto es que, al llegar a Grecia
ante todas las piezas alteradas
nadie pudo descifrar si el barco era
o no era
el mismo barco

(¿Es esto cierto?
¿Alguna vez existió algo verdaderamente cierto?)

 

***

 

La paradoja de la nave de Teseo establece
que nadie sabe si el barco verdadero
era el primero, el subsecuente o el último

Así ocurre con nosotros
Cuando niños, fuimos un barco
Cuando adolescentes, otro distinto
Hoy, nadie sabe si navegamos con piezas nuevas
Si somos, o no, aquello que fue reconstruido

¿Qué versión de nuestro navío
arribará al último puerto?

 

La otra ciudad

A Constantin Cavafis

 

Dices, Cavafis, que irás a otra tierra, hacia otro mar:
Y yo anhelo conocer tu tierra y tu mar
Dices, Cavafis, que hallarás una ciudad mejor, con certeza
Y yo sueño con Atenas cada noche

Juras que donde vuelves los ojos sólo ves
las oscuras ruinas de tu vida
y los muchos años que allí pasaste o destruyes
Yo busco mi desolación en los puertos y los bares
que frecuentas

Es cierto, Cavafis
que no hallarás otra tierra ni otro mar
Tampoco lo haré yo

El nombre de mis calles, de tus calles,
irá en nosotros, como un tatuaje que sangra a media luz

Volverás a la Ciudad de México que no conociste
Retornaré a la Ítaca de la que no debí partir
Serán las mismas ventanas
Llegará tu vejez en los mismos suburbios
(para mí, los años tal vez no alcancen para tanto)

Encanecerás en la misma casa, Cavafis
Yo buscaré escapar de mí
Y, a solas, leyendo libros
encerrado en el clóset
viajaré a un archipiélago oscuro
pasto de minotauros interiores

Esta urbe es la misma
Será la misma
Nuestros lugares serán hogar de la espera

Mi ciudad es tuya, Cavafis
No busques otra —no la hay—
ni caminos ni barco para ti

La vida que aquí perdiste,
en la Atenas mexicana, la has destruido
Lo mismo hice yo en la Tenochtitlan griega

Te digo que iré a otra tierra, hacia otro mar:
Y sé que anhelarás, aun en tu muerte, conocer mi tierra y mi mar

No hay otro modo, Cavafis:
No hallaremos mejor ciudad que aquella de la que no partimos.

 

No, Proudhon

A Enrique Dussel
y su estética de la liberación

Dice Proudhon que los humanos son los únicos seres
que pueden apreciar la belleza

Pero he visto al canario de la selva batir sus alas, hacer una reverencia al sol
como lo hace un poeta que conjura la belleza en medio de un delirio

El canario ama al sol
Cuando bate sus alas, emite un juicio estético
Hay asombro más allá de una jaula hecha de palabras

Dice Proudhon que los humanos son los únicos seres
que pueden apreciar la belleza

Miente.

Ulises Paniagua
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