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Inventar un género para narrar el fuego
(sobre Arderá el viento, de Guillermo Saccomanno)

miércoles 18 de junio de 2025
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Guillermo Saccomanno
Guillermo Saccomanno vertebra con la delicada habilidad de un orfebre la secuencia policial que en Arderá el viento se despliega entre el estupor y la crueldad. 📷 Ernesto Pagés • Noticias Perfil
Dios y el diablo luchan ahí, y el campo de batalla es el corazón del hombre
F. Dostoievski

Saccomanno, escritor de la pasión argentina, decide, en estos tiempos, inventar un género que sintetice su formidable experiencia narrativa; escribe entonces una novela que se integra con ciento veintisiete textos. Cada relato mínimo puede leerse como un cuento pleno de sentido, autónomo en su formulación, con una respiración singular en cada caso: piedras preciosas, distintas y distintivas, que componen a su vez una trama novelística que potencia esos fragmentos para auscultar los recovecos míseros y gloriosos, a la vez, de la condición humana. Ese esfuerzo literario se llama Arderá el viento.

“Arderá el viento”, de Guillermo Saccomanno
Arderá el viento, de Guillermo Saccomanno (Alfaguara, 2025). Disponible en Amazon

Arderá el viento
Guillermo Saccomanno
Novela
Editorial Alfaguara
Barcelona (España), 2025
ISBN: 979-8890984302
235 páginas

El trabajo de orfebre de Saccomanno (que dispone y pule las piedras como un artesano sapiente) no sólo va vertebrando la secuencia policial que se despliega entre el estupor y la crueldad. Como un tejido que va desplegando sus sentidos se insertan citas, guiños y referencias a la literatura universal: hay un lector que escribe; hay un hombre que lee en los pliegues del relato algunos hilos con el arte del mundo: la narración se deja permear por nombres que son también signos: Onetti, Walsh, Byron, Hölderlin, Dostoievski, Pollock, S. J. Perse, Melville. De este modo, la construcción novelesca cruza los hechos cotidianos del lugar (la corrupción política, los amoríos secretos, el desarrollo de la villa), con los episodios que sacuden la historia (el crimen, el suicido, el incendio intencional) y entre esas líneas narrativas, los nombres como signos y también las figuras simbólicas que aparecen como agujeros negros, capaces de absorber los sentidos que la escritura desgrana: el dueño del hotel, pintor, perplejo ante una tela blanca, como la nada; su mujer, que entiende la vida desde una erótica que se despliega y se escribe; el hijo humillado que explota como un fuego, la hija que lee las marcas del futuro en el oráculo del I-Ching; una pareja donde el periodista se llama Dante y el remisero del infierno de la villa, Virgilio. Todas esas series, artesanalmente enhebradas por el veterano escritor, funcionan como argamasa, como napas de un suelo que sostiene al texto mayor, donde el viento arderá.

La noción que atraviesa el texto es la comprensión de la condición humana como contradictoria, la conciencia de la trágica tensión que la vertebra: los personajes de Arderá el viento sorprenden por sus delirios, convocan a la repulsión por su crueldad o su desprecio, asombran por sus sueños y su fulgor.

Todo eso son en el devenir novelesco de la villa frente al mar.

Para decir este universo narrativo, complejo y vasto, Saccomanno inventó un nuevo dispositivo, sin nombre genérico aún, con ropaje de novela.

Sergio G. Colautti
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