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Salambó

miércoles 14 de octubre de 2015
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"Salambó", de Gustave Flaubert

Dedicado al amigo y poeta costarricense Rogelio Coto Alfaro

Cartago, la “ciudad nueva”, fue fundada por la princesa Elisa (a la que Virgilio, con el nombre de Dido, convertiría en personaje de su Eneida), oriunda de Tiro, hacia el año 814 a.C. y ubicada en las costas del mar mediterráneo al norte de África en lo que hoy conocemos como Túnez. A partir de su fundación se convirtió en la gran metrópoli fenicia o púnica de Occidente hasta su destrucción en el año 146 a.C. por parte de Roma en tres guerras que duraron 120 años y que fueron conocidas como las guerras púnicas. Al finalizar la primera, con saldo a favor para Roma, se origina una revuelta provocada por los bárbaros contratados por el pueblo cartaginés que exigían el pago por sus servicios prestados. También conocida como la guerra de los mercenarios o la guerra inexpiable y con una duración de 3 años y cuatro meses (241-238 a.C.), es el colofón del cual se sirve el escritor francés Gustave Flaubert (1821-1880) para escribir su célebre novela histórica Salambó.

Flaubert ya había presentido esta novela cuando, de niño, leyendo lápiz en mano la Histoire romaine de Michelet, vibra con el relato que el historiador hace de la “guerra inexpiable”. Luego, en sus años de juventud, realiza un largo viaje (1849-1851) con su amigo Maxime du Camp en el que recorrió Italia, Grecia, Egipto, Jerusalén y Constantinopla. Este viaje causó una gran impresión en su imaginación. Luego, en una carta escrita a su amante Louise Colet con fecha de 7 de septiembre de 1853, manifiesta lo siguiente: “Quiero hacer dos o tres libros épicos, novelas en un medio grandioso en el que la acción sea forzosamente fecunda y los detalles ricos en sí mismos, lujosos y trágicos a la vez, unos libros de grandes murallas pintadas de arriba abajo”. Luego del éxito de Madame Bovary pudo costearse una visita a Cartago entre los meses de abril y junio de 1858, a fin de documentarse para su novela, que no terminó hasta 1862.

Flaubert, sin más compromiso que con la misma literatura, emplea alrededor de cuatro años en construir Salambó. Todo su empeño y vocación es canalizado por un solo objetivo: escribir una obra maestra.

Salambó es la hija ficticia del sufeta Amílcar Barca, padre de Aníbal, el gran estratega que puso a tambalear el todopoderoso imperio romano. Como sacerdotisa de la diosa Tanit es vista como una deidad ante el pueblo cartaginés. Hermosa y cautivadora, deslumbra al líder mercenario Matho, un libio de gran estatura que demuestra un enorme valor en las batallas ya que su único propósito es acercarse a Salambó y esa fuerza es la que impulsa su accionar en las batallas. A pesar de las intenciones de Cartago de pagar la deuda con los bárbaros, son Matho y Spendius, su amigo y antiguo esclavo griego, quienes originan la revuelta y sitian la ciudad provocando una guerra civil. Matho no se resigna a abandonar la ciudad sin la mujer que invade sus sueños. Spendius lo incita a entrar de manera furtiva a la ciudad y robar el Zaimph, velo sagrado que posee un enorme valor espiritual.

Amílcar llega a la ciudad proveniente de la península ibérica y toma las riendas del conflicto. Salambó, presionada por su padre y con la ayuda de Schahabarim, sumo sacerdote de la diosa Tanit, emprende un viaje riesgoso a la carpa de Matho. Allí tiene un encuentro con el líder de los mercenarios, el cual le expresa el amor que siente por ella. Un incendio provocado por las fuerzas de Amílcar es aprovechado por Salambó para huir con el Zaimph, tras la ausencia de Matho. Es a partir de este hecho que se comienzan a suceder las batallas que reparten victorias y derrotas para ambos bandos. Traiciones, alianzas, tácticas de batalla, se van dando lugar hasta la victoria definitiva del ejército cartaginés.

Flaubert, basándose en el Libro I de las Historias del historiador griego Polibio y más de cien obras antiguas y modernas, describe con detalle el modo de vivir de Cartago, la organización de la ciudad, la adoración a una variedad de dioses provenientes de sus padres fenicios en la tierra cananea, la indumentaria y atavíos propios de los habitantes hasta la enumeración pormenorizada de las crueldades experimentadas por los soldados, de aquellos que sufren todo tipo de penurias y torturas hasta los que son atravesados por la espada. Otro hecho espeluznante es el sacrificio realizado por el pueblo de Cartago al dios Moloch, en el cual sacrifican a un grupo numeroso de niños con el fin de implorar su ayuda y salir del trance en que se ven envueltos.

Como una manera de deslastrarse del realismo de Madame Bovary, Flaubert emprende un proyecto exótico, narrar la guerra inexpiable amparado por su temple y visión del quehacer literario. Para ello dio vida a una heroína, siguiendo el curso de su novela anterior, que iluminara con luz propia un escenario terrible, dominado por la barbarie y la muerte. Ejemplo de esto tenemos la descripción de Salambó cuando Matho ingresa en el templo para el rapto del Zaimph:

Ella dormía con la cara apoyada en una mano y el otro brazo extendido. Los rizos de su cabellera se disponían a su alrededor con tal abundancia que parecía acostada sobre plumas negras, y su larga túnica blanca ondulaba en blandos pliegues hasta los pies, dibujando los contornos de su talle.

Y Schahabarim solía contemplarla y regocijarse a pesar de las condiciones de ambos:

Pero en medio de la aridez de su vida, Salambó era como una flor en la grieta de un sepulcro. Sin embargo, era duro con ella y no le ahorraba penitencias y palabras amargas. Su condición sacerdotal establecía entre ellos algo semejante a un sexo común y le molestaba menos en la joven no poder poseerla que encontrarla tan bella y, sobre todo, tan pura.

Flaubert, sin más compromiso que con la misma literatura, emplea alrededor de cuatro años en construir Salambó. Todo su empeño y vocación es canalizado por un solo objetivo: escribir una obra maestra, lograr el balance perfecto entre los acontecimientos inscritos en los anales de la historia y aquellos que surgieron de su imaginación. Entregar a la posteridad las hazañas de un pueblo que vivió un período de esplendor para luego desaparecer corresponde más que todo a los arqueólogos, historiadores y a cualquier aventurero intrépido que, con papel y pluma, conmina a un ilimitado número de lectores a revivirlas hasta en versión fílmica, como la adaptación que dirigiera Sergio Grieco en 1960.

 

Bibliografía consultada

  • Flaubert, Gustave. Salambó. Editorial Montesinos. Traducción de Mauricio Wacquez. España.
    (1981). Tres cuentos. Editorial Bruguera. Prólogo y traducción de Consuelo Bergés. España.
  • Historia. Revista de National Geographic. Números 24 y 33. España.
  • Wikipedia: Gustave Flaubert. Guerras púnicas. Salambó. Guerra de los Mercenarios.
Nesfran Antonio González Suárez
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