Servicio de promoción de autores de Letralia

Saltar al contenido

5 poemas de c. a. campos

lunes 5 de septiembre de 2022

el peligro de quedarse en casa

tiendo a andar en pelotas
cuando me dejan solo en casa.
pongo música a todo volumen
y me pongo a bailar,
a cantar en pelotas.
abro un vinito
o un par de cervezas
y brindo:
mando a la mierda a todo
y a todos, dios incluido,
y me pongo a idear escapes,
tirar vainas al zafacón,
a imponer un orden,
estirar los músculos,
a lavar la ropa en pelotas.
cuando en casa se me deja solo.

 

pornopoesía

a la niña de mis ojos,
este piropo le hago llegar,
en junio como en enero,
por si se siente fea,
sin atenciones
o malquerida por su marido:
todavía en sueños
sigo mojándome por usted

para abrirlo hágame llegar
su lindo paraguas,
palabra de honor:
después de las lluvias,
de los relámpagos y los truenos,
prometo devolvérselo
en mejor estado,
haciendo de la indecencia
la nueva cara de la decencia

a la niña de guatemala,
como dice martí,
por si se siente menospreciada,
con unos quilos de más:
¡cómo me gustaría
poder faltarle al respeto!

 

cuarto de hotel, 303

ponte en cuatro
para verte mejor,
en dos
me acuerdas
a la quinta pata
del gato,
a lo que me detesta

ponte en cuatro
y prepárate,
prepárate
a desempeñar
tu rol, a fingir:
sabes que te voy
a defraudar

 

la bestia

odio es el amor
que me tengo,
el peligro que me sé,
el tsunami
que he domado, dopado,
capado a la fuerza

amor es el asco
que me tengo
(así que no temas),
un lujo módico,
reciclable,
al alcance de todos

el trato que me aplico,
que me concierne,
me consiento,
odio que se disfraza
para que el amor
se quite la ropa

 

el aplaudista

me pongo a aplaudir a solas,
de cuando en cuando,
en vez de ponerme a llorar o cantar,
en vez de ponerme a mirar o escuchar,
en vez de hacerme la manuela
o ponerme a limpiar,
“para variar”, me digo, “el repertorio”

me levanto y me pongo a aplaudir,
aplaudo y aplaudo
imaginándome en el carnegie hall,
después de la quinta de beethoven
o de shostakóvich,
y no paro hasta que las palmas
me empiezan a doler,
hasta que ellas mismas me gritan:
“¡ya déjate de pamplinas
y vete a sacar la basura!”

c. a. campos
Últimas entradas de c. a. campos (ver todo)