Servicio de promoción de autores de Letralia
Saltar al contenido

La multimodalidad y sus intersticios, de Oscar Iván Londoño Zapata
(introducción)

sábado 15 de agosto de 2026
¡Comparte esto en tus redes sociales!

La multimodalidad y sus intersticios, de Oscar Iván Londoño Zapata

La multimodalidad y sus intersticios
Oscar Iván Londoño Zapata
Ensayo
Editorial Biblos
Buenos Aires (Argentina), 2025
ISBN: 978-987-814-591-4
194 páginas

Una introducción a los intersticios de la multimodalidad

La multimodalidad, como fenómeno constitutivo de la comunicación humana, se refiere a la integración de modos semióticos en los textos para la construcción de significado. Algunos autores señalan que el término “multimodalidad” data de la década de 1920, cuando comenzó a utilizarse en el emergente campo de la psicología de la percepción, a fin de denotar el efecto que una percepción sensorial puede ejercer sobre otra (Van Leeuwen, 2011a; Caldas-Coulthard, 2023, 2024). Con el tiempo, este concepto se amplió para hacer referencia al uso integrado de modos en la comunicación, y fue impulsado más por la lingüística y el análisis del discurso que por la psicología. Otros sostienen que esta palabra se utilizó inicialmente en los primeros estudios sobre el pensamiento y la sensación dentro de la psicología de la Gestalt, y que luego fue adoptada por la semiótica y la lingüística hallidayanas, aunque con escasa vinculación a su orientación perceptivo-sensorial. Por esta razón, plantean que no existe una conexión real entre el uso que se le ha dado al concepto en la psicología y el que se le ha dado en la semiótica y la lingüística.1 Según Carey Jewitt, Jeff Bezemer y Kay L. O’Halloran (2016), así como Bezemer y Jewitt (2018), este término fue acuñado a mediados de la década de 1990 en respuesta a la necesidad de investigar cómo se combinan los modos en los textos. No obstante, otros autores argumentan que precisar su origen es más complejo, a causa de que aparece en diferentes épocas y campos con significados variados, como la psicología, la lingüística, la estadística, la medicina y la ingeniería de transporte, entre otros.2 Por lo tanto, emplear el término “multimodalidad” sin una postura teórica definida puede resultar problemático.

En la lingüística, la multimodalidad evolucionó hasta convertirse en un área de estudio centrada en el análisis de los fenómenos multimodales. Durante el decenio de 2000, se consolidó como un enfoque del análisis del discurso, el cual se concibe como un campo académico, una actividad profesional y una práctica interpretativa interdisciplinaria y crítica (Arnoux, 2006, 2019, 2024; Arnoux y Londoño, 2012; Londoño, 2019, 2023a, 2024a, 2024b). En este sentido, la multimodalidad es tanto un fenómeno intrínseco a la comunicación como un enfoque de investigación en continua renovación. Un ejemplo de ello es la producción de un videoclip, dado que constituye un acto multimodal y, al mismo tiempo, un objeto de análisis que puede abordarse desde la multimodalidad. Este enfoque surgió de la semiótica social en una coyuntura teórica en la que el lenguaje era investigado por su potencial de significación y por su naturaleza interaccional, es decir, como un sistema de opciones desarrollado dentro de la sociedad y la cultura (Halliday, 1978, 1982, 1985; Halliday y Hasan, 1985; Hodge y Kress, 1988).3 Aunque la multimodalidad comenzó a configurarse como un área de estudio en esos años, no surgió a partir de un acto fundacional específico, en un lugar y en un tiempo precisos. Su desarrollo fue gradual y se enriqueció con diversas influencias teórico-metodológicas a lo largo del tiempo, lo que ha dado lugar a una sólida tradición en la investigación de la dimensión semiótica del discurso. Por ello, resulta crucial reconocer las contribuciones de otros campos al estudio de esta dimensión, ya que ignorarlas ha llevado a que muchos académicos que se aproximan por primera vez a la multimodalidad perciban erróneamente que solo a través de ella se exploran los aspectos semióticos. Desde la década de 2010, este enfoque ha experimentado un crecimiento profuso, impulsado por el interés de lingüistas y de otros investigadores en indagar la naturaleza plurisígnica de los textos (Yang, 2019; Van Leeuwen y Bezemer, 2024).

