

Romper la vida
Alejandro Schmidt
Poesía
Editorial Nudista
Río Tercero (Argentina), 2013
ISBN: 9789871959167
248 páginas
Cuando Alejandro Schmidt se fue, en febrero de 2021, se apagó una de las voces más originales y genuinas del país literario. Nació y vivió en Villa María, ciudad que eligió para decirla y transformarla, desde su mirada de la microscopía cotidiana, en cosmos, en universo propio, en morada del ser:
hace mucho que vivo
en esta corta ciudad
un viento cariado
abre las casitas
todo me pertenece
como si fuera
como cuando era
muy joven
siento que nunca podré irme
no
no podrás
dice el hocico de los camiones
que pasan
uniendo la noche.(“Aquí”, página 51).
Prolífico a lo largo de toda su vida, no sólo por la publicación de libros propios sino editando los de otros poetas a través de Ediciones Radamanto, que difundía con tesón apasionado enviando sobres casa por casa con poesías de la región y el mundo. Un acto de fe invulnerable, en los bordes del mercado editorial; también desde varias revistas literarias que fundó y dirigió, como Luna quemada y El gran dragón rojo.
Lo sostenía la devoción por la palabra poética, esa que auscultaba el acontecer mínimo para encontrar allí las músicas que escribía sin descanso, como una porfiada respiración:
con pocas palabras
puede escribirse todo
pero al escribir todo
algo se borra
lo comprendemos por
el vacío que aparece
y su tajo
donde
—como una mano que saluda al ausente—
hundimos la lengua.(“Silencio de fondo”, página 96).
Su obra, compuesta por más de cincuenta libros y plaquetas, quedó en parte inédita. Traducida al inglés, italiano, francés, portugués, alemán y rumano, logró reconocimientos críticos que valoraba y premios que olvidaba. Su primer libro publicado, a los veintiséis años, fue Clave negra. Luego de Tajo en la piedra, de 1984, su producción fue copiosa como las lluvias estivales de su ciudad. Publicó Elegías y epitafios (1985), Dormida, muerta o hechizada (1991), Notas de una biografía perdida (1993), Silencio de fondo (2000) y Otros rayos (2016), entre otros muchos volúmenes. Poeta de la exquisitez, pero también de la proliferación, confesó que escribía cuatro o cinco poemas por día: una artesanía indetenible. Un animal poético en la selva oscura de lo real.
Como ocurre muchas veces con los baúles donde se guardan los mejores tesoros, alguien rescata una piedra preciosa que parece decir todo lo que las otras piezas simbolizan. Romper la vida, de 2013, antología de su poesía, guarda y expone esa pieza como síntesis del arte poética de Schmidt: “Esquina del universo”, poema del libro homónimo de 2001, condensa el modo de observación que desplegaba, atendiendo a hechos de la proximidad, rastreos del instinto poético en la inmediatez, para luego soltarlos en vuelo, cruzarlos con la imaginación potente y libre que transfigura lo visible en espacio metafísico y lo palpable en sustancia cósmica; siempre, al final, todo es poesía pura en el universo de Schmidt:
para plantar un fresno
hicieron un pozo
en la esquina donde está mi casa
pasaron las nubes del verano
los rastros de mayo
y el pozo fue cubriéndose
de sustancias innobles
plástico, grandes huesos
un poco de cemento, latas
estas noches en que no duermo
oigo
murmullos terribles
silencio, insectos
salir del pozo hacia otra negritud
quizás
esta sea la esquina del universo
y el hueco llegue
hasta el ojo de fuego
de la Tierra
acaso
los muchachos regresando del baile
la vecina y sus bolsas
los obreros en su veloz agobio
arrojen también allí
un azar de reconcentrada materia espiritual
y permanezca yo
insomne todavía
entre una calle y otra del universo
oyendo secretos ruidos
y los rápidos pasos del amanecer.(“Esquina del universo”, página 100).
Las palabras-puentes del poema: quizás / acaso, desplazan el espacio de la contingencia y la inmediatez al otro, el del aéreo lenguaje permanente.
En 2009 escribió Videla, título inimaginable para cualquier volumen poético. Menos para Schmidt, audaz y frontal, que interroga sobre los desaparecidos: preguntas sobre lo imposible desde las vísceras dolientes de la historia:
¿Qué harán con ellos
cuando aparezcan de la mano y nos miren
tan frescos de eternidad
tan justos y sabios?Porque esta patria
estos patriotas
tan confusa y cansada
tan de comprar y vender
este borde del mundo
este angulito...Su única
última palabra
Patria¿Querrán aparecer?
(“Suenan campanas en el cosmos”, de Videla. En Romper la vida, página 153).
En uno de sus últimos poemas, Schmidt, a quien Carlos Schilling calificó con justeza “un alud poético”, habla del odio. Y lo escribe con mayúsculas: “ODIAR mucho, demasiado”, como reafirmándose en su lucha de siempre contra lo que impide ver, sentir y decir mejor, de un modo más lúcido y sensible, el sitio del hombre en el cosmos:
más
a ese que habla
al que corrige
al que lleva nombre propio
podés ser vos
cualquiera
tenés que odiarlo
de ahí
sale
lo suficiente
Considerando la imbecilidad promedio
lo suficiente es poco
entonces
se corre un riesgo
la mirada
el juicio
el amor
de los otros
Para atravesar eso
hay que escribir.(“Cómo escribí 5.000 poemas”, de Una sombra llena de perros, 2012. En: Romper la vida, página 217).
Ahí está el punto: romper la vida, desde la fuerza ingobernable del odio a lo que se oponga a la experiencia intensa que la poesía rastrea, huele, adivina y alcanza, algunas veces. Como en la poesía invulnerable de Alejando Schmidt, el que atravesó eso, escribiendo.
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