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La música perdida
Lectura de “La música suprema. Música y política”, de Giorgio Agamben

miércoles 17 de julio de 2019
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Giorgio Agamben
Giorgio Agamben (Roma, 1942).

Música en el sentido griego significa Idea o ritmo entre relaciones. Pero, ¿no es también aquello contra lo que parece luchar para poder significar o sugerir algo en lugar de nada?
Silvio Mattoni, sobre S. Mallarmé

Es Agamben quien señala que la música es la que gobierna la relación que los hombres tienen con el acontecimiento de la palabra.1

Música, aclara Agamben, en el sentido de “Musa”, la experiencia del origen, “el archiacontecimiento que constituye al hombre como hablante”. Las musas griegas expresan esa articulación originaria que luego se despliega en nuevas formas o modalidades, pero ya no será posible acceder a ese punto inicial y originario, dice Agamben, que es la música: “En ella se expresa algo que no puede decirse desde el lenguaje”.

La Musa canta y le da canto al hombre porque hablar no alcanza. El lenguaje se va convirtiendo en la morada vital del hombre pero hablar es necesario aunque no suficiente: hay que cantar. Los modos del canto (enérgico, alegre, audaz, triste, lánguido, etc.) son previos al lenguaje porque están en la música, en la expresión que las Musas donan a los hombres. He aquí la hipótesis central de Agamben: “La apertura originaria del hombre no sucede a través del conocimiento racional y el lenguaje sino sobre todo en una tonalidad emotiva que remite a la esfera acústica”.

La tarea actual de la filosofía, parece decir finalmente Agamben, será devolver el pensamiento a su función disruptiva y a su origen musical.

No un origen lógico sino poético y musical. Es el concepto que propone Heidegger en Ser y tiempo cuando habla del origen del lenguaje como Stimne, es decir, como voz y no como palabra. Y es la insistencia de la filosofía griega de no separar música y palabra: “El lenguaje está en el canto”, afirmaba Sócrates.

La formulación política de estas nociones puede rastrearse en las músicas que acompañan los procesos civilizatorios, que se transforman en síntesis de culturas y que dicen más allá de lo que los lenguajes pueden decir. Agrega el filósofo romano: “En este sentido, el estado de la música condiciona la política de una determinada sociedad mucho mejor y mucho antes que cualquier otro índice. La mala música que hoy invade nuestras ciudades en todo momento y en todo lugar es inseparable de la mala política que las gobierna”.

Si el discurso político, dice Agamben, gira en el vacío, quizás haya que buscar razones en lo que advertía Hannah Arendt sobre la importancia esencial del pensamiento, entendiéndolo como aquello que irrumpe en el insensato flujo de las frases y los sonidos. La tarea actual de la filosofía, parece decir finalmente Agamben, será devolver el pensamiento a su función disruptiva y a su origen musical.

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Notas

  1. Agamben, Giorgio: “La música suprema. Música y política”, en Qué es la filosofía. Adriana Hidalgo ed. Buenos Aires, 2017.