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Terrorista, de John Updike

sábado 10 de diciembre de 2016
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“Terrorista”, de John UpdikeEl escritor norteamericano John Updike (1932-2009) recrea en Terrorista los posibles entretelones que llevan a los jóvenes estadounidenses musulmanes a convertirse en terroristas. La novela desarrolla morosamente las raíces posibles del fenómeno, tomando por modelo a un joven de ascendencia árabe, Ahmad, quien aconsejado por su guía espiritual, sheij Rachid, imán de la mezquita que habitualmente visita desde niño, terminará convertido en un fanático fundamentalista, capaz de cumplir órdenes completamente demenciales, cegado por esa visión de un dios vengativo y sangriento, totalitario, absoluto.

La pericia del narrador para sumergirnos en la historia es notable, notable la penetración psicológica de la sociedad completa, desarrollando no más de cuatro o cinco personajes, nos internamos en el corazón de los Estados Unidos, apreciando sus vicios y bondades. La crítica social es ácida, busca poner a contraluz las razones contundentes que inducen al odio de quienes se sienten extranjeros en el país que habitan. Tal es el caso de Ahmad, de padre de origen árabe, ya dijimos, pero de madre estadounidense, con los atavíos propios de esa generación setentera, rebelde y hippie. También del profesor Jack Levy, de ascendencia judía, quien en su calidad de profesor conoce muy de cerca la epidemia de males que afectan a la juventud de su país. Un país que aprecia a pesar de todo, y del cual se siente agradecido, y por eso trabaja todavía por un mejor porvenir para los jóvenes.

Updike describe minuciosamente detalles de los Estados Unidos posatentado de las Torres Gemelas, buscando acaso una explicación frente a un hecho sin precedentes en la historia del gran país del norte. Es en este escenario donde se mueven sus personajes, retratando claramente taras y lacras que infectan a los individuos, llevándolos al descrédito del mundo y al desencanto de sí mismos. El sexismo, por ejemplo, retratado en la figura de Joryleen, quien siendo apenas una muchacha se ha prostituido para complacer los antojos de su hombre, fiel retrato del clásico cafiche de todos los tiempos y en todas las sociedades. La gordura, perfilada en Beth, mujer del profesor Levy, un problema que afecta a la mitad de la población norteamericana, atosigada por la abundancia de comestibles y horas inertes. Las creencias religiosas, que ciegan al protagonista y a un número importante de ciudadanos que operan en redes subterráneas, horadando las bases de la sana convivencia, convencidos de la necesidad de exterminar a Satanás de la Tierra. El nihilismo y la depresión personificada en la persona de Jack, mal flagelante que congela las almas de quienes se dejan arrastrar por las desilusiones del diario vivir. Las redes de inteligencia, creadas por el Poder, otro mal enquistado en las sociedades más sofisticadas del planeta con el propósito de controlar al hombre, de inducirlo y conducirlo hacia fines predeterminados, manejándolo mejor que a un esclavo.

La historia es un remolino que reduce perpetuamente a polvo a la humanidad, apunta por ahí Jack Levy, el profesor, en una clara muestra de su total escepticismo respecto al hombre. Sin embargo, pese al estado de apatía que lo embarga en sus últimos años, se interesa por el futuro de Ahmad, en quien descubre, aunque tardíamente, una inteligencia particular, y será el profesor —y aquí podemos leer a todas luces un mensaje al descubierto— quien consiga destrabar la ceguera religiosa de Ahmad. Es decir, podríamos inferir que se pone la fe en los educadores, en su importancia para el desarrollo de las nuevas generaciones, otorgándole así un papel fundamental a la educación, en un momento en que parece haber perdido importancia para los gobiernos del mundo entero, tras dejarla en manos de los propios alumnos.

Las citas precisas del Corán otorgan credibilidad absoluta al relato, dando evidencia además del trabajo minucioso realizado por John Updike para escribir la que terminará siendo su última gran novela, publicada en 2006. Definitivamente, los escritores norteamericanos fueron los más grandes escritores del siglo XX.

Miguel de Loyola
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