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Voy a jugar la Champions algún día

martes 25 de junio de 2024
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Roberto Bolaño
La andadura del Girona FC podría ser más bolañesca que quijotesca.
A Pablo Flores, hermano latinoamericano.

El 4 de mayo de 2024 será recordado en la ciudad de Gerona, España, como el día de la gran hazaña. Su equipo de fútbol, el Girona FC, le gana de forma contundente al FC Barcelona tras una remontada memorable y, a falta de cuatro jornadas para culminar la temporada, consigue uno de los cuatro cupos para disputar la próxima Liga de Campeones o Champions League de Europa.

El Girona es considerado un equipo de fútbol chico cuyo historial ha estado marcado por su andadura en divisiones inferiores, y en tan sólo cuatro temporadas en la máxima categoría, ha pasado a convertirse en la revelación del torneo, llegando incluso a pelear el liderato con el Real Madrid durante veintisiete fechas.

Es en Gerona, ciudad donde milita el club, en la que un joven Roberto Bolaño, recién llegado desde Ciudad de México, comienza a asentarse en España y, como es bien sabido por aquellos que indagan en su particular biografía, realiza labores de cualquier migrante para ganarse la vida, pero no por ello pierde el interés en aquello que le apasiona, planeando incluso fundar una editorial para poetas.

Por coincidencias de la vida, queda registrada la conversación que tuvo Bolaño con Santi Serramitjana, dueño de una tienda de juegos de estrategia en España en la que éste último le pregunta: “Eres escritor, pero ¿tú estás en Segunda B, no?”. A lo que Bolaño responde: “Sí, sí, pero voy a jugar la Champions algún día”. Es Roberto Bolaño un ciudadano de a pie al que, como cualquier chileno, mexicano, latinoamericano o incluso español, le apasiona el fútbol. Desde su cuento “Buba”, incluido en el libro Putas asesinas, hasta su referencia en la entrevista en el que compara al narrador argentino Antonio di Benedetto como un crack de primera división que va a jugar en campos de tierra pelada de cuarta división regional, por el simple hecho de participar en concursos literarios municipales para ganarse la vida.

De igual forma, en el discurso de aceptación del premio Rómulo Gallegos, Bolaño nos comparte sus recuerdos relacionados con esta disciplina: siendo niño jugaba con el número 11 y le atajó un penalti a Vavá en un entrenamiento de la selección de Brasil en el mundial de Chile 62, pero decidió ser escritor al considerarse un pésimo jugador y además disléxico.

Con todo esto, la andadura del Girona FC podría ser más bolañesca que quijotesca. Y vaya que Bolaño sigue jugando la Champions League de los escritores, irrumpiendo con maestría y contundencia en el escenario de la literatura universal desde la publicación de sus novelas más icónicas: Los detectives salvajes y 2666. El camino de ambos, el del escritor y el del equipo de fútbol, marca una tendencia, un lugar común entre los que, de la nada, aspiran a la grandeza.

 

Referencias

Nesfran Antonio González Suárez
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