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Dos poemas de Ardiente paciencia, de Ana María Fuster Lavín
(inédito)

viernes 4 de julio de 2025
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Añejado eco

refugiada
el miedo insomnia
vino/herrumbe,
y mi carne agonizante
llueve gritos tras la puerta
cuando, asomada,
me veo huir
de esta masa horrible
olvidada desdentada
sola
sola
sola
que me empuja
frente al espejo
y quiero sacarme de ahí
de ese cajón cristalino
con aroma a calor/abandono
tan frío que enmudezco
y no recuerdo no recuerdo
no

me desmiembro de olvidos
caen entre las lágrimas
y mis muelas
mientras las sombras ríen
empujándome
al gris desnudo
del llanto
de mi hija muerta
de risas e insultos
loca
loca
loca

y yo violada
me desangro
huyendo de mí
sobre el salitre
me digo adiós
con estas manos
amputadas
donde el poema
se me atraganta
vomitándome
añejados ecos
de palabras mudas
sola brincando sola
sobre esta cama donde
reposan mis gatas
también las sombras
que besan mis labios
me quemo
me quemo
me quemo

ardiente
observo todas esas yo
saliendo de mi pecho
hacia paredes ventanas
y me arrojo
al balcón del espejo
sin rostro
borracha y muerta
de memorias
hacia el abismo
del silencio
....silencio
.........silencio

 

El recuerdo

A Elena

el recuerdo es un árbol
que te abraza con sus ramas de cristal

hija,
te he parido en un reflejo
cumple veinte calendarios,
y las espinas de la muerte
brotan esporas en mis manos

escúchame,
el tiempo es un bosque
donde llueven las hojas de los días
donde me difumino
entre rituales y recuerdos
entre pétalos y espejos
entre cartogramas de preguntas
para volver a ti

hija,
te he parido en un río
que fluye en estos versos
de mí, de mi rostro tuyo
que no te pude obsequiar
y de tu mirada de estrellas
que tampoco pude ver

aun así,
traviesa
indagas curiosa
en mi memoria revuelta
en mis próximas cenizas
en ti de mí

ven,
te obsequio mis pisadas
hacia este altar colmado
de corazonadas, logros y juegos,
de antiguos amores y sus treguas
o de aquellos libros de la infancia...
y nos abrazamos inmortales
en este diario deshabitado

...¿cómo sanar ante una pregunta natimuerta
..........si cada día mi hija deletrea su despedida?

madre,
mi reflejo, esa niña y yo
nos tomamos de la mano
sacrificamos nuestro cuerpo sagrado
frente a la llamarada universal,
igual que las flores al tintinear
el renacimiento de la tierra
o después de parir un reloj
de fuego, cicatrices, islas,
al besar sus pétalos y epitafios;
así nos sumergimos en el océano
sin nadie más que nuestro recorrido

¿será este silencio una fe
..........que, muerta, agradece su olvido?

tierra,
soy madre
hija, multiplicada
maldita entre todas las muertes
vidas, palabras, ardientes;
profana sin arrepentimiento
ungida, feliz, soy mi biblia
extiendo nuestros brazos
y me ofrezco desparramada
sin miedo a renacer
vestida de ofrenda para tus raíces
al tierno abono eterno
para alimentar nuestras cenizas
con estas respuestas inconclusas
de amor, delirios y duelo

Ana María Fuster Lavín
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