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textos de c. a. campos

viernes 13 de junio de 2025
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yin y yang

su bienvenida amarga
aprecio todas las mañanas
del café,
su aliento caliente
sin pelos en la lengua

deseando tus labios,
el azúcar que tolero
lo reservo para luego,
para cuando me besas
aunque sea de mentira

 

un, dos y tres

nunca fui papá
por segunda vez,
con la primera aprendí
que acercarme no podía
a una tercera vez

 

lingüística

cantar con gusto, ya que no podemos cantar bien.
hacerlo en público
sin vergüenza, sin que nos importe
y hasta con una pizca de orgullo, de deber—
confirmándolo luego en privado
cuando estamos a punto de callar,
a punto de llorar de la alegría.
no es el que canta, sino la canción.
no es el que baila, sino la danza lo que cuenta,
lo que nos toma a veces en cuenta
cuando no tenemos con quien bailar,
con quien contar y coquetear.
la oscuridad es dada, de acuerdo,
pero la luz es prestada y se nos va para volver,
para desaparecer
cuando la noche grita, como durán, “¡no más!”.
tal es su cruel juego, como la luna,
como el primer y último bombillo
que apagamos y prendemos para que no se vaya,
para que con nosotros se quede su bienvenida.
cantar con gusto,
aunque nos duela su arreglo, su instrumentación,
aunque se pierda y no llegue la voz a su destinatario.
hacerlo cuando se nos hace imposible hablar,
cuando tampoco sepamos contar hasta diez.

 

cervezas

perdiendo las batallas, “olvídate de ganar la guerra”,
me había dicho después de la quinta cerveza,
pensando en sus labios
después de hacer el amor sin faltas cantadas,
me había repetido en vano y en voz alta,
la música rebotando en la pared
y el corazón en ninguna parte,
pensando en cómo se recogía el pelo
para ponerse a mi disposición,
después de la quinta cerveza en soledad,
deplorando la paz que siguió,
la guerra que ella se llevó a un lugar mejor

 

el tren de las seis

el tiempo en el que estaremos, en el que faltaremos,
en el que perderemos
y en el otro en el que ganaremos
a pesar del pronóstico, a pesar de las apuestas,
la hora en la que llegaremos a tiempo,
en la que perderemos el tren de las seis
con la lengua fuera y la panza vacía,
el tiempo en el que quisimos, en el que no nos quisieron,
la hora en la que no hablaste
y la otra en la que debiste callar,
aquella vez cuando te perdiste con el mapa en las manos
y la otra en la que descubriste el amor,
el sudor de esta cautelosa alegría

 

decálogo del perfecto poeta

a horacio quiroga
  1. cree en la poesía, aunque ella no te vaya a salvar, menos a darte de comer.
  2. cree en que vas a tener que escribir mucho y por muchos años para lograr escribir un solo poema.
  3. resiste cuanto puedas el ponerte a contar sílabas, ni creas que por rimar ya es poesía.
  4. pon lo tuyo en el constante trabajo. no te fíes de la inspiración, la cual es como dios, siempre diciendo que ya pronto baja del cielo y nadie lo ha visto llegar.
  5. confía en que un verso te llevará al otro y así sucesivamente.
  6. elegir tus palabras es como elegir la ropa que te pones, incluyendo la que eliges para hacer el amor o para ir a dar el pésame.
  7. no metas en el poema tantas metáforas, pues se empobrecerán entre sí, tratando de ganarse la atención del lector.
  8. ten fe en que el lector te entenderá. no lo tomes por un incompetente, pero tampoco lo tomes como si fuese un erudito.
  9. escribe y vete a dormir, para que luego veas lo que has escrito con nuevos ojos y puedas corregirlo sin echarlo a perder.
  10. no pienses en ti al escribir, ni menos en el lector. entrégate mejor a la tarea de escribir lo que se te encargó, que esto es un juego de niños, pero sólo apto para adultos.
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