La multimodalidad, influenciada por la lingüística sistémico-funcional, la lingüística crítica y la semiótica social (Halliday, 1978, 1982; Fowler et al., 1979, 1983; Kress y Hodge, 1979; Hodge y Kress, 1988), emergió de manera simultánea con el análisis crítico del discurso y se ha desarrollado bajo diversos enfoques (Jewitt, 2014; Cárcamo, 2018; Serafini, 2022; Caldas-Coulthard, 2023), los cuales convergen en considerar que la comunicación es constitutivamente multimodal y que las literacidades académicas no se restringen al estudio de la lengua oral y escrita, sino que implican la interrelación de distintos modos, es decir, suponen el desarrollo de multiliteracidades (The New London Group, 1996; Pahl y Rowsell, 2005; Rowsell y Walsh, 2011, 2015; Rowsell et al., 2013; Archer y Newfield, 2014; Lim y Tan-Chia, 2023). Además, se centra en la semiosis multimodal al explorar cómo los creadores de signos configuran sistemas, modos, recursos y medios semióticos para la creación y el intercambio de significados, en situaciones de comunicación y en contextos sociales particulares, asumiendo o evitando ciertos compromisos (Kress, 2010; Machin, 2013). Desde el punto de vista de O’Halloran (2012: 76), la multimodalidad:

constituye un paradigma emergente en el campo de los estudios del discurso que amplía el estudio del lenguaje per se al estudio del lenguaje en combinación con otros recursos, tales como las imágenes, el simbolismo científico, la gestualidad, las acciones, la música y el sonido […] Se ocupa de la teoría y del análisis de los recursos semióticos, y de las expansiones semánticas que tienen lugar a medida que, en los fenómenos multimodales, se combinan las diferentes opciones semióticas disponibles.

Este enfoque del análisis del discurso (Kress, 2000, 2010; Adami, 2016; Hodge, 2017; Menéndez, 2022, 2023, 2024, 2025; Menéndez y Gallegos, 2023; van Dijk, 2024a; Londoño, 2024c, 2024d, 2024e), o etapa de desarrollo por la que distintas disciplinas transitan de manera natural (Bateman, 2022), además de indagar el origen social de los textos, la dimensión semiótico-social del significado, la expresión de identidades, el sostenimiento de las relaciones de poder y la (re)producción de las ideologías (Caldas-Coulthard y Van Leeuwen, 2002; Machin y Mayr, 2012, 2023; Machin, 2013; Caldas-Coulthard y Londoño, 2014; Machin, Caldas-Coulthard y Milani, 2016; Van Leeuwen, 2022; Statham, 2022), se centra en el diseño, en la producción y en la distribución de textos multimodales (Kress y Van Leeuwen, 2001; Van Leeuwen, 2008, 2011b). De igual manera, examina los sistemas semióticos y sus nexos sistémicos (conexiones entre un sistema y otro), los modos semióticos y sus nexos intermodales (conexiones entre un modo y otro), los recursos semióticos y sus nexos intramodales (conexiones entre un recurso y otro) y los medios semióticos y sus nexos intermediales (conexiones entre un medio y otro). Estos nexos, además de ser esenciales para la construcción de significado, revelan las interrelaciones entre sistemas, modos, recursos y medios, así como los efectos que ejercen entre sí (Londoño, 2024d).

La multimodalidad, como enfoque del análisis del discurso, se interesa en la (re)producción de las ideologías, aunque no se limita exclusivamente a ello. A través del estudio de los modos, permite identificar cómo se construyen significados que pueden expresar, reforzar o cuestionar ideologías en un contexto social determinado. Si bien su objetivo principal es examinar de qué manera interactúan los modos para crear significados, este enfoque también profundiza en cómo dichos significados contribuyen a la producción y a la circulación de ideologías en diferentes esferas sociales. Por lo tanto, el análisis multimodal puede desentrañar cómo ciertas ideologías se hacen evidentes o permanecen ocultas en los textos, y revela las formas en que los modos ayudan a legitimar o a deslegitimar relaciones sociales y estructuras de poder. Ahora bien, el estudio de la dimensión ideológica de los textos —en especial de aquellos no lingüísticos— no comenzó con la multimodalidad. Durante la época estructuralista, en Francia, en Estados Unidos y en otros países, particularmente de América Latina, la semiótica (o semiología), como proyecto científico de naturaleza crítica, asumió una vocación desmitificadora. Su propósito era revelar los significados ocultos, enmascarados por los estereotipos y el discurso dominante. Para Roland Barthes (1957, 1980), el análisis semiótico debía despojar los discursos, las imágenes, etc., de sus capas de ideología y mitificación. Con Barthes, la desmitificación se transformó en desmitologización, es decir, en el acto de desvelar los mitos que nos ciegan. En Estados Unidos, la integración del análisis semiótico con la crítica marxista, como en el caso de Fredric Jameson, se orientó en una dirección similar.4

El enfoque estratificado de Gunther Kress y Theo van Leeuwen (2001), que propone un modelo por estratos (o niveles) para la elaboración y el análisis de textos multimodales, contribuye al estudio de la construcción de significado y de la (re)producción de las ideologías. En este modelo, el diseño se refiere a la conceptualización de artefactos y eventos semióticos (Van Leeuwen, 2011b). Es el plan que establece un esquema abstracto del acto de comunicación, en el cual se decide, de forma más o menos consciente, cómo se presentará el contenido de un texto y cómo se organizarán los modos que lo conforman. Así, mediante guiones, mapas conceptuales y mentales, esquemas, diagramas, bocetos, planos y otras herramientas, se proyectan los modos y los recursos a partir de los cuales se comunicará cada aspecto del mensaje. La diagramación, en un sentido amplio, funciona como el mecanismo que permite planificar estos aspectos de manera coherente. De otra parte, la producción hace tangible el diseño, otorgándole una forma perceptible a través de la composición, y añadiéndole significados que emergen tanto del proceso de elaboración de los artefactos y eventos semióticos como de las propiedades de los materiales y de los medios utilizados. Este estrato se relaciona con la materialización del texto multimodal, es decir, con la ejecución del diseño, usando diversos materiales y medios. Mientras que la diagramación se ocupa del diseño, la composición facilita su producción (Londoño, 2024d). Finalmente, la distribución permite que el diseño, una vez producido y transformado en texto, sea puesto en circulación para alcanzar su audiencia. Este estrato, además de gestionar la circulación, define cómo los medios y sus tecnologías pueden influir en la producción y en la comprensión del texto.

En este enfoque, los estratos (discurso, diseño, producción y distribución) mantienen relaciones dinámicas entre sí y cumplen funciones específicas en el proceso de significación. De esta forma, el discurso, entendido como un conjunto de conocimientos socialmente construidos sobre (algún aspecto de) la realidad (Kress y Van Leeuwen, 2001), establece un “marco conceptual” que incide en las decisiones tomadas por el creador de signos en la fase de diseño. A su vez, el diseño permite formular un plan mediante el cual los conocimientos —de carácter abstracto— se traducen, en la fase de producción, en instancias de comunicación concretas. Además, las limitaciones propias de la fase de distribución pueden requerir ajustes en la producción. Por consiguiente, esta interacción constante entre los estratos añade capas de significado que enriquecen el acto de comunicación y acentúan su naturaleza multimodal.

