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La conciencia del río, de Ricardo Martínez-Conde
(selección)

domingo 20 de julio de 2025
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“La conciencia del río”, de Ricardo Martínez-Conde

La conciencia del río
Ricardo Martínez-Conde
Aforismos
Zadar Editores
España, 2022
ISBN: 978-8412657029
78 páginas
Web del autor: ricardomartinez-conde.es

La memoria no siempre acude a la cita, y, cuando lo hace, en ocasiones deja vacío y ansiedad, como cualquier cita de amor.

 


 

Cada uno de nosotros está constituido de fragmentos de otros. Hasta tal punto que, en ocasiones, del yo verdadero no queda prácticamente nada.

 


 

Mas que el amor, el corazón hubiera necesitado conocer la naturaleza de su sombra, pero eso sí que nos ha sido vedado.

 


 

El futuro es un argumento que en ocasiones puede resultar de lo más ecuánime. Claro que toda su ecuanimidad la adquiere en la libertad de su no existencia.

 


 

El lamento es propio, según el razonamiento común, en aquel que ha perdido algo y pudiera llegar a alcanzar la consideración de sagrado cuando se estime que lo perdido implica una forma de amor. Ahora bien, ¿tal sentimiento no habrá de ser, por propia naturaleza, una exageración en el hombre? Es decir, ¿qué lamento sincero habrá en su corazón cuando desde su nacimiento su destino es sumar para la Nada?

 


 

Más que amar, el hombre se distancia por un momento de su corazón para observarlo embelesado. Y en ello la amada no es sino un reflejo, una sugerencia.

 


 

Escribir es desgranar esa espiga que dice la fábula que contiene un tesoro.

 


 

El tiempo sólo es propicio a su voluntad, que, por lo común, no coincide con la nuestra.

 


 

La insistencia en la importancia de la realidad virtual no viene sino a ratificar algo conocido: la realidad siempre ha sido una ficción. Todo lo verdaderamente relevante lo ha hecho ya antes la imaginación.

 


 

El peor secreto, el más eficiente, es aquel que guardamos hacia nosotros mismos.

 


 

La verdad nos acerca a una forma de desnudez, que es una forma de soledad, que es una forma de aceptación del destino inacabado...

 


 

Más que amor precisamos, casi siempre, la soledad del amor: ahí reside la precisión de sus dones, la aclaración de nuestro destierro emocional.

 


 

El arte corrobora la sospecha: la belleza estaba ahí.

 


 

¡He dudado tantas veces; hasta la extenuación!

 


 

El libro me espía, lo sé. Lo abro y ve todas mis emociones. Soy el observador observado.

 


 

Ha aprendido a leer y ahora está solo. Es un poeta.

 


 

Buena parte de los libros que hemos llegado a leer serían perfectamente prescindibles, pero “esa” es la Realidad. Lo otro es ficción racional.

 


 

Ella (la Realidad) observa desde su alto balcón lo que ocurre, separando los matices con una escueta hidalguía en el mirar. Posee tanta claridad que cohíbe; no parece real su realidad.

 


 

Dejar huella no pasa de ser un gesto de impudor; equivale a una mancha en la virginidad del vivir, en la inocencia del pecado, en la perfección de la duda. Quien deseara dejar huella de sí, ¿sería capaz de soportar un mínimo juicio? ¿Quién puede creerse tanto a sí propio, arrogarse tanta ignorancia?

 


 

Con el tiempo voy tratando de amañar no sólo los libros en su lugar propio, sino también el discurso literario, la voluntad del autor que les ha dado vida. Mas, ¿cómo acomodar esa cierta conformidad con el olvido a sabiendas de que se trata de mí?

Ricardo Martínez-Conde
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