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Dos poemas
Claudio Nervi
Lalo
Lalo:
En San Pedro
Siento seca la tierra, no quiero pronunciar palabras,
casi treinta montes rodean mi espectáculo:
una loma de rocas nuevas bendiciendo su entorno
que a su vez las recompensa con sabiduría,
como una medialuna de miles de años
que anhela circundarlo todo.
Otra medialuna verde, que huele a hombre
cruzada por caminos, curvas y altibajos
refresca al pueblo como puede e intenta evitar lo inevitable:
juntarme con el horizonte,
la unión de lo nuevo con lo antiguo;
ésta es la oración de los treinta montes.
Maremoto de nubes en la montaña
sobre un gran vacío celeste.
¿Dónde están la Vía Lactea y las estrellas?
Su orden jerárquico ya nadie extraña,
el Sol es el centro, mi sombra se apaga.
Sufro por mi independencia y escapo de ella,
sólo para ahogarme, no vale la pena.
Los rayos me queman, las rocas me tientan,
me tiendo en la tierra, asumo mis huellas.
Ahora estoy absolutamente entregado a la naturaleza.
PD: Viene la fiesta
Temo que mi espíritu acelere mi corazón;
de pronto éste se confunde con un rítmico sonido,
frecuencia grave que golpea el valle y supera todos obstáculos terrestres.
Bombos de San Pedro a San Pedro
y miedo a lo desconocido.
Prosa en Poema y Poema en Prosa.
El ritual
Su miel se encarga de embriagarme
Fluye paciente, brota en medio
Y humedece todo el aire;
Yo trago y trago su veneno.
Sus alas lento se repliegan
Mientras hiberno en su aliento
Y mil ojos no le alcanzan
Para leer mi pensamiento.
CORO:
Te siento cerca, insecto eterno,
Tu cuerpo es luz y oro negro.
Te siento cerca, insecto eterno,
Son dulces nubes y oro negro.
Trago y me divierto con tus manos,
Líneas de dulce néctar que afloran de tu cuerpo,
La ropa es un escudo, sustenta este elemento,
Comienza el final, el natural descenso.
Alcanza para todos, falta para mí,
Con tres o cuatro vueltas no me alcanzo a convertir:
La danza confusa es el ritual de la manada
Acaba el movimiento, no queda nada.