exprés
no son muchos, pero hay algunos que se montan
desde la primera estación
ingenuos, quizás; confiados, tal vez;
pero también temerarios, hijos de un futuro
en busca de un verbo
para conjugar, conjugarse
se montan de primera, con sus mochilas,
para luego algunos salirse en la primera ocasión
(como si se hubiesen equivocado —
maldiciendo el tren, el periplo
y el nefasto precio de las entradas)
mientras que los que se quedan (o los que se montan después)
continúan entre nosotros
confiando en el camino, en el tren (que no es exprés)
y en el conductor
que nadie hasta ahora sabe quién es
números de la suerte
el chofer los recogía en su guagüita,
a los diez o doce en paradas acordadas,
de lunes a viernes, sin falta,
y los conducía de madrugada
a la factoría en un lugar
de nueva jersey (del cual no quisiera acordarme)
a una factoría en la cual él mismo
era otro empleado más
consigo llevaban sus almuerzos y agüitas,
sus miedos, deseos
y un par de fotos
(escondidas, arrugadas en sus carteras)
iban con sueño siempre y con sueños,
hombres y mujeres
regresando todos al atardecer
cansados y sucios pero aliviados,
despidiéndose cada cual a su modo
según se iban apeando en sherman street,
en la 204, en la 207
y hasta en fordham con university
los mismos que, una vez al año (si había suerte,
si se sacaban un palé, mejor),
regresaban a su país,
a dárselas de riquitos por unas semanas
educación
hacíamos fiestas caseras, amenizábamos,
en apartamentitos en el bronx, en el alto manhattan
nos llevábamos en huacales los discos,
los cables y el resto del equipo —
a veces tomando prestado un tocadiscos o un mixer
y hasta, a veces,
una camisa planchadita o un pantalón
yo era el más joven, el más pariguayo,
al que dejaban, con instrucciones explícitas,
muy feliz haciendo de dj,
cuando mi hermano o primo (los encargados, contratados)
se cansaban de ver a otros bailar:
dando muela, apuntando numeritos
ya veremos
tran-qui-lo,
si no nos morimos hoy,
será mañana
mientras tanto,
un canto hay que hacer
pa’ celebrar
que estamos vivos
tran-qui-lo,
si suena mal,
si no lo sabemos bailar,
es lo de menos
con una fría en la mano
y un par de huevos
ya veremos
paisaje
(no te incluyas),
aunque sea casi imposible,
por lo fácil que te lo pone la cámara
(no incluirse)
no te metas:
(como dios) hay que comprender
que, aunque tomes la foto,
no eres parte del paisaje
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