Aunque existen diferentes formas de denominar esta área de estudio, como multimodalidad, semiótica multimodal, semiótica social multimodal, semiótica discursiva, análisis multimodal, análisis multimodal del discurso, análisis del discurso multimodal, análisis crítico del discurso multimodal, estudios sobre multimodalidad, estudios multimodales, estudios del discurso multimodal y estudios críticos del discurso multimodal, entre otros, en este trabajo se adopta la etiqueta “multimodalidad” para referirse al enfoque del análisis del discurso que se dedica, en términos generales, al estudio de los fenómenos multimodales desde la perspectiva de la construcción semiótico-social del significado.5 Es decir, apunta a indagar cómo se crea socialmente el significado mediante la configuración de diversos sistemas, modos, recursos y medios semióticos. En este sentido, mientras que la semiótica social enfatiza en la dimensión social del significado (semiosis social), la multimodalidad se centra en la manera en que los modos permiten su creación e intercambio (semiosis multimodal). Ambos enfoques, no obstante, coinciden en su interés por la manera en que los individuos y los grupos sociales construyen significado, y en cómo este proceso les permite tanto (re)producir como subvertir las ideologías y las relaciones de poder. Por consiguiente, la multimodalidad sostiene que la elaboración de significado, aparte de ser social, es inherentemente multimodal, toda vez que se lleva a cabo a través de distintos conjuntos de recursos disponibles en la sociedad y en la cultura (Kress y Van Leeuwen, 2001; Flores, 2019).

La multimodalidad, al centrarse en la semiosis multimodal, se interesa en el estudio de “las representaciones de la realidad a partir del discurso” (Cassany, 2022: 21). La noción de representación, que implica una considerable complejidad (Nuñez, 2024), se refiere a la manera en que el lenguaje y sus materialidades se usan para presentar determinados objetos del mundo, como personas, grupos sociales, ideas, emociones, artefactos, espacios, acontecimientos, eventos y procesos (Kress y Bezemer, 2009; Londoño, 2024a). Estas presentaciones, creadas a través de diversos rasgos semióticos (lingüísticos, tipográficos e icónicos, entre otros), en situaciones de comunicación específicas, no se restringen a ser simples copias del mundo que imitan de forma transparente, objetiva y neutral la realidad externa. En cambio, la representación se concibe como una construcción de significado moldeada por factores sociales, culturales, históricos y políticos, entre otros. Por ello, además de reflejar percepciones, creencias, actitudes, valores e ideologías de quien enuncia el discurso, las representaciones moldean la forma en que los sujetos y las comunidades interpretan el mundo, y, a su vez, inciden en las dinámicas sociales.

Reconocer que los textos se estructuran mediante distintos modos implica, más que un cambio de la monomodalidad a la multimodalidad, “el reconocimiento de la naturaleza completamente multimodal de todo texto” (Kaltenbacher, 2007: 37). Por eso, resulta difícil imaginar un texto que no tenga un carácter multimodal.

Primera página de la segunda unidad del Curso de lectura y español (1983)
Primera página de la segunda unidad del Curso de lectura y español (1983).

Algunos podrían señalar que un texto escrito sin imágenes es monomodal, debido a que el único modo que lo estructura es la escritura (modo escrito). No obstante, como se puede observar en la figura 1, incluso en los textos compuestos únicamente por palabras escritas se suelen incorporar elementos visuales en conexión, los cuales contribuyen a dar forma a su naturaleza plurisígnica. En la primera página de la segunda unidad del Curso de lectura y español para cuarto de primaria, escrito por Luis María Sánchez López y publicado por la editorial Bedout de Colombia en 1983, además de recursos lingüísticos, se encuentra una serie de recursos visuales relacionados con la tipografía y el color, que desempeñan un papel crucial en la construcción de significado. Por lo tanto, aun en ausencia de imágenes, este texto escrito conserva su carácter multimodal, a causa de la presencia de dichos rasgos semióticos, que contribuyen a su organización y significación. La dimensión multimodal de un texto, por consiguiente, va más allá de la simple inclusión de imágenes y engloba todos los recursos disponibles para la comunicación.

Lo anterior conduce a la formulación de dos premisas fundamentales sobre la multimodalidad: en primer lugar, que la comunicación es siempre multimodal; y en segundo lugar, que cada uno de los modos disponibles en un grupo social —al provenir de sistemas semióticos particulares— tiene posibilidades y limitaciones específicas, en cuanto a la representación, la significación, la comunicación y la interacción (Kress, 2010; Forceville y Domínguez, 2018). La premisa inicial sostiene que los estudiosos de la multimodalidad o “multimodalistas” —investigadores provenientes de campos como la semiótica, la lingüística, los estudios de la comunicación, la antropología, la sociología, la filosofía, la psicología y la educación, entre otros— deben prestar atención a todos los modos utilizados en una determinada situación de comunicación, dado que a través de ellos se organizan textos multimodales complejos. La segunda premisa implica la necesidad de considerar tanto las posibilidades como las limitaciones de los modos durante el proceso de semiosis.

