“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Dos microrrelatos de Enrique Coll Barrios

sábado 12 de septiembre de 2020

La pala del jardín del abuelo

—Sin jardín no hay pala.

Cada domingo, al llegar de misa, el abuelo recogía del jardín la pala, mandaba a llamar a Néstor y juntos comenzaban despacio a remover la tierra.

Néstor, hasta el día de hoy, recoge lo sembrado, conserva el jardín y la pala.

 

Rufián y la asquerosa

Levantó la cabeza, la miró fijo mientras aletea sin rumbo. Se acercó a los frasquitos donde se conservan los granitos de historias. Rufián la sigue con ojos experto en cazar insectos; voltea, mira hacia arriba, le toma el ritmo a la asquerosa mariposa negra. Rufián no la pierde de vista. No se distrae, sabe que no puede dejarla allí, se levanta cauteloso, la mariposa no sabe que Rufián la observa. Rufián sabe que no debe acercarse a los frasquitos, los granitos de historias deben permanecer intactos en el estante. Son muchas las historias que se conservan en miniatura. La mariposa se posa en el frasquito 312, una de las más bellas historias, allí está un pedacito de foto, un trocito de periódico, un diente roto. Rufián sabe que no debe acercarse, pero vigila a la asquerosa. Un tenue paso hacia el frasquito 383; bella historia, un minúsculo pedacito de pétalo junto a un pequeñísimo tulipán marchito. Salta Rufián sin cautela sobre la mariposa, ella aletea sin apuro para quedar colgada en la lámpara del techo, allí está todavía. Los frasquitos caen sobre la alfombra, Rufián persigue las alas negras hasta el sofá; se sienta y comienza a saborear su pata. Las historias reposan sobre la alfombra, él las recoge una por una, el corazón late fuerte, llegan gratos recuerdos, están todos cerrados menos uno. Abre el frasquito morado 214, coloca sobre su palma las miniaturas, disfruta y recuerda la historia como si fuera ayer, pero el frasquito 324 está vacío. No están las miniaturas, esos granitos de historias aquí no están. Rufián continúa su baño en el sofá, las miniaturas no están, le grito a Rufián. Al terminar de ordenar cada frasquito en su lugar, sale a la calle a cazar historias, convencido de que los granitos del 324 no volverán. Nadie podrá volver a contar la historia igual.

Enrique Coll Barrios
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