Saltar al contenido

Aparición y otras desapariciones, de Ángel Guinda

sábado 6 de septiembre de 2025
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Ángel Guinda
En Aparición y otras desapariciones vemos al Ángel Guinda (1948-2022) que ya presiente la muerte; quizá fue una constante en su vida, una sombra que estaba presente. 📷 Raquel Arroyo Fraile • Olifante
Ángel Guinda se nos fue el 29 de enero de 2022, pero sobrevuela sobre nosotros, nos acompaña aún en la vida en sombras que llevamos. Su poesía es remanso, certidumbre, serenidad, sosiego. Su muerte no es el final, porque su obra, gracias al empeño de Trinidad Ruiz Marcellán, vuelve siempre y va regalando nuevos libros.

La editorial Olifante fue un proyecto donde Ángel Guinda (1948-2022) tuvo mucho peso; parece que lo veo fumando, vestido de negro, felicitándome por un ensayo enjundioso que le dediqué a Juan Gil-Albert. Sentado como un hombre con sombras, cuya transparencia acudía siempre con el abrazo abierto y la mirada franca.

En Aparición y otras desapariciones vemos al Ángel que ya presiente la muerte; quizá fue una constante en su vida, una sombra que estaba presente, porque el poeta, que gozaba de la vida, no ignoraba su reverso, ya que nacimos para morir al final.

“Aparición y otras desapariciones”, de Ángel Guinda
Aparición y otras desapariciones, de Ángel Guinda (Olifante, 2023). Disponible en Amazon

Aparición y otras desapariciones
Ángel Guinda
Poesía
Olifante Ediciones de Poesía
Tarazona (España), 2023
ISBN: 978-8412556698
96 páginas

En el poema “Cuando me muera” dice:

Cuando me muera
no será mi desgracia que no viva,
sino dejar de verte vivir,
dejar de verte dar vida.
Cuando me muera
vive más
por ti, por mí;
más allá del gozar y del sufrir,
más allá del fin.

Quiere el poeta que la persona amada siga presente, porque el morir es sólo un paso hacia otro estado, donde la otra persona respira su aire, besa su boca, conversa con él. El muerto está vivo, porque vuelve en diálogo constante con el vivo, abraza así el confín del tiempo y renueva la felicidad o la tristeza del que se queda. El morir no se entiende como una culminación, sino como una continuidad.

En “La muerte sabe mi nombre”, el poeta conoce que todos estamos señalados, llevamos el sino de nuestro día fijado. Hombres en sombras que caminamos en la aventura vital como si desveláramos el cadáver que seremos. Me evoca todo ello al Cesare Pavese que decía: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.

Pero también la creación es un tema de este libro, cuando dice en “El poema”:

A veces el poema llega a mí
lo mismo que un potro desbocado,
como la noche en llamas
bajo la tormenta,
la solemne majestuosidad del rayo
o la jauría hambrienta, desatada,
polvo de ruido, carga de granizo.
Agua que lava, destroza, inunda.
A veces el poema es una cascada
dentro de la cabeza.

Poema que llega en el momento de la inspiración, no cuando se busca, sino cuando él nos encuentra, poema que nos arrebata la ropa y nos desnuda, poema que nos violenta con su presencia. Entonces, tenemos que escribir, envueltos ya en la frondosa búsqueda de las palabras, que surgen como el jardín prohibido que profanamos, ese lenguaje nuevo, siempre nuestro al trazarlo en el papel.

Y en el poema “Tu cuerpo”, me gustan mucho los versos finales:

Donde los actos mueren,
irrumpen los deseos
y se quedan.

Es entonces cuando vive siempre la imaginación, más allá del conocimiento del cuerpo, ensamblado al deseo, fusión que es eterna.

Y, para concluir, el poema “El sepulturero”, donde Ángel Guinda, cuyo arrojo poético es el del marinero que se enfrenta al mar bravío para que la tempestad le anegue, le dice al sepulturero:

He conocido a mi sepulturero,
tan joven que podría enterrarme cuatro veces.
Hemos hablado de la vida en el pueblo
(de la vida)
paladeando unos vinos.
Cuando nos despedíamos me restregó al oído:
seré amable
y le echaré la tierra con las manos.

La vida entre paréntesis, ¿es acaso vida lo nuestro?, parece decirnos, es acaso vivir ese pasear por los días como sonámbulos por las palabras y los gestos, como si fuéramos ya parte de la Divina Comedia, seres en el infierno de Dante, pero, además, la delicadeza está presente. Lo está en ese gesto: “seré amable / y le echaré la tierra con las manos”. Conocer al que te va a enterrar demuestra hasta qué punto el poeta sabe que la muerte ya se ha presentado en su casa, se ha sentado en su cama, ha paseado por su salón.

Libro premonitorio, porque está escrito con la sangre derramada, esa del poema de Lorca a Sánchez Mejías, sangre que se vierte ya en vida, para entregarla a la muerte, como cosecha para la tierra.

Fue un poeta único y quizás vive aún en nosotros, dialoga conmigo, mirándome con su ropa oscura, mientras paladea un cigarro, como quien sabe que somos sólo polvo en realidad. De nuevo, nos llega el gran poeta y ya se sienta en nuestro salón para siempre, convertido en el convidado de piedra. Bienvenido, amigo, no nos dejes nunca.

Pedro García Cueto

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio