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cinco poemas de c. a. campos

viernes 13 de marzo de 2026
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exprés

no son muchos, pero hay algunos que se montan
desde la primera estación

ingenuos, quizás; confiados, tal vez;
pero también temerarios, hijos de un futuro
en busca de un verbo
para conjugar, conjugarse

se montan de primera, con sus mochilas,
para luego algunos salirse en la primera ocasión
(como si se hubiesen equivocado —
maldiciendo el tren, el periplo
y el nefasto precio de las entradas)

mientras que los que se quedan (o los que se montan después)
continúan entre nosotros

confiando en el camino, en el tren (que no es exprés)
y en el conductor
que nadie hasta ahora sabe quién es

 

números de la suerte

el chofer los recogía en su guagüita,
a los diez o doce en paradas acordadas,
de lunes a viernes, sin falta,
y los conducía de madrugada
a la factoría en un lugar
de nueva jersey (del cual no quisiera acordarme)

a una factoría en la cual él mismo
era otro empleado más

consigo llevaban sus almuerzos y agüitas,
sus miedos, deseos
y un par de fotos
(escondidas, arrugadas en sus carteras)

iban con sueño siempre y con sueños,
hombres y mujeres
regresando todos al atardecer
cansados y sucios pero aliviados,
despidiéndose cada cual a su modo
según se iban apeando en sherman street,
en la 204, en la 207
y hasta en fordham con university

los mismos que, una vez al año (si había suerte,
si se sacaban un palé, mejor),
regresaban a su país,
a dárselas de riquitos por unas semanas

 

educación

hacíamos fiestas caseras, amenizábamos,
en apartamentitos en el bronx, en el alto manhattan

nos llevábamos en huacales los discos,
los cables y el resto del equipo —
a veces tomando prestado un tocadiscos o un mixer
y hasta, a veces,
una camisa planchadita o un pantalón

yo era el más joven, el más pariguayo,
al que dejaban, con instrucciones explícitas,
muy feliz haciendo de dj,
cuando mi hermano o primo (los encargados, contratados)
se cansaban de ver a otros bailar:
dando muela, apuntando numeritos

 

ya veremos

tran-qui-lo,
si no nos morimos hoy,
será mañana

mientras tanto,
un canto hay que hacer
pa’ celebrar
que estamos vivos

tran-qui-lo,
si suena mal,
si no lo sabemos bailar,
es lo de menos

con una fría en la mano
y un par de huevos
ya veremos

 

paisaje

(no te incluyas),
aunque sea casi imposible,
por lo fácil que te lo pone la cámara
(no incluirse)

no te metas:
(como dios) hay que comprender
que, aunque tomes la foto,
no eres parte del paisaje

c. a. campos
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