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poemas de c. a. campos

lunes 12 de mayo de 2025
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cuenta regresiva

uno no se recupera del todo del primer abrazo,
del primer fracaso,
del primer atento o primer intento,
del primer beso o la primera cita,
del primer amor
o primer dolor de cabeza

uno no se recupera del todo de la primera bofetada,
de la primera canallada,
de la primera ilusión o primera traición,
de la primera alegría
o primera cucharada de remedio

uno no se recupera del todo del primer cuento,
del primer muerto,
de la primera erección o primera decepción,
del primer susto o primer insulto,
de la vez primera
que uno se avergüenza, se cuestiona,
se desmorona

uno no se recupera del todo de la vez primera
que uno calla o acusa,
que uno pierde o se sale con la suya,
que uno engaña o se maltrata,
que uno pierde la fe o se la cree

uno no se recupera del todo del primer descubrimiento,
del primer arrepentimiento,
de la vez primera que ninguneamos,
que una chica nos muestra sus tetas,
que nos sorprenden con las manos en la masa

uno no se recupera del todo del primer motel,
del primer trago de cerveza,
de la vez primera que se te cae el helado,
que se te derrite en la mano

uno no se recupera del todo del primer rechazo,
del primer coñazo,
del primer golpe o primer juguete,
de la vez primera que decimos sí,
que decimos no,
que nos metemos el índice para vomitar

 

hombres de acción

por petición del público que nos aplaude y nos putea,
que nos alienta y reprocha,
que nos defiende y otras veces nos degüella,
nos hemos alejado del teatro y de los escenarios,
del hacerme reír, del hacerme llorar,
del hacerme creer y del hacerme titubear,
por
o para el bien de la sociedad,
y ahora no sabemos qué hacer de nosotros,
de la noche a la mañana
tenemos que hacernos expertos de la inacción

 

la casa número 16

la casa número 16 a veces es un almacén de tristezas,
de alegrías expiradas,
es un taller donde se producen piezas de repuesto
para que así encaje el vacío de la nada,
la nada del vacío,
es una factoría a veces de preguntas sin respuestas,
de rompecabezas infinitos
o de dolores de cabeza
tóxicos para el medio ambiente

la casa número 16 a veces es un centro de asesoramiento
donde el pasado y el futuro
se sientan a la mesa del presente
para hablar de la esperanza, de lo irremediable,
para putearse, intimidar
y continuar ninguneando al presente,
al dueño y señor del establecimiento

la casa número 16 a veces es un colmado de bebidas
para desinfectarse, superaptas para el inodoro,
de cremas y ungüentos
para maquillar los dolores del amor, los amores del dolor,
de chicles de varios precios y sabores
para tapar los agujeros de los nubarrones,
para así poner en pausa al perverso pasatiempo
de la realidad

en la casa número 16 a veces sucede lo esperado
de lo inesperado, lo inesperado de lo esperado,
a veces llega la luz o ella se para de repente
y se va, una maleducada, como si tuviese otra cita,
como si tuviese otro asunto más importante
que atender,
donde a veces se confunde lo privado con lo secreto,
lo público con lo que se da a conocer,
la certeza con la matemática
o la incertidumbre con la filosofía

en la casa número 16 a veces el sí y el no
hablan mal del quizá a sus espaldas,
se recrea el infierno del paraíso, el paraíso del infierno
y se miente por amor a la verdad,
la verdad se dice por temor a la mentira
y se recupera a veces la razón de ser
a cambio de que se pierdan los papeles

la casa número 16 a veces es grande o pequeña,
cara o barata, vieja o nueva,
habitada o puesta a la venta por una tía que nadie conoce,
a veces huele a iglesia o prostíbulo,
a rechín de limón o alcanfor,
a crimen o inocencia,
a cárcel o casa de verano
y a veces es frecuentada por muertos que se acuerdan
de los vivos, por vivos que no se acuerdan
de sus muertos

 

mes decimosegundo

la derecha, esa otra mano izquierda (anónimo)

supongo que si sumo tengo que restar, incluso dividir,
que el bien nunca deja de olernos a yodo, a hospital,
mientras que al mal nunca le va mal, jamás se le baja la presión.
supongo que si te aplicas y practicas se descubre a la larga
tu capacidad, tu mediocridad,
que la noche echa de menos al ladrón y que la manzana, por igual,
jamás deja de derretirse por la lengua, el gusano, por nuestra mordida.
supongo que si me abajo es para estudiar más a fondo su trasero,
para perder de vista a la luz, a la oscuridad,
y que si me encaramo es para mostrarle a la caída su epicentro,
su razón de ser.
supongo que la esperanza tiende a oscilar, a caducar sin más ni más,
sin avisar,
y que sólo la podemos actualizar un fijado número de veces.
supongo que voy a tener que meterme un dedo o dos,
que tendré que recalentar la sopa, el café.

 

la familia

hallarás odio y amor, aquí,
el rencor y el valor que tú necesitas,
guerra, paz, vicio, virtud,
la insolencia y la estupidez,
la ridiculez del sentimiento
y la banalidad de la inteligencia
igual hallarás dolor e ironía,

comprensión y confusión,
causas y excusas, culpas y esperanzas,
la ira, pudor y la santa pasión
de la indiferencia,
todo lo necesario para que hagas de ti
un hijo de puta

c. a. campos
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