la canción
cuando mambrú se fue a la guerra
era muy joven para conocer la paz.
por eso se fue
sin tener que ordenársele:
el pariguayo
fue el primero de la fila
en levantar la mano.
porque mambrú creía en la guerra,
no en la paz de la que se hablaba—
la que nunca, desde luego,
se concretaría.
cuando él se fue sin despedirse
y regresábamos del conuco—
pensando que el confiscado
se había quedado dormido, otra vez.
cuando él decidió no regresar,
después de que la guerra
se mudara de lugar
y complicara su verdad—
para no tener luego que contarnos
de lo que tuvo que deshacerse,
bochornoso,
de lo que mambrú tuvo que hacer
para rehacerse, y morir en paz.
otoño escolar
a los vinilos he vuelto,
como el que regresa a la fe
después de tanto dudar.
menos es más,
a partir de cierta edad—
conviene hacer buen uso
del zafacón y confinarse
a un par de vicios;
a cultivar, por igual,
sólo un par de virtudes.
lo que el viento se lleva
él mismo se encarga
de devolvértelo—
y, a veces, en mejor condición.
he vuelto a los vinilos,
a la música de sus
diez o veinte certezas.
a su ruido que me climatiza—
como el que tiene
que aclarar su garganta antes de hablar
(porque no sabe cantar).
a sus treinta y pico revoluciones
mientras veo las hojas
cambiar de color,
mientras las ayudo a caer
y renacer en otro lugar.
lencería
no sabemos poner las cosas
en libertad,
aunque limpias
somos incapaces
de vernos con las manos vacías,
por eso el amor
es otra trampa,
la mejor que se ha inventado,
con su lista arquitectura
lo atrapa todo,
incluso hasta el odio que te tienes
y que no nos confiesas
por haber caído
nuevamente en su trampa
últimos hallazgos
para decelerar la pudrición
saco ánimos de donde no tengo
y me meto en la nevera,
o me meto el índice
hasta donde no me quepa.
otras veces me zambullo
la cabeza en alcohol
y no la suelto hasta ahogarla,
hasta terminar de rodillas
vomitando la hiel.
para no pasarme de la raya
y decelerar la pudrición,
o acelerarla,
según señalan los hallazgos
últimos de mi ciencia,
sonrío y me meto las manos
en los bolsillos
para conformarme con sólo
desnudarte con los ojos.
aurora
también hubo triunfos,
en la cancha y fuera de ella,
hubo chicas también
envidiables que te llevaste
a la cama,
ni la sarta enorme de derrotas,
de fracasos, de ocasiones
en las que no metiste huevos,
ahora que vas sacando
la cuenta, siempre en rojo,
puede borrar su latente
y agridulce recuerdo,
el que ahora te imaginas
porque hay pocos ya
que corroboren la verdad,
ni el paulatino alzhéimer
que te espera
por tú haber querido triunfar
podrá borrar los logros
que te condicionaron,
que te permitieron seguir
contándonos
de las noches sin dormir
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