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El lenguaje poético como reflexión vital de Himnos tardíos a Pasos en la nieve

lunes 27 de junio de 2016
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Jaime Siles
La poesía de Jaime Siles es, sin duda alguna, un interrogante continuo.

Jaime Siles es, en la actualidad, uno de las más prestigiosos poetas valencianos, con una trayectoria muy consolidada que abarca más de trece libros, sin olvidar su prestigio académico, largamente reconocido, su labor de traductor, su presencia en los suplementos culturales de periódicos de primera línea y su labor como conferenciante en muchas universidades y en foros de todo tipo donde ha resaltado la importancia del lenguaje poético, la dificultad de encontrar en el mismo una certeza, algo que nos una, definitivamente, al mundo. Sin duda alguna, para el poeta valenciano, el lenguaje es la arquitrabe del poema, pero también esconde el vacío de su estructura, en perfecto paralelismo con nuestra condición vital, siempre sometida a la incertidumbre de nuestra mortalidad.

Esa transformación del yo en un todo colectivo tiene que ver con la antigüedad, en la que se sustenta la herencia de Jaime Siles por sus estudios clásicos.  

Si el lenguaje poético no está exento de esa fragilidad que esconde nuestra presencia en el mundo, la poesía de Jaime Siles es, sin duda alguna, un interrogante continuo, una reflexión sobre nuestro paso por el mundo, como dejó muy claro en uno de sus libros más esclarecedores desde el punto de vista del lirismo existencial; me refiero a Pasos en la nieve (2004), donde los pasos son la escritura sobre la página en blanco (la nieve).

Pero no sería justo hacer estas afirmaciones sin ahondar en el proceso que va de Himnos tardíos a Pasos en la nieve, dos libros que se suceden, eslabonados por la pericia del poeta, en busca de un lenguaje que cobre una materialización ante el objeto que presenta, una certidumbre que se va diluyendo ante la reflexión que suscita la misma presencia del lenguaje, evanescente, como la nieve cuando se licua.

Himnos tardíos fue un libro celebrado, ya que ganó el I Premio Internacional Generación del 27 en 1998. El poso del libro radica en la presencia del yo, el por qué esa individualidad va insertándose en la colectividad, en busca de una mayor resonancia, como si tuviese un eco que propaga el sentido de la escritura silesiana.

No hay que olvidar que esa transformación del yo en un todo colectivo tiene que ver con la antigüedad, en la que se sustenta la herencia de Jaime Siles por sus estudios clásicos que no han dejado de alumbrar en su obra. Muy reveladora resulta la publicación de la antología poética, cuya edición ha corrido a cargo de Sergio Arlandis, poeta y profesor valenciano de reconocido prestigio; esta antología, titulada Cenotafio, ha sido publicada en el año 2011 en Cátedra, Letras Hispánicas. Hay que escuchar la reflexión de Arlandis sobre el yo silesiano:

El yo pasa a ser el foco de atención indiscutible del libro, pero su presencia, si bien provoca el nacimiento del himno, sufre la pérdida que todo lo tardío produce. Ahora bien, el libro no iría orientado al propio nacimiento de ese yo en el poema, sino que discurriría en torno a su identificación (Cenotafio: antología poética 1969-2009, edición de Sergio Arlandis, Cátedra, Letras Hispánicas, 2011, p. 89).

Rosa Navarro Durán también señala la incorporación del yo a un nosotros que implica al lector, lo que lleva a hacer una reflexión sobre la idea ya estudiada y muy señalada por Francisco Brines en sus Estudios de poesía española, acerca del lector como un segundo creador, alguien que crea tras los silencios del poema, tras las lagunas que quedan al leerlo o al decirlo, en la pura tradición de la literatura oral, que precede del comienzo de nuestra lírica, un nuevo poema.

Idea que sustenta este libro que recorre con paso firme la sombra del desengaño, como si el lenguaje ya no pudiese vertebrar la certeza de la vida a través de la escritura, sino la descomposición de lo vital porque la escritura también adolece de lagunas insondables.

La idea de la salvación del ser humano a través del poema también está presente, como señala muy acertadamente Sergio Arlandis en la antología ya citada; el poeta busca su salvación en el acto creador, como si, ya presente su inmortalidad al escribir, pudiese demorar sin término alguno su encuentro con la muerte. En el poema la salvación está asegurada, en la vida no. Pero Jaime Siles no parece seguro de ello, ya que el poema también zozobra ante la incertidumbre del lenguaje apropiado, aquel que libre al poema de toda inseguridad y, por ende, de toda deconstrucción.

Lo mejor es asentar lo dicho a través de los ejemplos que el libro nos ofrece y que preparan el camino a un libro de clara hondura existencial que luego comentaré; me refiero a Pasos en la nieve.

Se puede presentir ya esa idea que apuntaba Sergio Arlandis en Cenotafio sobre los pasos como el lenguaje que encuentra su recinto ideal en el papel, como los pasos en la blancura de la página en el libro que sigue a Himnos tardíos, el ya comentado Pasos en la nieve. El poema se titula así,  “Pasos en el papel”, está dedicado a Luis María Ansón y dice:

Hoy todas las palabras me vinieron a ver. / Iban todas vestidas y yo las desnudé. / Tenían agua dentro y yo se la quité. / Bebí toda su agua y me quedó su sed. / No me quedó su habla: me quedó su mudez.

