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Teresa Coraspe
“La poesía es mi asidero”

domingo 1 de septiembre de 2019
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Teresa Coraspe
Teresa Coraspe: “La poesía es la poesía, sin moldes y sin géneros”.

Teresa Coraspe (Soledad, Anzoátegui, 1940) es una voz fundamental en el universo de los grandes escritores venezolanos. Su ya amplia y densa obra literaria ha sido reconocida, aunque poco estudiada y difundida.

Es, además de poeta, narradora, ensayista, promotora cultural, titiritera, y coordinadora de talleres literarios en comunidades y centros carcelarios. Mantiene activa una página cultural, Ojo de Búho, así como un portal personal, Teresa en el tiempo, donde publica a las nuevas voces de escritores latinoamericanos.

La poesía de Teresa Coraspe es un canto a la libertad del ser humano, a su intimidad y esencialidad por sobre todas las cosas.

Poeta de la palabra esencial, esplendorosa y luminosa, parte de sus libros están dedicados a la trascendencia de la vida cotidiana. Es precisamente en ello donde Coraspe encuentra la razón de ser de su poesía. Se refugia detrás de la gran puerta de la casa habitada por hablas. Ese ancestral útero con ventanas cerradas y grandes candados que encierran los símbolos sagrados de la heredad.

Desde sus primeros libros, Las fieras se dan golpes de pecho (1975), Vuelvo con mis huesos (1978), Vértice del círculo (1987), Este silencio siempre (1991), Tanta nada para tanto infierno (1994) y La casa sin puertas (2004), Teresa Coraspe va construyendo un universo personalísimo, con referentes como el Orinoco, su acuosidad de resplandores que enceguecen mientras la soledad, el agotamiento de los días interminablemente iguales, pasan y dibujan la historia de siempre. De seres que nos colman y se van, regresan a la nostalgia de la memoria.

Esa no pertenencia, ese saberse de ninguna parte, hace presente el desarraigo y la tristeza de las despedidas. Agonizar de amar la vida, su belleza y plenitud. Porque la poesía de Teresa Coraspe es un canto a la libertad del ser humano, a su intimidad y esencialidad por sobre todas las cosas. “La libertad es belleza”, nos responde Coraspe en parte de esta entrevista.

Luces en la casa del río

Teresa Coraspe

III

Hay que cuidar la casa
no olvides que es de vidrio
contiene letras de cristales
que bien pueden quebrarse
romperse con el tiempo
Si alguien pretende entrar
nunca los dejes
en ella habitan duendes
hadas gnomos
que pueden asustarse
los fantasmas también
ellos encienden los cirios en las tardes
cuando el mar y el río se aprestan a dormir
y el silencio con velos sobre el rostro
les canta una canción
Cuida la casa que cambia en las mañanas
y en las puestas de sol.

—Mencionar el nombre de Teresa Coraspe en Guayana, y concretamente en Ciudad Bolívar, es saber de una institución cultural que a lo largo de medio siglo ha estado al frente de numerosos proyectos en beneficio de la sociedad y de las nuevas generaciones de escritores y artistas. Eres una referencia obligada para quien desee estudiar el movimiento cultural del sur de Venezuela. De la misma manera, ¿crees que tu obra poética es conocida y difundida en el país?

—Parcialmente, porque hay escritores que se han ocupado de mi trabajo, pero en forma personal y no como realmente lo requiere un esfuerzo de años ininterrumpidos en un quehacer que forma parte de mi vida. Lamentablemente nos sentimos desamparados en cuanto a difusión se refiere.

—Naciste en la población de Soledad, que por cosas del destino está político-administrativamente dependiendo de otra entidad federal, la del estado Anzoátegui. Pero nadie duda de sus vínculos culturales, e incluso históricos, con Guayana y el estado Bolívar. En este orden de ideas, ¿tu poesía ha sido permeada por las voces de los antiguos poetas que vivieron a las márgenes de nuestro río padre, el majestuoso Orinoco? ¿De dónde procede esa vena poética en Teresa Coraspe?

—Es justamente una pregunta que yo misma me hago. Pienso que debe ser por un estado de soledad y tristeza que he llevado siempre conmigo. Quizás esas sean las voces de mi mundo interior.

—Quien lee tus primeros libros, Las fieras se dan golpes de pecho, o acaso Este silencio siempre, encuentra una voz que habla casi como en susurros. Una voz que habla desde el fondo del alma. Aquietada, melodiosamente melancólica. No diría que es tristeza ni tampoco fracaso. Es una ternura de vivir en la cotidianidad de una existencia que a ratos se contempla, se ve al espejo, se complementa en lo diario que exaspera o se deja ir entre la casa habitada y sola. ¿Son esas voces las tuyas o hablan otros entre tus versos?

—Ambas cosas. Hablo y surgen otras voces que creo son las mismas que llevamos por dentro. Existe un encuentro de ellas que se expresan en mis libros, pero en sí no es algo consciente. No se busca, llegan.

—Eres la escritora que recorre las ausencias de sí misma y de otros. Te mencionas mientras señalas en tus versos lo que ha sido, es y será el hombre, una esencia de silencio, intimidad y lejanía. Lo dejas marcado en tus libros, cuando quedas “con las edades perdidas y los senos desnudos”. ¿Es en el desarraigo donde anida tu escritura o nos hablas desde ese centro?

El caso venezolano actual es un caos. Y mucho más para la promoción de obras y edición de nuevos libros.

—El desarraigo es una constante, como una pérdida que, de alguna manera, debo manifestar para evitar el ahogo.

