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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

De ida

• Jueves 24 de mayo de 2018

De ida, por Javier Febo Santiago

Exilios y otros desarraigos. 22 años de LetraliaExilios y otros desarraigos. 22 años de Letralia
Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2018 con motivo de arribar a sus 22 años.
Lee el libro completo aquí

Suena el despertador. Son las 4 am. Despierta boca arriba. Se pasa la mano por la cara. Se sienta en el borde de la cama. Se pasa la mano por el pecho. Se estira, y mira a ningún lado a través de la ventana. Luego posa los pies en el suelo, no sin antes meterlos en unas sandalias. Si camina sin las sandalias, le goteará la nariz por la frialdad que acumula el piso del cuarto por las más de ocho horas que el aire acondicionado ha estado encendido. De camino al baño, piensa que no va a volver a ver lo que ha visto hasta ahora. Cuando salga por la puerta, otro mundo le espera, muy lejos, en soledad. Siente dolor. ¿Quién no? Irse de la comodidad de lo conocido implica un desprendimiento. Se mira en el espejo. Se le alivia el dolor. Lo que ve, le gusta. Se ve a sí mismo como un valiente. Como uno que se va a buscar una vida, al menos, con unos cuantos pesos más por hora. El me irá bien o el me irá mal ya no le da tantas vueltas en la cabeza, pero está ahí. Son unos cuantos pesos más. Es lo que importa. Pesos que no están disponibles en un país en bancarrota. En un país con ideas del siglo 19. Vale la pena despedirse. Vale la pena montarse en un avión y aplaudir al llegar al extranjero, aunque sea el único puertorriqueño que lo haga. Está harto de que no se le pague con dignidad, de que apenas le alcance para comer bien y pagar el alquiler. No es fácil que vaya al supermercado a gastar sobre $150 en menos de veinte artículos esenciales, como si fuera un habitante del primer mundo. No es tal cosa. Primer mundo no. El salario mínimo no es $40 la hora como el de los legisladores. Es $7,25. Al mes, $1.160. Al año, $13.920. Sin deducciones. No es una hipérbole. Es literal. Y está harto de lastimar a la gente en la calle que esta tan jodía como él. Gente que protesta por un mundo mejor, y él, haciéndole frente con la macana en la mano y la pistola en la cintura, coartando su libertad.

¿Qué es la economía, qué es el PIB, el PNB, qué es el Dow Jones, el Nasdaq..? ¿Cómo me afecta eso a mí? ¿A un pobre?

Mientras se cepilla los dientes, piensa en que no volver es una lástima. Su país se cae en pedazos y nadie los recoge. Pero a la vez piensa si existe un país. Si de verdad existe un país. Es una gran pregunta. Cuando el Estado no vela por el bien común, cuando los empresarios impulsan reformas laborales que devoran los derechos de los trabajadores para hacerse de más capital, y cuando no existe una redistribución justa de las riquezas, ¿existe un país? Todo el mundo por su lado, mirando hacia el frente, ¿eso es un país? Para colmo de colmos, la mayoría piensa que los votos validan la democracia. Piensan que el día de las elecciones generales, con el voto, se atenderán las necesidades básicas, cambiará algo. ¡Mentira! Si votar cambiara algo, sería ilegal, decía Emma Goldman. ¿Qué se debe hacer? ¿Vivir como pensaba Piotr Kropotkin, Errico Malatesta, o como piensa Noam Chomsky? Quién sabe.

Enciende la radio que tiene en el baño. Hablan de la economía, del PIB, del PNB, del Dow Jones, del Nasdaq… Abre la ducha. Siente el agua fría recorriendo su cuerpo y refrescándolo. Primero se lava la cara con jabón, luego el resto del cuerpo. El shampoo y el acondicionador es lo último que utiliza. Corre la cortina, coge la toalla y al secarse piensa: ¿Qué es la economía, qué es el PIB, el PNB, qué es el Dow Jones, el Nasdaq..? ¿Cómo me afecta eso a mí? ¿A un pobre? El que suba o baje el Producto Interno Bruto, o el Producto Nacional Bruto, ¿me hace más pobre o menos pobre? En las noticias, ¿de cuál economía están hablando? ¿La de los ricos o la del asalariado? Antes de salir del baño, se mira la cara en el espejo y se peina con las manos. No entiende nada de lo que dice la radio. La apaga. Se coloca la toalla en forma de falda y sale hacia al cuarto a vestirse.

En el cuarto, no deja de pensarse y de pensar en los demás. No hay pausa en el reproductor mental de los recuerdos. Está en play la película de sus 33 años. No para. El guion es perfecto, como los de Eric Roth. La cámara recorre su infancia en el campo, la escuela, sus amigos, su familia. La escena de sus amores que no volverá a ver es a cámara lenta. Sabe que no conversará más con el viejito que le vende la lotería y que le recomienda que lea la Biblia, en especial los Proverbios. Ya vestido, mira las maletas. Stop.

$500 – Alquiler / Casa
$150 – Alimentos
$300 – Mensualidad / Carro
$80 – Teléfono celular
$23 – Agua
$100 – Luz
$120 – Gasolina
$65 – Internet wi-fi
$120 – Fast food, dulces, renta de películas, libros, cervezas, vinos, parking, peaje…
$0 – Fondo de emergencia
$0 – Ahorros
$0 – Cita con la novia
=
$1.458

Javier Febo Santiago

Javier Febo Santiago

Escritor puertorriqueño (Chicago, Illinois, EUA, 1977). Radica desde los dos años de edad en Canóvanas, Puerto Rico. Obtuvo un bachillerato en administración comercial de la Universidad Metropolitana, de San Juan. Sus obras han sido publicadas en varias revistas literarias y antologías en Puerto Rico, Perú, México, Dinamarca, Chile, Argentina, Venezuela y Nueva York. Premiado en el certamen de poesía Premios Guajana en Puerto Rico. Ha publicado los poemarios Avisos de locura (2010), Novilunio (2011), HUM Ano (2012), Epicedios (2013), y El Anarquista (2014).

Sus textos publicados antes de 2015
237
Editorial Letralia: Doble en las rocas. 18 años de Letralia (coautor)
Javier Febo Santiago

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