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El primer poeta gauchesco

viernes 28 de mayo de 2021
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Bartolomé Hidalgo
Sello del Correo Uruguayo dedicado a Bartolomé Hidalgo, emitido en 1971.

Habitualmente se consigna que, en el tiempo, el primer poeta gauchesco es Bartolomé José Hidalgo. Nació en Montevideo el 24 de agosto de 1788.

Me encantaría afirmar que era uruguayo, pero el hecho es que, en ese momento, no existían ni el Uruguay ni la Argentina, de modo que su llegada a este valle de lágrimas se produjo en el Virreinato del Río de la Plata, fundado en 1776, por lo cual podemos razonablemente adjudicarle la nacionalidad (o entelequia) “rioplatense”. Y, como suele ocurrir con no pocos amigos de los nacidos en la banda izquierda del río color de león, se afincó en la diestra orilla, donde lo alcanzó el fin de sus días en el pueblo de Morón, el 28 de noviembre de 1822.

Sea como fuere, don Bartolomé José no fue “el primer poeta gauchesco”.

Veamos por qué.

 

Un comienzo afortunado

Muchísimas personas recuerdan la sextina con que principia El gaucho Martín Fierro (1872):

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estrordinaria
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.

“Aquí me pongo a cantar” es, tal como consigna Horacio Jorge Becco,1 “una feliz y popular forma de iniciación, que recogen numerosos cancioneros” (pág. 292). Vale la pena reproducir los muy lindos versos anónimos que Becco nos ofrece a continuación:

Aquí me pongo a cantar
debajo de este membrillo,
a ver si puedo alcanzar
las astas de aquel novillo.
Si este novillo me mata,
no me entierren en sagrado;
entiérrenme en campo verde
donde me pise el ganado.
En la cabecera pongan
un letrero colorado,
y en el letrero que diga:
“Aquí murió un desgraciado”.

No se privó de emplear este mismo comienzo folclórico el padre Juan Baltasar Maciel: Santa Fe (actual Argentina), 7 de septiembre de 1727 – Montevideo (actual Uruguay), 2 de enero de 1788. Por una de esas bromas de la historia, nació en el Virreinato del Perú y murió en el Virreinato del Río de la Plata, dos entidades políticas que han dejado de existir hace más de dos siglos.

 

“Estilo campestre”

Maciel afirma, hacia 1777, que, en sus versos, va a utilizar deliberadamente un lenguaje que no es el suyo habitual: el “estilo campestre”. Su composición se titula “Canta un guaso2 en estilo campestre los triunfos del excelentísimo señor don Pedro Cevallos”,3 y empieza así:

Aquí me pongo a cantar
abajo de aquestas talas
del maior guaina4 del mundo
los triunfos y las gazañas.
He de puja,5 el caballero,
y bien vaia toda su alma,
que a los portugueses jaques
ha zurrado la badana.6

Es un romance octosílabo, con sólo rima asonante en los versos pares, o sea la forma que interpone menos dificultades a su redactor. Su extensión original era de 40 versos, pero, según indica Pedro Luis Barcia (“Las letras rioplatenses en el período de la Ilustración: Juan Baltasar Maciel y el conflicto de dos sistemas literarios”), “el manuscrito mantenido en la Colección Segurola perdió el v. 22 al ser guillotinado el papel para la encuadernación”, de manera que el texto publicado en la antología de Weyland concluye en el verso 39.

Expresa Barcia:

Es el primer letrado que asume la imitación de la voz popular en la literatura argentina para plasmar un poema compuesto y celebrar una hazaña político-militar. Y es fundacional porque, hacia 1777, Maciel se sacó de la manga un nuevo sistema literario: el gauchesco y, con “Canta un guaso”, fundó una literatura de notable vitalidad y descendencia.

Vistas estas circunstancias, parece lícito que, al inquieto sacerdote rebelado, en la oportunidad, contra el neoclasicismo dieciochesco, le otorguemos, a pesar de la breve extensión y de los escasos valores literarios de sus versos, el título de fundador de la poesía gauchesca.

Sin embargo, el mismo Maciel, taimada e irónicamente, termina su poema con “disculpas” por haberse expresado de manera divergente de lo que se estilaba:

Perdone, señor Cevallos,
mi rana silvestre y guasa,
que las germanas de Apolo
no habitan en la campaña.

Tal como vimos, Maciel abandonó nuestro mundo unos ocho meses antes de que en él se presentase Bartolomé Hidalgo (1788-1822). Luego llegarían, en orden cronológico, otros gauchescos del siglo XIX: Hilario Ascasubi (1807-1875), Estanislao del Campo (1834-1880), José Hernández (1834-1886), Antonio Lussich (1848-1928)…

Fernando Sorrentino
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Notas

  1. José Hernández, Martín Fierro. Introducción, notas, bibliografía y vocabulario de Horacio Jorge Becco, Buenos Aires, Brami Huemul, 1993, 448 págs.
  2. DRAE: “guaso”, tercera acepción: “m. y f. Campesino de Chile”. Puesto que Maciel estudió y se doctoró en Chile, resulta evidente que su “guaso” (campesino de Chile) equivale a nuestro vernáculo “gaucho”.
  3. En las págs. 58-59 de W. G. Weyland (prólogo, selección y notas), Poetas coloniales de la Argentina. Antología, Buenos Aires, Estrada, 1949, 172 págs.
  4. “Guaina”: “varón” en quechua (Barcia).
  5. Copio al pie de la letra este certero comentario: “Lo que llama la atención es el modo atrevido de encarar el panegírico del virrey Cevallos: ‘He de puja, el caballero, / y bien vaya toda su alma, / que a los portugueses jaques / ha zurrado la badana’. ‘He de puja’ es un sucedáneo evidente de ‘hijo de puta’. Entonces esto sonaría: ‘Qué hijo de puta el caballero’ [el virrey Cevallos] de tan buen general que es. Es una forma antifrástica de elogio (es decir, afirma lo contrario de lo que quiere decir: el insulto como alabanza)”. Pertenece a Jaime Antonio Peire en su ensayo “El surgimiento de la literatura gauchesca en el Río de la Plata: cambio social y negociaciones culturales (1770-1820)”.
  6. En suma, podemos parafrasear estos cuatro versos del siglo XVIII de modo más actual: “¡Qué hijo de puta el caballero!, y bien vaya toda su alma, pues a los portugueses bravucones les ha propinado una paliza”.