—Porque, siguiendo con la reflexión anterior, en Tanta nada para tanto infierno la voz nos describe una existencia desde la hondura de lo que nunca podremos palpar, apenas sentir como un sobresalto. Una fenomenología de la existencia. ¿Es ahí, entre esos pedazos de vida, donde encuentras razones para sostenerte, o mejor dicho, soportarte?

—La poesía es mi asidero, un soporte, una salvación, aunque ante todo son las lecturas, los libros, los autores, quienes me han ayudado a vivir.

—Centrémonos ahora en otros territorios más mundanos. Has sido incorporada a la Academia Nacional de la Lengua, en representación del estado Bolívar. Ocupas el sitio que dejó la destacada escritora Jean Aristeguieta. Una escritora poco estudiada y desconocida para gran parte de las nuevas generaciones de intelectuales y artistas venezolanos. Esta designación es un reconocimiento a tu vasta y constante labor en el área cultural. ¿Qué nos puedes decir sobre esto?

—Realmente es un reconocimiento al cual había declinado en el año 2013, pero lo acepté ante una nueva proposición el pasado año y, pienso que sí lo es. La poesía merece todo, no yo.

—En los últimos años se aprecia una tendencia mundial a incorporar las obras de los más destacados artistas, escritores y poetas, al directorio de libros que deben ser estudiados, valorados y promovidos en los centros educativos. ¿Crees que ese es el caso venezolano?

—El caso venezolano actual es un caos. Y mucho más para la promoción de obras y edición de nuevos libros, tal como sucedía en años anteriores cuando había una mayor oportunidad para los artistas y las editoriales tenían mayores libertades. Me refiero a los tiempos de Monte Ávila, Fundarte, Ediciones al Sur y muchas más.

—Te hago una pregunta directa. ¿El Estado venezolano y la sociedad valoran a los artistas y escritores?

—En este tiempo en que la Edad Media ha vuelto, con su oscurantismo y persecuciones, no valoran ni a artistas ni a escritores y hay un profundo irrespeto por la creación y por el ser humano en general. Existe una destrucción de nuestra cultura, de nuestro patrimonio, de nuestros símbolos, y ya ni Simón Bolívar tiene rostro.

—Sé que tú has sido una incansable promotora de la poesía a través de talleres literarios donde se han formado nuevas voces. ¿Qué logros nos puedes indicar en esta actividad?

—Lo esencial ha sido la promoción del libro y la lectura y el incentivo a las personas a una manera diferente de ver la vida a través de la belleza que existe en las artes.

—Teresa, la puerta de tu poesía sigue abierta a nuevos proyectos. Es una pregunta para que nos indiques en qué estás trabajando en la actualidad.

—Sí, por supuesto. Ya he terminado mi novela breve Brumas de La Habana y otras ciudades, y varios libros inéditos de poesía: Éxtasis del mar, El mar de fondo duele, Casa en el agua y Las casas de la memoria.

—Los poetas del sur —como se les ha dado en mencionar a algunos— están marcados por lo telúrico, la constante claridad que deslumbra y enceguece, y también por lo áureo, esa brillantez que, junto con la acuosidad de las aguas dulces, como el Caroní o el Orinoco, pueblan toda o parte de su obra. ¿Hay alguna gota de ese constante e inagotable manantial en tu poesía?

—Indudablemente. No existe un escritor en Guayana que no tenga como marco el río. En mi caso, por supuesto, el Orinoco, y si te pones a revisar la bibliografía de escritores guayaneses, siempre encontrarás textos donde las aguas son una constante.

—¿Está la actual poesía venezolana marcada por el trazo femenino, o acaso será una moda de juventud en ciertas escritoras que se inician?

—La poesía es la poesía, sin moldes y sin géneros. Ella, donde irrumpe, es.

—¿Crees pertenecer a una generación de escritores o estás al margen de esas generaciones y corrientes literarias?

—Mi tendencia, si así puede llamarse, está enmarcada en mi propia existencia. Esto no niega el influjo de corrientes literarias en las distintas generaciones de escritores.

Con la palabra poética se pueden denunciar los atropellos de un régimen que atenta contra la vida cultural y los derechos del ser humano.

—En el contexto de la actual situación político-social venezolana, ¿crees que la cultura, la literatura y en específico, la poesía, tendrían algo que aportar para avizorar un nuevo país?, ¿es la palabra poética una referencia para el ciudadano venezolano en estos tiempos de tanta convulsión social, de tanta incertidumbre?

—Es una postura personal de cada escritor. Algunos optamos por callar, y creo que el silencio es un gran lenguaje donde la realidad lo expresa todo. ¿Avizorar un nuevo país? Es lo que todo venezolano anhela y en ello todas las formas de creación están implícitas, porque una expresión de la belleza es la libertad.

—Un régimen totalitario como el venezolano, que ya ha sido reconocido oficialmente por organismos internacionales como dictadura que viola sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos, que ha sido denunciado por destruir constantemente la memoria cultural, imponiendo nuevas imágenes, nuevas fechas históricas de aniversarios y rebautizado esquinas, monumentos y obras antes construidas, ¿puede ser enfrentado con la palabra y los símbolos de la poesía?, como, por ejemplo, la casa y la memoria presentes en tu obra poética.

—Con la palabra poética se pueden denunciar los atropellos de un régimen que atenta contra la vida cultural y los derechos del ser humano. Hay escritores como García Lorca, Miguel Hernández, Nazım Hikmet, Aleksandr Solzhenitsyn, Caupolicán Ovalles, Guillermo Cabrera Infante y tantos otros, que lo han hecho. Sin embargo, a algunos les ha costado la cárcel, el exilio y la muerte.

Juan Guerrero
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