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oficina de objetos perdidos, de c. a. campos
(selección)

martes 2 de agosto de 2022
“oficina de objetos perdidos”, de c. a. campos
oficina de objetos perdidos, de c. a. campos (La Equilibrista, 2022). Disponible en Amazon

oficina de objetos perdidos
c. a. campos
Poesía
Editorial La Equilibrista
Tarragona (España), 2022
ISBN: 978-8419126122
114 páginas

la roca

entonces la roca tuvo que aprender a rodar por sí sola,
después de años de ser arrastrada y empujada
por una roca más grande,
y estaba teniendo dificultades aprendiéndolo.
por miedo al fracaso o miedo a triunfar,
la roca evitaba subir y bajar,
girar a la izquierda o derecha, desviarse de la carretera,
evitaba colinas y montañas,
mares y desiertos, el frío y la oscuridad,
prefiriendo permanecer en terreno llano, bidimensional,
en continuar en los cómodos caminos de los valles,
en las familiares avenidas y los bulevares,
en donde era fácil agradar o pasar inadvertido,
en donde era difícil de medir el éxito,
de medir la decepción.

 

pessoa en nueva jersey

déjalo para mañana, lo de hoy.
aunque será tarde ya,
déjalo para mañana.
hoy lo harías muy mal (lo sabes)
y entonces no lo podrás
mañana remediar.
así que déjalo para mañana.
si se madurara hoy,
mañana seguro se pudriría.
así que déjalo para mañana.
hoy tu dificultosa tarea
consiste en dejarlo para mañana
o, mejor,
para pasado mañana, lo de hoy.

 

el viaje

debes hacer el viaje que no hiciste.
el que tuviste que hacer
y cual el miedo al amor
o el miedo a perder
te impidió salir a la cancha a jugar, a ganar—
tú mismo dándote de baja
sin explicación.
¡son tantas las páginas! ¡son tantos los paréntesis!
tienes que ir para pasar página,
para cerrar ese bochornoso paréntesis.
no va a ser lo que pudo ser, desde luego,
lo que tuvo que ser,
pero ese no es el punto, ahora.
tú bien sabes que el amor imposible
es el único posible,
que el tiempo perdido
es el único recuperable.
el punto es ahora otro punto y seguido.

 

el aprendizaje

después de la luz, volvió la oscuridad
con su cara de eternidad
y tuvimos que hacernos pronto
a la idea de sacrificar a la escasa felicidad,
de utilizarla como fósforo
para hacer de la tristeza abundante
fuego para vernos, para calentarnos,
fuego para hablar, cocinar,
para amarnos y odiarnos,
fuego para así luego poder esperar
a que regresara otra vez la luz

 

la jaula

con el sereno en las manos
y la niebla de guía,
me alejo para acordarme del futuro
que no llegó a pasado,
para estudiar a fondo
con los ojos cerrados
la paradoja del observador,
me alejo para acercarme,
para dejar de hacer del ser
otro quehacer
y olvidarme del presente,
de lo que ha acontecido,
me alejo para presenciar
la eterna guerra civil
entre ser y estar,
el deber y el querer,
entre el vacío y la nada,
el conuco y la mala yerba,
para poner delante de la luna
y alrededor de una fogata
en libertad a los sueños:
a estos tristes pájaros
que me confunden con su casa

 

el autógrafo

ya que lo que me queda
es lo que he perdido,
que me acuesto temprano
para que dios
deje de ayudarme,
que me despierto de madrugada
para que se me haga tarde temprano
la vida

ya que las alegrías
son tajadas de limón
que tengo que exprimir,
que debo chupar sin hacer muecas

ya que los ojos son vasijas con agujeros,
con goteras necesarias
que debo tapar,
que la cama se siente como una tumba
y no como una cuna,
que sus sábanas me huelen a remedio
y no a perfume de mujer

ya que el mundo ejerce y yo no lo hago,
que hay demasiada luz
y tan poca oscuridad para mostrarnos,
que otro invierno no ha podido conmigo
y que la primavera me soborna
con su carpintería

ya que mis manos
no saben de brujería,
no pueden con los pezones de la nada,
ni pueden con el puedo de lo que yo quiero,
ni pueden con el blanco de las flechas

ya que no me he atrevido,
que no me atreví a ser feliz,
autografío esta canción

 

oficina de objetos perdidos

he salido a buscarme
ya que nadie me ha echado de menos
y llevo días sin saber noticias de mí
y empiezo a preocuparme.

pienso poner en los periódicos
un anuncio con recompensa
si no logro dar con mi paradero.

tratando de explicarme
el porqué de mi desaparición,
las preguntas se cansan de esperar
a las respuestas, se maldicen entre sí
y se van a acostar.
me dejan a solas y a la intemperie.

mientras apuro el paso por los bulevares,
si por alguna razón
yo tampoco regreso a casa,
temo que nadie más saldrá a buscarme.

tengo que dar conmigo cuanto antes
si no quiero convertirme
en otra estadística más.

 

la tregua

no me acuerdo si fue el mundo
que dejó de hablarme a mí
o si fui yo
quien lo mandó a la porra,
después de unos tragos de ginebra

pero desde hace siglos
no esperamos nada del otro
y nos tratamos cordialmente
pero de lejitos,
como hacen los mejores enemigos

ambos coincidiendo
en que las mejores conversaciones
las tenemos con nosotros mismos,
donde nadie nos escucha,
donde nadie nos delata

ambos entendiendo de sobra
que somos dos charlatanes,
que no se nos puede tomar muy en serio
y que no valemos la guerra
ni la paz

 

fuera de servicio

tengo días que no me afeito
ni me corto las uñas,
que se me para y ni me hago caso

días que estoy de huelga,
acampado entre el carajo y la porra,
esperando una salida o entrada
mas no para entrar ni salir:
estar a la intemperie
me cae de perillas

días que no me asombra
que ya no me asombre,
que no bebo (un milagro)
para ver si resucito
o me pego un tiro:
hastiado de hacerme el vivo,
de hacerme el muerto
para que no me maten

tengo días que ya fueron
y que no volverán
ni cuales quiero que regresen:
los malgastaría otra vez
con la primera
que me encontrase en el camino

días que no miro al futuro,
que no leo al pasado,
que no le dirijo la palabra al presente:
al tiempo que se vaya a freír tusas,
que no me joda
con que le arregle su reloj

yo no soy relojero

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