La noción de posibilidad modal (modal affordance), adaptada por Kress (2010) a partir de los trabajos de James Jerome Gibson (1977, 1979) y Donald Arthur Norman (1988, 1990a, 1990b) sobre el concepto de posibilidad (affordance), se refiere a las posibilidades y las limitaciones de los modos. Gibson (1977, 1979) define affordance como las posibilidades de acción que un entorno ofrece a un actor, determinadas por la interacción entre las propiedades materiales del entorno y los objetos que lo constituyen, y las capacidades del individuo que los percibe. En este sentido, las affordances son propiedades “inherentes” de los objetos, que adquieren significado en relación con un agente capaz de utilizarlos. Gibson (1977, 1979) sostiene que las personas no solo perciben los objetos en términos de sus propiedades materiales, sino también en función de cómo estos posibilitan o limitan acciones específicas en el entorno. Cabe hacer hincapié en que estas affordances dependen tanto de las propiedades de los objetos (material, forma y tamaño, entre otras) como de las capacidades, intereses e intenciones del actor, quien los interpreta para interactuar con el entorno.

Kress (2010) adaptó el concepto de affordance a la multimodalidad para señalar que los modos presentan posibilidades y limitaciones (modal affordance), las cuales inciden en la manera en que representan, significan y comunican. En lugar de centrarse en las posibilidades de acción que un entorno ofrece a un actor, como hizo Gibson (1977, 1979), Kress (2010) empleó esta noción para explorar las posibilidades modales de cada modo, es decir, su efectividad o su falta de efectividad para construir significado. Según Kress (2010), cada modo tiene posibilidades modales determinadas por sus recursos y por su estructura; estas posibilidades, sin embargo, no son fijas; evolucionan con el tiempo, en función de los contextos sociales, las prácticas sociales y las situaciones de comunicación en los que se emplean los modos. Así, un modo puede adquirir nuevas affordances o perder otras, a causa de que sus posibilidades y limitaciones están vinculadas a su historia material (su evolución en cuanto a material, forma y tamaño, entre otros) y a su historia social (los propósitos y las funciones que ha tenido en distintos contextos sociales). De esta manera, el concepto de modal affordance en la multimodalidad se refiere a lo que cada modo puede comunicar o no con facilidad, y estas posibilidades y limitaciones dependen de las características de los modos y del contexto social en el que se utilizan. El carácter multimodal de los textos conlleva cuestionar la idea arraigada tanto en las sociedades occidentales alfabetizadas como en la lingüística logocentrista de que la lengua oral y escrita constituye el medio exclusivo de representación y comunicación (Kress, Leite-García y Van Leeuwen, 1997, 2008; Kress, 2003a, 2003b, 2005a; Ledin y Machin, 2018, 2020). Aunque algunos lingüistas pioneros reconocieron la existencia de otros sistemas diferentes del lingüístico, el logocentrismo afianzó la creencia en la lengua como el sistema privilegiado para la expresión, ignoró la dimensión multimodal constitutiva de todo texto y limitó la comprensión de la complejidad de la interacción (Norris, 2004). Sin embargo, frente al predominio de la palabra en el sentido común, “lo visual es ahora mucho más prominente como forma de comunicación de lo que lo fue durante tantos siglos, al menos en los llamados países desarrollados” (Kress, Leite-García y Van Leeuwen, 2008: 373). De esta manera, al igual que la imprenta destacó la importancia de la letra impresa, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que facilitan la producción, la circulación y la comprensión de textos digitales, otorgan relevancia a la imagen, ahora revestida de significados más comerciales que sagrados o filosóficos. El reconocimiento de la relevancia de la imagen, junto con la de otros sistemas semióticos, ha generado un cambio epistemológico en los estudios sobre el lenguaje, que implica un desplazamiento desde el análisis del paisaje lingüístico hacia el análisis del paisaje semiótico (giro multimodal). Este cambio de enfoque, aparte de contribuir a resemantizar conceptos como representación, significación, comunicación e interacción, e introducir nociones como sistemas, modos, recursos y medios semióticos, sugiere que el significado se construye a través de la interconexión de diversos modos en contextos sociales particulares.

