declaración onírica
no somos tacaños. compartimos lo que podemos;
no, lo que queremos.
lo que queremos, por si las moscas,
lo reservamos
por si en la cama volvemos a la vida,
a la herida del amor que sana, aunque no salva.
compartimos lo que somos;
lo que nos falta o sobra no sirve para mucho
(sólo para hacer el mal
y no para curar nuestro mal de ojo).
lo que heredamos compartimos,
el arte de la cercanía,
su tonta lejanía cuando decimos adiós,
cuando decidimos gritar ¡ay, dios!
para no morir y engatusar a la alegría,
agarrar a la tristeza jugando a ser feliz.
fragmentación
la luz que debe repetirse y repartirse
para que tú no te repitas
y puedas compartirte,
para que no te arrepientas
de la oscuridad de tu felicidad,
la luz que se va para que te quedes,
para que la representes
ora bien, otrora muy cerca del mal,
la misma que madruga,
que, otras veces,
se acuesta temprano para continuar,
para no molestar,
la luz que confía,
que se venda sus ojos para que tú veas,
para que la vida no se muera
por culpa de la verdad
que no supo equivocarse a tiempo,
la misma que te despierta
con una bofetada,
que otrora te hincha de pasión
cuando la canción (la tuya)
pierde su razón de ser
heladería
lo intuimos desde chico,
por ello nos empeñábamos
en lentamente saborearlo,
aunque se nos derritiera en la mano
o, peor, se nos cayera la barquilla
intuíamos que no nos iba a durar la alegría,
que a nosotros nos iba a tocar
comprender y extender
(como al helado) su triste reinado
supimos y entendimos
que su inocencia
nos costaría la vida que nos merecía,
la que nosotros necesitábamos
para sobrevivir
- cuatro poemas de c. a. campos - lunes 13 de abril de 2026
- cinco poemas de c. a. campos - viernes 13 de marzo de 2026
- seis más/menos dos - lunes 16 de febrero de 2026


