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Tres poemas
Mónica Reveles Ramírez
Poesía
Poesía
que escribe con sangre
el juramento de surgir entre desechos de piel,
relegada en la oscuridad de un escenario,
donde alguna vez,
protagónica lanzará su grito de rechazo para el mundo.
Poesía
que amante se revuelca de miedo entre las sábanas de papel
cubierta con sus histerias infinitas.
Carbón,
de rasgo a rasgo,
des-hace el relato de los nombres
que una vez se creyeron mortales, hoy impronunciados.
Vuelve a nosotros, gran madre,
contamínanos con tu luz.
Vuelve con tu verdad de flores y llanto.
Anida por nosotros,
entre tus ríos y montañas
el lenguaje inconfundible de tu oración.
Amante entre horas de luz nocturna,
tu que posees el secreto de primeras rimas,
acláranos el camino en este desierto pautado.
Poema en una noche, cuando la verdad nos mostró un vestido
Construir el poema
cuando el amor y la soledad se apoderan de la vida.
Meditar,
construir el poema,
cuando buscas al amante que promete y no acude a la cita,
porque realmente no existe,
una verdad absoluta lo desmiente.
Perseguirlo por toda la ciudad,
por todo un mundo friolento y amargo,
cansado ya de estar tomando tanto trago de soledad y desdicha,
de muerte y destrucción:
amar, sin esperar,
llorar sin consuelo,
crecer sin vida
morir y no nacer,
y que la angustia de cada día se alimente con nuestras horas.
Viajar a otra vida,
ser de siempre,
enemigos de toda conformación que se parezca a nuestros sueños.
Vigilantes que todavía creen que llegará la claridad.
Paso por la carretera veloz,
me lleva a la ventana encendida de la vida:
este mundo no existe,
nos contaron una mentira.
Signos
Soy de signo tierra,
atada por latitudes y algún infierno.
Creo en el amor ciegamente:
me dejo guiar por su deseo.
Hoy el mar en calma
oculta un lugar del ocaso:
isla donde crece flor con desesperanza.
Te espero
con mis estaciones lunares,
y rosas que no ha marchitado el invierno.
Hace ya dos lunas que te fuiste
a la tierra donde se caza el pez de los delirios,
a buscar extractos del rocío
y copos de nieve para nuestro nido.
Hace ya cien arco iris
que no te percibe la mirada.
Cuando vuelvas a esta tierra amarga,
se alejarán noches que me detienen con cadenas,
reposarán entre mis manos tus sentidos,
Y la luz negra del ocaso,
que me ata a tierra y deseo,
me hará libre
bajo el cielo que vigila este sueño.