Aunque se reconoce la coexistencia de diversos sistemas en la comunicación, algunos autores sostienen que, dado que la lengua —o el lenguaje verbal— es el único sistema capaz de describirse a sí mismo, los demás deben interpretarse a través de ella. De esta manera, ocupa un lugar central en cualquier forma de interacción y funciona como intérprete general de todos los demás sistemas (Matthiessen, 2001; Menéndez, 2024). Esto se debe a que los productos socioculturales creados y compartidos por la humanidad adquieren sentido únicamente cuando se traducen en pensamiento, lo que, en esencia, implica traducirlos en palabras.

Una de las tendencias más recientes en la multimodalidad consiste en el estudio del “despliegue multimodal del discurso en los nuevos medios que proporcionan las tecnologías de la información y la comunicación” (Kaltenbacher, 2007: 37), en consonancia con el fenómeno creciente de la globalización. Estos medios, que abarcan desde computadoras y tabletas hasta lectores de libros electrónicos (e-readers) y teléfonos celulares, entre otros dispositivos, no solo facilitan el despliegue de textos multimodales heterogéneos, sino que también fomentan la transición de la lectura en formato impreso a la lectura en formato digital. El estudio de estos textos plurisígnicos materializados en medios digitales, como correos electrónicos, anuncios clasificados, memes, comentarios en línea e infografías, entre otros, requiere el desarrollo de diversas propuestas teórico-metodológicas. Estas propuestas deben partir del análisis multimodal de textos “tradicionales” para investigar cómo los usuarios de internet crean distintas instancias de comunicación en el ciberespacio (Benson, 2017).

El libro que el lector tiene ante sí, La multimodalidad y sus intersticios, aborda los sistemas, modos, recursos y medios semióticos en la multimodalidad desde la perspectiva de la semiótica social.6 El objetivo central de este texto, que se construyó sobre la base de estudios previos (Londoño, 2021a, 2021b, 2022, 2023b, 2024a, 2024b, 2024c, 2024d, 2024e), es aportar a la comprensión de los puntos de convergencia y de divergencia entre estas nociones. En esencia, esta obra explora los intersticios que existen entre estos conceptos, y reconoce los espacios de unión, de transición y de separación entre una noción y otra. El interés por indagar en estas categorías no solo se debe a su relevancia en la multimodalidad, sino también a la necesidad de comprenderlas con mayor claridad. Con este fin, se plantea que, aun cuando los sistemas, modos, recursos y medios están estrechamente interconectados, no son nociones equivalentes ni homologables, debido a que cada una tiene un ámbito de acción particular. Por consiguiente, entender las convergencias y las divergencias entre estos conceptos no se reduce únicamente a un asunto de terminología. Por el contrario, implica una labor esencial de conceptualización que incide de manera significativa en la toma de decisiones teórico-metodológicas.

Con el fin de alcanzar este objetivo, el libro sigue una metodología estructurada en tres etapas. En la primera fase, se lleva a cabo una revisión teórica. En el capítulo titulado “Sistemas, modos, recursos y medios semióticos en la multimodalidad” se examina una parte de la literatura existente sobre dicho enfoque, con un acento específico en estos conceptos. Además de destacar sus relaciones y diferencias, en este apartado se introduce la noción de “componente semiótico” como una categoría útil para el análisis de los recursos. En la segunda fase, se presenta un análisis multimodal del discurso.7 En el capítulo titulado “Infantilización de la Policía Nacional de Colombia en memes de Facebook” se exponen resultados parciales de una investigación en curso que analiza de qué manera el encuadre, la figura, el plano y el fondo, como recursos del modo icónico, operan en un corpus constituido por memes relacionados con un acto de violencia policial ocurrido en Colombia (el caso Ordóñez). En la tercera fase, se plantean las conclusiones. En el capítulo titulado “Los desafíos de la multimodalidad” se presentan los resultados derivados tanto de la revisión teórica como del análisis multimodal del discurso.