Vemos el lenguaje que tiene oropeles, las palabras van vestidas, pero el poeta puede, como el Sumo hacedor, desvestirlas; sin embargo, su poder de demiurgo no encuentra salvación, porque las palabras callan “su mudez”, porque se rebelan al creador, en la senda unamuniana del personaje que quiere imponerse al autor del libro en la famosa novela de Miguel de Unamuno Niebla.

El enigma del lenguaje, su imposibilidad de elegir la mejor de las opciones, el fracaso del lenguaje perfecto, queda manifestado en otros versos de este poema:

Las palabras son pasos dados sobre el papel / hacia nosotros mismos pero con otra piel. / Ellas y nosotros formamos un vaivén / en el tiempo que dura nuestro yo en otro quien.

Palabras que se fugan de nosotros, palabras que cambian, como los camaleones, de color y de piel, es decir, lenguaje que se escapa de las manos, como el agua que queremos retener cuando cae inmensa de la fuente.

El poeta reconoce el problema de la identidad, de la asunción del yo poemático como un todo y de la necesidad de establecer en el lenguaje una búsqueda de la certidumbre que toda vida nos niega, referido a estos dos libros (Himnos tardíos y Pasos en la nieve) que contienen una continuidad y deben ser estudiados como un bloque homogéneo:

El primero combinando el himno con la elegía (de estirpe menos latina que germánica); el segundo, más polimétrico, polimórfico y politemático —como los pronombres de las lenguas indoeuropeas— indagando los espectros de la memoria y la mímesis que es toda identidad (Siles, 2007, 28).

Este texto pertenece a “El yo es un producto del lenguaje”, aparecido en Poética ypoesía,Jaime Siles, que editó la Fundación Juan March en el año 2007. Las palabras del poeta constituyen el prólogo del libro y son clarificadoras para entender las diferencias entre dos libros que suponen una divagación sobre la existencia y sus aristas. Si Himnos tardíos está constituido con los mimbres de la poesía hímnica que se transforma, por la incertidumbre de todo lenguaje, en elegía, es decir, en un desengaño vital que el mismo lenguaje proporciona, en Pasos en la nieve la búsqueda es más heterogénea y el poeta ahonda en los temas del ubi sunt, de la vida como tiempo que se va, de otros temas tratados ya en la Edad Media y que Siles recoge en el libro, como comentaré después.

El poeta valenciano entiende el poema en su materialidad, lo que deja la tinta al escribir una palabra, pero también en la fugacidad que contiene.  

Por ello, Himnos tardíos es un claro precedente a Pasosen la nieve, porque ya se vislumbra la irrealidad de todo lenguaje, afín a la extrañeza que toda vida, en su transcurrir, produce. Por ello, logra esa búsqueda de la verdad de las palabras, pero encuentra siempre los espejismos de la página, cuyo latido siente, como si fuese una parte de su corazón, así dice en la segunda parte del poema “Ángulos muertos”, lo siguiente:

Vivir la vida del poema, / resbalar por su voz, / por su respiración, / por su saliva. / Sentir la tinta / llegar a su raíz originaria, / escuchar el sonido de sus velas, / oler el perfume de su vegetación, / sumergirse en sus sones, / sus latidos, sus algas, / saber lo que pasó, / lo que no pudo ser, / lo que no ha sido.

El poema late en el escritor, vive físicamente en la tinta que empieza a cubrir de grafía la página, pero también, como si de un ser humano se tratase, escuchamos su respiración, su saliva. Esta doble forma del poema, su fisicidad y su espiritualidad, va dejando en el poeta una sensación fascinante y desconocida. También el poema concita el pasado, nos habla del ayer: “saber lo que pasó, / lo que no pudo ser, / lo que no ha sido”. El poema es el recuerdo, también el deseo frustrado; por último, nuestras aspiraciones rotas.

El poeta valenciano entiende el poema en su materialidad, lo que deja la tinta al escribir una palabra, pero también en la fugacidad que contiene, como si en todo momento se escapase de la página, dejase de ser, al fin y al cabo.

Esa contradicción, paralela a la del ser humano, es la que le hace decir que el poema vive en una “nada pura”, una especie de universo que se desintegra, un ser y no ser continuo:

En esa nada pura / donde vive el poema / estar como de tránsito, / de viaje, de fiesta, de visita. / Estar como de paso / como se está en el yo. / Vivir en el poema / al otro lado del poema. / Vivir la vida del poema / en el continuo tránsito del yo.

El poeta considera, seguidamente, que la forma es azarosa y arbitraria, se nos impone por un deseo inconsciente, pero también se nos niega, porque se diluye como un espejismo, al querer inmortalizarse en la página en blanco.

Francoise Morcillo, profesora en Francia y gran estudiosa de la obra de Jaime Siles, al que ha dedicado varios libros, dice en su excelente estudio Jaime Siles: un poeta español clásico contemporáneo, publicado por la editorial L’Harmattan en 2002 en París, algo que queda recogido de las palabras del poeta valenciano en sus notas de autor, para la primera edición de su Poesía, 1969-1980, publicada en Visor en 1982:

Toda obra es, necesariamente, supresión. Y, también, negación. Y, sobre todo, historia. El conjunto de signos que se reúne aquí no constituye un texto: configura una des-significación. No es lo que el lenguaje da, sino lo que el lenguaje niega. Y se sucede así en la forma, único suceder de toda identidad.

El poeta considera, seguidamente, que la forma es azarosa y arbitraria; se nos impone por un deseo inconsciente, pero también se nos niega, porque se diluye en su inmaterialidad, esa es la idea latente que Siles maneja en la mayoría de sus libros y que va consolidando en Himnos tardíos.

Pedro García Cueto
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