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tres poemas de c. a. campos

viernes 20 de diciembre de 2024
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nocturno tardío

hace tiempo que no duermo bien,
que ni los sueños,
que son gratis pero que nos salen muy caros,
me echan de menos.
pero de la misma forma que no debemos
hacernos el verdugo ni el muy listo
ni el muy relambido,
tampoco hay que hacerse la víctima,
ni el inocente a la hora
de fijarnos en el reloj de la pared.
pues su aparente trato, maltrato,
el de los sueños, es el que me merezco
a estas alturas del partido —cuando estoy llegando
a los noventa minutos del encuentro,
y abajo en el marcador.
por yo no haber creído lo suficiente
en los sueños que se jugaron el pellejo por mí,
me toca lo que me toca.
por no haber creído lo suficiente en la ilusa,
pero lúcida teoría de ellos a pesar de su historial,
a pesar de las habilidades dudosas
y rencorosas de la práctica—
la cual sí supo lavarse sus manos a tiempo,
me toca no dormir bien
y buscar la luz, y tocar madera,
desearte que tú puedas conciliar los tuyos.

 

reaparición

diría que ahora veo más, aunque mire menos,
aunque sólo pueda señalarte un detalle del paisaje,
sólo un destello del espacio sideral

si estuvieses conmigo, y no lejos, es decir,
te lo diría no para convencerte
ni, mucho menos, para sentirme mejor

te lo diría, cansado, haciéndome el chivo loco,
para que me ayudases a cerrar los ojos
gracias a la luz bellaca de los tuyos

y diría que ahora te ansío más,
aunque el corazón lo necesite menos,
aunque la razón empezara a hacer sus maletas

si estuvieses conmigo, reitero,
o si yo no me hubiera alejado por los vientos,
comentaría entusiasmado sobre tu reaparición

 

la intemperie

muchas cosas se pierden cuando te mudas,
aunque también otras se recuperan,
se salvan del zafacón,
del olvido de tu corazón
cuando te toca llegar a tu próximo lugar.
no obstante, para bien o mal
me parece que es una inconveniencia
que no se la deseo ni a mi peor enemigo—
esto de tener que recoger tus trapitos y mudarte,
de tener que cambiar de casa o de país,
de lengua o de hombre o mujer,
y, más aún,
cuando llegas a cierta edad o si no eres rico,
si resultas ser otro infeliz, como yo.
aunque, claro, siempre pudo ser peor
si te hubieras quedado,
si te la hubieras bancado,
si no te hubieran echado por haberla cagado.

c. a. campos
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