Con este trabajo se aspira a que los lectores, especialmente aquellos que están iniciando sus investigaciones en la multimodalidad, reflexionen sobre las diversas formas en que se genera la semiosis humana, así como sobre las relaciones y las diferencias entre los sistemas, modos, recursos y medios semióticos. Además, se pretende que exploren distintas aproximaciones analíticas para el estudio de textos multimodales heterogéneos. Estos textos, según Kress y Van Leeuwen (2001), abarcan cualquier fenómeno sociocultural en el que el significado se genera mediante la integración de dos o más modos, los cuales funcionan como instrumentos en una orquesta, es decir, como una orquestación multimodal.

Oscar Iván Londoño Zapata
Últimas entradas de Oscar Iván Londoño Zapata (ver todo)

Notas

  1. Comunicación personal con James Paul Gee (24 de octubre de 2024), a través de correo electrónico.
  2. Comunicación personal con John Arnold Bateman (23 de octubre de 2024) y con Anne Cranny-Francis (30 de octubre de 2024), a través de correo electrónico.
  3. Aunque el concepto de lenguaje suele aparecer como sinónimo de lenguaje verbal en distintos trabajos sobre lingüística sistémico-funcional, semiótica social y multimodalidad, en este libro dicha noción se amplía para incluir recursos semióticos de diversa índole. Esto significa que el lenguaje se concibe en toda su extensión semiótica.
  4. Comunicación personal con Jacques Fontanille (7 de noviembre de 2024), a través de correo electrónico.
  5. Aunque la multimodalidad ha sido abordada desde diversas orientaciones —como fenómeno, paradigma, campo académico, disciplina, enfoque, espacio de investigación, línea de investigación, teoría, método y objeto de estudio, entre otras—, en este trabajo se asume principalmente como un enfoque del análisis del discurso, sin desconocer que también constituye un fenómeno constitutivo de la comunicación. En algunos casos, la etiqueta “multimodalidad” no se emplea para designar un campo académico —como sí ocurre en este libro—, sino que se prefiere el sintagma “estudios sobre multimodalidad”. Así, la multimodalidad se entiende, ante todo, como un fenómeno y como el objeto de estudio dentro del espacio de investigación denominado estudios sobre multimodalidad (comunicación personal con Assimakis Tseronis [10 de marzo de 2025], a través de correo electrónico).
  6. La semiótica social es un enfoque dentro de la semiótica que, a diferencia de la semiótica estructural, centrada en el estudio de los códigos y las estructuras, se ocupa de los usos sociales y de las funciones de los sistemas semióticos, así como de sus complejas interrelaciones en la práctica social (Hodge y Kress, 1988; Hindley y Flores, 1993; Hodge y Coronado, 2003). En otras palabras, pone de relieve la dimensión social de la semiótica, una orientación que la tradición estructuralista había relegado. Este enfoque no considera la lengua como un objeto de estudio aislado, sino como uno de los diversos sistemas semióticos que, en constante interacción con otros, opera en las sociedades.
  7. En este trabajo se utiliza el sintagma “análisis multimodal del discurso”, en contraste con la etiqueta habitual “análisis del discurso multimodal”. Esta elección busca destacar la dimensión multimodal del análisis, y reconocer, al mismo tiempo, que el discurso es, por naturaleza, constitutivamente multimodal. En este sentido, mientras que la multimodalidad alude al enfoque del análisis del discurso centrado en el estudio de los fenómenos multimodales, el “análisis multimodal del discurso” se refiere a los estudios aplicados. La misma distinción se observa entre los términos “análisis crítico multimodal del discurso” y “análisis crítico del discurso multimodal”. David Machin, uno de los primeros investigadores en difundir el sintagma “multimodal critical discourse analysis (mcda)”, prefiere la primera formulación, ya que enfatiza en el tipo de análisis que se lleva a cabo: un análisis multimodal (comunicación personal con David Machin [7 de marzo de 2025], a través de correo electrónico).
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio